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Confidente

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04/07/2011 | por Emuna Braverman

Desgraciadamente, un buen amigo es una rareza.

En 1985, el estadounidense promedio tenía tres personas cercanas en las cuales podía confiar asuntos de importancia. De acuerdo a un estudio del año 2006, ese número cayó a dos. Además, más de un 25% de los estadounidenses admiten no tener ningún confidente.

Mientras que muchos estadounidenses agregan en la lista la “ayuda de profesionales” como un lugar seguro para confiar sus problemas, esto no es lo que yo entiendo cuando uno se refiere a un confidente, y con certeza no significa tener un amigo.

Un amigo es alguien que te cuida la espalda, que toma tus necesidades seriamente, quien se alegra en tus momentos de alegría y se lamenta en tus momentos de tristeza. Y este tipo de amistad es actualmente bastante extraño.

Recientemente alguien invitó a mi esposo a almorzar. “Me gusta lo que dijiste en esa reunión y estoy ansioso por conocerte más a ti y por conocer mejor tus ideas”. Esto parecía ser el auspicioso comienzo de una nueva relación. Pero “relación” resultó ser la palabra incorrecta. Tan pronto como se sentaron a comer, el anfitrión comenzó a hablar y no paró hasta que mi esposo finalmente se retiró - ¡dos horas más tarde! En realidad, esta es una experiencia bastante común.

Muchas personas brevemente fingen interés en otros como una forma de conseguir una oreja para que los escuchen. Eso está bien. Es maravilloso ser una persona que sabe escuchar. Es amable y bondadoso. Simplemente que no crea una amistad real; no hay interés y preocupación mutua.

No es fácil encontrar a otras personas que se preocupen por ti tanto como tú te preocupas por ellos, que tomen tus ideas, tus desafíos, tus preocupaciones (casi) tan seriamente como toman las propias. No es fácil, pero cuando ocurre puede ser muy gratificante.

Nos enseñan que un buen amigo lleva la carga contigo; él o ella sienten empatía. Yo pienso que es aún más. La preocupación y compasión de un buen amigo alivia la carga, saca un peso de tus hombros. Ellos alejan el dolor de nosotros a través del poder de su amor y preocupación. Como se identifican tan fuertemente con nosotros, el dolor se transforma para ellos en algo propio, es compartido y por lo tanto disminuido.

Si somos lo suficientemente afortunados de tener este tipo de amigo, debemos estar agradecidos; en realidad es raro. La verdadera amistad cambia la vida. Nos ayuda a encontrar el poder y la voluntad de lidiar con las cosas – y a veces nos aleja de las elecciones negativas o de la conducta destructiva. Un buen amigo nos recuerda nuestra fuerza interna y nos alienta a utilizarla.

Incluso estudios documentan que aquellos de nosotros con buenos amigos nos mantenemos sanos físicamente por más tiempo. Yo pienso que es porque ellos nos ayudan a llevar la “carga” mencionada anteriormente, porque sabemos que no estamos solos.

Por supuesto, si nos detenemos y pensamos un momento, nunca estamos solos; nunca tenemos que llevar esa carga sólo nosotros mismos. Dios siempre está ahí para nosotros, Él no se distrae por Sus propias necesidades o preocupaciones, Él no solamente lleva nuestra carga; Él nos carga a nosotros también. Solamente tenemos que hacerlo a Él nuestro amigo.




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