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Aceptación

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26/09/2011 | por Emuna Braverman

La respuesta saludable a todos los desafíos de la vida, incluyendo Rosh HaShaná.

La última etapa en el fundamental trabajo de Elizabeth Kubler-Ross sobre la muerte –después de la pena, la negación y la ira– es la aceptación. Es el reconocimiento de que ésta es nuestra realidad y de que debemos encontrar una forma de vivir con ella. Más aún, una forma de adoptarla.

La aceptación no está limitada exclusivamente a la muerte. Es la respuesta saludable a todos los desafíos de la vida.

Desperdiciamos mucha energía quejándonos contra la injusticia de las circunstancias, la malicia, la impertinencia o la maldad de otras personas. Esto no los cambia a ellos o a la situación. Aún necesitamos encontrar una forma de manejar la situación. Aún necesitamos encontrar una forma de responder. Y nuestra irritación ha sido exacerbada, no disminuida.

A veces nuestras frustraciones son triviales: me quedé en casa todo el día esperando al plomero y él no llegó. Olvidé el pescado en el horno mientras estaba escribiendo este artículo y lo quemé, así que tendré que empezar de nuevo.

A veces son más significativas: la mejor amiga de mi hija no quiere hablarle. El ex-jefe de mi hijo está difundiendo feos rumores sobre él. Mi sobrino está en cama con una pierna quebrada. Mi esposo perdió su trabajo.

Y algunas son muy serias: enfermedad, trauma psicológico, muerte.

Todas estas situaciones nos presentan oportunidades únicas, y al mismo tiempo nos presentan una oportunidad universal.

Debemos tomar acciones prácticas de acuerdo a las circunstancias y debemos trabajar en la aceptación.

Si nos quedamos en casa esperando, de alguna manera tenía que ser así. Si nos tratan mal, hay una lección para nosotros, de alguna manera debemos aprender y crecer. Nada ocurre sin la providencia de Dios (¡Ellos aún son, por supuesto, responsables por su mala conducta!). Nuestro trabajo es la aceptación.

Debemos aceptar las vicisitudes de la vida con ecuanimidad. Esto no significa que no sentiremos dolor. Si las personas nos hieren, nos entristecemos. Si perdemos a un ser querido, nos duele. Si nos importa, lloramos.

Aceptación significa que no permitiremos que estas experiencias nos amarguen a nosotros o a nuestras relaciones.

Esto significa que no permitiremos que estas experiencias nos amarguen a nosotros o a nuestras relaciones. Las reconoceremos como parte del guión que Dios escribió, aceptando nuestro rol en la gran obra.

Podemos pasar nuestras vidas resentidos con padres que no nos dieron suficiente atención, enojados con hermanos que no fueron tan esmerados por nuestras necesidades como nosotros esperábamos, quejándonos contra jefes que se aprovecharon de nuestras habilidades y de nuestro conocimiento para engordar sus propios bolsillos, quejándonos a nuestro Creador de que se llevó a nuestros seres queridos demasiado temprano.

O podemos trabajar en la aceptación. Este Rosh HaShaná eso es lo que yo voy a hacer. Estoy renunciando a la amargura, a culpar, al resentimiento (¡¿en que mundo de fantasía estoy viviendo?!). Sin supuestos derechos. Sin expectativas. ¡Imaginen todo el espacio espiritual que se va a liberar! Imaginen todo el poder cerebral al que se le puede dar un mejor uso.

Por supuesto que no será fácil. El verdadero cambio nunca lo es (¿No me digo esto a mí misma cada año en la época de Rosh HaShaná?). Pero creo que no tengo alternativa. Es la única forma realmente sana de vivir. Es la única forma realmente honesta de vivir. Es la única forma para una persona que cree en la vida.




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