2 casos recientes de discriminación antisemita en vuelos comerciales

07/08/2025

3 min de lectura

Cada vez más estamos viendo hechos de antisemitismo, y si no nos ponemos al frente vamos a terminar naturalizándolos.

Lo que parecía ser un vuelo internacional más desde Buenos Aires hacia Madrid —el IB0102 de Iberia— terminó en una escena desconcertante que expone, con claridad inquietante, cómo el antisemitismo puede deslizarse incluso en los entornos más rutinarios: bandejas de comida con la leyenda manuscrita “Free Palestine”. No una, sino varias. Y no a cualquier pasajero, sino a aquellos que habían solicitado menú kosher.

“Cada vez más estamos viendo hechos de antisemitismo, y si no nos ponemos al frente vamos a terminar naturalizándolos”, advirtió Salvador Auday, uno de los afectados, a la agencia AJN tras el incidente. Como corresponde, realizó la denuncia formal ante la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), que calificó el hecho como un “grave acto de antisemitismo” y exigió explicaciones a la aerolínea.

Auday relató que el propio comandante del avión, en pleno vuelo, salió de la cabina para pedir disculpas personalmente.

No es común que un capitán abandone su puesto en medio de una travesía transatlántica, pero el hecho lo ameritaba: un mensaje político, ofensivo y fuera de lugar, impreso directamente sobre los alimentos dirigidos a pasajeros judíos.

La empresa Iberia emitió luego un comunicado admitiendo que se detectaron “mensajes manuscritos pro-palestinos” sobre los empaques de comida de algunos pasajeros. Añadieron que “la tripulación documentó el incidente” y que ya se inició una investigación interna junto con los proveedores de catering para determinar el origen de las etiquetas. La empresa también expresó que “rechaza categóricamente cualquier forma de discriminación, incitación al odio o conducta que menoscabe la dignidad de las personas”.

Sin embargo, el daño está hecho. Y es importante mencionar que el mensaje no apareció en una servilleta olvidada ni en un comentario de pasillo. Fue escrito deliberadamente sobre bandejas de comida kosher, lo que sugiere una intencionalidad demasiado específica como para atribuirlo a un simple descuido logístico.

Lo peor de todo es que este no es un ‘episodio aislado’.

Apenas semanas atrás, en otro vuelo de una aerolínea española —esta vez, Vueling—, medio centenar de niños y adolescentes judíos franceses fueron desalojados simplemente por cantar canciones en hebreo.

La versión oficial de la empresa apuntó a “comportamientos disruptivos” y “riesgos a la seguridad del vuelo”, incluyendo la manipulación de chalecos salvavidas. Sin embargo, testimonios de pasajeros externos al grupo y videos difundidos en redes sociales contradecían esa versión: los chicos subieron en orden, no causaron disturbios y la situación se desbordó sólo después de que comenzaron a cantar.

Una madre describió que “la tripulación se volvió hostil en cuanto escuchó el hebreo” y que incluso les exigieron entregar los teléfonos móviles. La intervención de la Guardia Civil fue inmediata, y uno de los adultos responsables fue detenido. El Ministerio de la Diáspora de Israel lo calificó como un “incidente antisemita grave”.

Vueling, como Iberia, forma parte del conglomerado International Airlines Group (IAG), que también incluye a British Airways y Aer Lingus. Es difícil no notar el patrón. Dos incidentes recientes, en vuelos de dos aerolíneas hermanas, con dos respuestas corporativas similares: negación parcial, explicaciones administrativas, investigaciones internas.

Conviene no caer en la trampa de lo moralizante, ni en la tentación del escándalo fácil. No todo acto de discriminación requiere una campaña internacional ni un llamado a la ONU. Pero sí demanda lucidez.

El antisemitismo actual no siempre implica teorías raciales explícitas. A veces basta con un marcador negro, una bandeja de plástico, o una excusa de protocolo de seguridad para expresar lo mismo de siempre: un rechazo instintivo hacia lo judío, traducido en gestos pequeños, anónimos y burocráticamente digeribles.

IAG, como actor global del transporte aéreo, debería entender que no basta con comunicados que repudian “todo tipo de discriminación”. Hace falta identificar cómo, dónde y por qué esos gestos discriminatorios emergen dentro de sus propias cadenas de servicio.

Lo que está en juego no es solo la experiencia de vuelo de un grupo de pasajeros, sino la responsabilidad de garantizar que un espacio tan regulado y normado como un avión no se convierta en un vehículo de propaganda ideológica camuflada.

Ni una bandeja de comida, ni una canción en hebreo, deberían ser motivos de tensión o expulsión en un vuelo comercial. Pero cuando lo son, la respuesta no puede ser rutinaria.

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Eduardo
Eduardo
6 meses hace

Debemos asegurarnos de compartir esto y no viajar más en esas aerolíneas. De alguna manera son cómplices o tienen falta de seguridad. En cualquiera de los dos casos es muy grave.

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