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Abundancia

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03/10/2010 | por Debbie Gutfreund

¿Por qué nos enfocamos en los espacios vacíos en nuestras vidas en vez de enfocarnos en la abundancia?

De acuerdo a la investigación (1), aquellos que escriben listas diarias de gratitud son dos veces más felices que el resto de la población. Entonces, ¿por qué es la gratitud tan difícil?

Incluso mientras escribimos nuestras listas de gratitud, caemos en la palabra “pero” y tenemos pensamientos poco agradecidos:

  • Gracias por mi casa, pero realmente no es lo suficientemente grande.
  • Gracias por mis hijos, pero no por sus berrinches.
  • Gracias por la comida, pero no por las calorías.
  • Gracias por el trabajo, pero realmente ahora debería tener un ascenso.
  • Gracias por el día soleado, pero no por el calor y el aire acondicionado descompuesto.
  • Gracias por la ropa, pero no puedo encontrar nada que ponerme.
  • Gracias por ayudarme a encontrar mi alma gemela, pero ¿por qué no es perfecto?
  • Gracias por las vacaciones, pero no por el tráfico.
  • Gracias por los zapatos nuevos, pero no por las ampollas.
  • Gracias por mi salud, pero no por mi dolor de rodilla.
  • Gracias por mi bebé, pero no por los pañales sucios.
  • Gracias por la sabiduría, pero no por la obligación de usarla.
  • Gracias por mi vida, pero no cuando es difícil.

La razón por la que no decimos gracias, es porque nos enfocamos en los espacios vacíos de nuestras vidas en vez de enfocarnos en la abundancia. Vemos las abolladuras en nuestros parachoques en vez de apreciar que tenemos un auto. Recordamos el comentario insensible de nuestros maridos en vez de recordar los innumerables actos de bondad en nuestro matrimonio.

Siempre tendremos una lista de los “peros” y de los “debería” en nuestras vidas y nunca nos ayudan. La negatividad y las quejas nos limitan. Cuando nos levantamos y tratamos de dar gracias por otro día, esa voz quejumbrosa que aparece dentro de nosotros nos grita: Gracias pero no gracias.

Esperamos que todas nuestras necesidades sean satisfechas pero, ¿acaso nos detenemos a expresar nuestra gratitud cuando nuestros rezos son contestados?

Recientemente escuché la siguiente historia real: el jefe de una organización médica y un rico donante fueron juntos al Muro de los Lamentos. Cuando se acercaron al muro vieron a un hombre llorando de manera incontrolable. Lo observaron por algunos momentos, conmovidos por su intenso rezo. Los dos hombres decidieron acercarse al hombre que sollozaba después que terminara de rezar. El jefe de la organización médica dijo que le ofrecería ayuda médica si se requería y el rico donante decidió que le ofrecería ayuda financiera si era necesaria.

Cuando preguntaron si había alguien enfermo, el hombre dijo, “No, todos en mi familia están sanos”.

Cuando le preguntaron si necesitaba ayuda financiera, el hombre dijo, “No, tengo todo lo que necesito”.

Los dos hombres estaban pasmados. “Entonces, ¿por qué está llorando?”.

“Estoy tan sobrecogido por la bondad de Dios, que no puedo contener mis lágrimas”.

Y con lágrimas en sus ojos, el hombre miró hacia arriba y dijo, “Mi hijo menor acaba de casarse. Tengo 12 hijos. ¿Pueden creer el gran acto de bondad que Dios me hizo? Doce preciosas joyas que están ahora construyendo sus propios hogares. Vine aquí para agradecer. Y estoy tan sobrecogido por la bondad de Dios que no puedo contener mis lágrimas”.

La gratitud auténtica elimina los “peros” de nuestra lista:

  • Gracias por mi casa.
  • Gracias por mi marido.
  • Gracias por mis hijos.
  • Gracias por mi auto.
  • Gracias por mi trabajo.
  • Gracias por mi vida.

Traspásalo

Si podemos encontrar ese lugar dentro de nosotros que siente la verdadera abundancia en nuestras vidas, también seremos capaces de entregar más los unos a los otros. Una noche la Rebetzin Tzipora Heller estaba en un supermercado de Jerusalem. Estaba lleno de gente y no había carritos disponibles. La Rebetzin Heller le preguntó a un hombre que ya estaba en la caja si podía utilizar su carro cuando él terminara de comprar. El hombre estuvo de acuerdo y la Rebetzin Heller lo siguió hasta afuera, pensando que el hombre iba a poner sus compras en el auto. Ella se asombró cuando descubrió que el hombre iba camino a su bicicleta.

Él procedió a cargar la bicicleta con las cosas de su carro lleno de compras y cuando terminó la Rebetzin Heller trató de darle la moneda de cinco shekels que se necesitaba para sacar el carro. Él se negó. “Tanta gente ahí dentro se veía tan estresada. Quédese con los cinco shekel y la próxima persona que necesite un carro también se sentirá un poco más aliviada”.

Él no era un hombre rico. No tenía auto. Ni siquiera tenía suficiente dinero para pagar el servicio de envío a domicilio del supermercado. Pero estaba lleno de ese "sentido de abundancia" – él tenía suficiente como para llevar de vuelta las compras a su familia. Y desde ese lugar de abundancia, él empezó una cadena de bondad que rebalsaba a otros.

Notas

1. Sheldon, K.M y Lyubomirsky, S (2006a) “How to increase and sustain positive emotion: The effects of expressing gratitude and visualizing best possible selves” The journal of Positive Psychology 1, 73-82.




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