La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


4 min de lectura
Desde Groucho Marx hasta Alex Edelman, a veces la mejor arma contra el odio a los judíos es un gran chiste.

El gran filántropo británico y judío ortodoxo Sir Moses Montefiore (1784-1885) estaba una vez sentado en una cena junto a un antisemita que declaró que acababa de regresar de un viaje a Japón, “donde no tienen ni cerdos ni judíos”. Sin pausa, Sir Moses respondió: “En consecuencia, tú y yo deberíamos ir allí para que puedan tener una muestra de cada uno”.

El Primer Ministro británico Benjamin Disraeli (1804-1881), primer Conde de Beaconsfield, estaba inmensamente orgulloso del estatus levita de su familia judía. (En la antigüedad, los levitas trabajaban en el Templo judío en Jerusalem). Un día en el Parlamento, un diputado llamado Daniel O’Connell atacó a Disraeli con términos intensamente antisemitas. La respuesta de Disraeli fue igualmente contundente:
“Sí, soy judío, y mientras los antepasados del honorable caballero eran salvajes brutales en una isla desconocida, los míos eran sacerdotes en el Templo de Salomón”.

El escritor judío británico Israel Zangwill (1861-1926) asistió una vez a un evento pretencioso en Londres donde un aristócrata se burló diciendo: “Mis antepasados vinieron con Guillermo el Conquistador”. Cuentan que Zangwill sonrió y respondió: “Qué interesante… los míos vinieron con Moshé”.

Albert Einstein (1879-1955) observaba con alarma el creciente antisemitismo en su Alemania natal. Los antisemitas se manifestaban en sus conferencias públicas. En 1933, dejó Alemania y renunció públicamente a su ciudadanía alemana.
Cuando el gran científico recibió un premio en Francia en 1929, reconoció el antisemitismo generalizado en Europa, bromeando: “Si mi teoría de la relatividad tiene éxito, Alemania me reclamará como alemán y Francia declarará que soy ciudadano del mundo. Si mi teoría resulta falsa, Francia dirá que soy alemán y Alemania declarará que soy judío.”

Cuando le dijeron que él y su familia no podían nadar en la piscina de un club que excluía a los judíos, el comediante Groucho Marx (1890-1977), cuya esposa no era judía, protestó: “Pero mi hija es solo medio judía. ¿Puede entrar hasta la cintura?”
Marx fue uno de los pocos miembros judíos del exclusivo Friars Club, un exclusivo club privado de Manhattan que restringía la membresía judía.
En 1949, Marx criticó el antisemitismo del club, renunciando a su membresía con un telegrama: “No quiero pertenecer a ningún club que me aceptaría como miembro”.

La famosa estrella judía de béisbol Hank Greenberg (1911-1986) enfrentaba un torrente de abusos antisemitas cada vez que entraba al campo en los años 30. Originalmente un judío no afiliado, Greenberg comenzó a verse como representante del pueblo judío, ayudando a construir orgullo judío. “Cada jonrón que conectaba,” recordó más tarde, “era un jonrón contra Hitler.”

La primera ministra israelí Golda Meir (1898-1978) participó en la década de 1970 conversaciones de paz con estados árabes mediadas por los Estados Unidos. En una ocasión, el secretario de estado Henry Kissinger explicó que estaba siendo estricto con Israel porque no quería ser acusado de favoritismo hacia el estado judío. “Primero soy estadounidense,” dijo, “segundo soy secretario de estado, y tercero soy judío”.
La primera ministra Meir simplemente respondió: “En Israel, leemos de derecha a izquierda”.

Tras las marchas antisemitas por las calles de Charlottesville, Virginia, cantando “Los judíos no nos reemplazarán,” el comediante Elon Gold ofreció esta respuesta:
“No queremos reemplazarlos, solo queremos ponerles frenos… solo queremos manejar su cartera… queremos colocarles una hipoteca fija a 30 años con bajo interés… queremos ajustarles gafas, curarlos, enseñarles, inspirarlos, hacerlos reír, representarlos en un divorcio y que ella los reemplace”.

Cuando un miembro del público interrumpió al comediante Mike Glazer recientemente, llamándolo “cerdo judío” y diciéndole que a los estadounidenses no les gustan los judíos, Glazer pausó su rutina y ofreció una respuesta que rápidamente se volvió viral:
“Me siento como si estuviera en mi Instagram ahora mismo. Esto es una locura. ¡Guau! Nunca los ves en la vida real. Y luego, cuando lo haces, dices: oh, sí, ¡eso es más o menos lo que esperaba!”

Cuando el comediante Alex Edelman recibió comentarios antisemitas en Twitter, compiló una lista con los nombres de usuario de quienes los hicieron, etiquetándola como “contribuyentes del Fondo Nacional Judío”. Haciendo referencia a la lista de judíos en La lista de Schindler, dijo: “¡Que estén en una lista por una vez!”
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
Ingeniosas respuestas!!! Me encantó leerlas.