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Justicia para todos

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01/01/2012 | por Rav Ken Spiro

La democracia griega estaba lejos del concepto de “un voto por persona”.

La justicia y la igualdad son los fundamentos sobre los cuales se sostiene la democracia. Estos principios fundamentales garantizan que todos los ciudadanos tengan el derecho a ser tratados igualitariamente ante la ley, más allá de su estatus social.

¿Fueron valoradas la justicia y la igualdad en el mundo antiguo? ¿Cómo clasificarías la posición socioeconómica del hombre promedio de la antigüedad viviendo en Europa, Asia, o en cualquier otro lado?

El Sistema Feudal

La relación típica entre la gente común y la aristocracia se ve reflejada en el sistema feudal.

Juan Promedio era un sirviente, un campesino, lo que por lo general significaba que cultivaba una tierra que no era suya, o que poseía la tierra pero entregaba la mayoría de sus granos a su amo por concepto de impuestos. Seguramente ocupaba el lugar más bajo de la estructura económica. Ésta era la posición de la gran mayoría de la gente a lo largo de la historia.

Por encima de las masas campesinas existía una pequeña minoría, la elite gobernante y la nobleza. ¿Quién les daba el derecho de gobernar? ¿Acaso eran elegidos democráticamente por las masas?

La Regla de Oro

La popularidad no determinaba el estatus de gobernante, lo que les daba su poder era la riqueza. Ellos practicaban la “Regla de Oro”, que es: “Quien posee el oro hace las reglas”. El linaje, el éxito en el asesinato de enemigos y en la conquista de tierras, y el valor y el tamaño de la propiedad eran los factores determinantes en el derecho a gobernar. No tenía nada que ver con la democracia, con la integridad, con la educación ni con la capacidad. Vemos esto tanto en la Europa feudal como en el Japón feudal y en casi cualquier otro lugar a lo largo de la historia.

Por lo general, un rey o un emperador presidía por sobre la nobleza. Era omnipotente, estaba completamente por encima de la ley, y a menudo le era otorgado el estatus de dios.

La gran mayoría de la gente no estaba protegida por ningún proceso legal, y vivía a merced de la pequeña elite gobernante. El sirviente no podía ir hacia el aristócrata y decirle, “Tu caballo me atropelló. ¡Te voy a demandar!”.

En realidad, en muchas sociedades feudales y casi feudales, el noble practicaba lo que era llamado droit de seigneur, “el derecho del señor”. De acuerdo a esta costumbre, el amo o noble podía tomar a la prometida de su sirviente en su noche de bodas y violarla, antes de que el prometido consumara el matrimonio. Esto era considerado un derecho legal del amo sobre sus sirvientes.

La Democracia Griega

El concepto de democracia – que significa “gobierno del pueblo” – viene de los griegos ateneos. Hace alrededor de 2.500 años, en la Era de Oro de Atenas, Pericles estableció el sistema democrático más perfecto de la historia. En Atenas, cada ciudadano votaba directamente (hoy tenemos democracia representativa: votas por alguien que votará (Dios quiera) por tus intereses).

¿Quién votaba en este bello sistema democrático griego?

¡Los ciudadanos!

¿Quiénes eran los ciudadanos?:

  1. Todos los residentes adultos de Atenas.
  2. Los atenienses no esclavos, incluyendo comerciantes, granjeros, mujeres.
  3. Sólo hombres adultos poseedores de tierra.
  4. Todos los hombres – no esclavos, mujeres o niños.

La oligarquía

La respuesta es (C): los hombres adultos propietarios de tierra. Eso no era un porcentaje muy grande de la población de Atenas. Los historiadores estiman que la población de Atenas era de varios cientos de miles de habitantes. De ese número, alrededor del 50% eran esclavos. De la mitad restante, la gran mayoría eran mujeres, niños y artesanos, quienes eran excluidos del proceso democrático. En el cálculo final, sólo unos pocos miles de hombres estaban realmente calificados para votar.

Es cierto, este sistema era más avanzado que cualquier otro de ese tiempo, y sirvió como base para la democracia moderna. Pero estaba muy lejos de nuestra visión democrática moderna, del sistema igualitario de un voto por persona, y de justicia igualitaria para todos. Hasta los más grandes pensadores griegos no consideraban que nuestro enfoque era lógico.

    Los griegos hacían una fuerte distinción entre los diferentes tipos de personas, y pensaban que era apropiado tratarlas de modo diferente. Esta desigualdad en el trato fue aprobada en nombre de la justicia. Una aprobación que, con Aristóteles, incluyó la justificación de la esclavitud… sólo eran ciudadanos aquellos hombres que reunían ciertas características. Más allá de ellos – se daba por sentado que todos eran mujeres, granjeros, esclavos, mecánicos, trabajadores, hombres liberados y extranjeros, … (Henry Phelps-Brown, Egalitarianism and the Generation of Inequality, (Igualitarismo y la Generación de la Desigualdad), Oxford University Press, 1988, pág. 15-16)

Nuestra idea básica de justicia e igualdad no fue una realidad durante la gran mayoría de la historia mundial.

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Este ensayo está adaptado de “Mundo Perfecto: El Impacto Judío en la Civilización” (WorldPerfect: The Jewish Impact on Civilization). En esta notable obra, el rabino Ken Spiro analiza 4.000 años de historia humana para mostrar cómo los valores éticos y morales occidentales provienen de la Torá.




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