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¡Mesero!

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08/11/2010 | por Emuna Braverman

Sin importar cuál sea el trabajo, todos tenemos la oportunidad de infundirle valor y dignidad.

El articulo más popular el otro día en el periódico The New York Times fue la primera de una serie de dos partes titulada "100 Cosas que Funcionarios de Restaurantes Nunca Deberían Hacer" por Bruce Buschel. Se enfatizaron muchos puntos sobre la conducta excesivamente familiar por parte de los meseros: “No llames a un señor ‘amigo’” o “No anuncies tu nombre”. “No hagas bromas, no coquetees”.

Y había muchas sobre tratar a los clientes con respeto y dignidad: “No hagas sentir mal a un soltero”. “No digas, ‘¿Estás esperando a alguien?’” o “No digas cumplidos sobre el atuendo de un cliente o su peinado o su maquillaje. Estás insultando a otro”.

Fue el último punto (aunque en realidad tampoco me gusta cuando el mesero nos llama a mí y a mi esposo "amigos") que me puso a pensar. Mientras que muchos trabajos son inherentemente más significativos que otros – ciertos tipos de doctores, investigadores, líderes espirituales, por ejemplo – todos tenemos la oportunidad de infundir valor y dignidad en cualquier tarea que llevamos a cabo.

No me refiero a la falsa formalidad del estereotípico mayordomo inglés. Me refiero a que podemos comportarnos con auto-respeto y decencia. Podemos comportarnos como hijos e hijas del Rey, ya sea si estamos manejando una corporación o atendiendo mesas, ya sea si estamos peleando un caso en la corte o cambiando un pañal.

Temprano en la Torá leemos la corta historia de Janoj quien fue al Cielo sin haber pecado nunca. Su tarea era simple; él era un zapatero. Pero él infundió su trabajo con santidad y con compromiso a las palabras de Dios.

La dignidad con la que nos comportamos no sólo hace que el trabajo en sí mismo sea digno, sino que cada tipo de trabajo tiene sus desafíos éticos particulares.

El estatus que la sociedad le asigna a un trabajo específico es irrelevante. Cómo actuamos es lo que importa.

Los meseros y meseras tienen oportunidades de robar y engañar y de comportarse de forma cruel y vengativa (todos hemos sido aterrorizados con esas historias de escupir en la comida), así como también las tienen los gerentes de grandes corporaciones y el basurero local. Todos enfrentan la tentación.

Llevar a cabo nuestros trabajos con dignidad y elegancia es quizás el éxito laboral más importante de todos.

Con el reconocimiento de que somos creados a imagen de Dios, y una fuerte brújula moral, podemos salir ilesos. Pero no es fácil. Los desafíos son constantes, las reglas cambian constantemente.

En cada trabajo existe una oportunidad de mejorar, de mayores logros, mayor creatividad, mayor calidad de resultado. La naturaleza exacta del trabajo no importa. Nuestra naturaleza exacta y nuestra actitud sí.

No hay excusas. El hecho de que los clientes mismos no siempre actúan amablemente no es una excusa. Todos somos responsables por nuestra propia conducta.

Como muchos de nosotros cenamos afuera con cierta regularidad – ya sea en lugares elegantes o en la pizzería del barrio – tenemos numerosas oportunidades de ponernos a prueba, de observar cómo tratamos a aquellos que nos atienden, y de mejorar en los puntos en donde sea necesario.

Algunos de nosotros incluso hemos estado en el otro lado y entendemos la necesidad de guías para los meseros, e incluso apreciamos tenerlas. Todos quieren en realidad comportarse bien y todos quieren ser apreciados. Quizás por eso este fue el artículo más popular.

Llevar a cabo nuestros trabajos con dignidad y elegancia es quizás el éxito laboral más importante de todos.




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