Extraterrestres, Dios y la nueva película de Steven Spielberg


4 min de lectura
Cómo construir un matrimonio que prospera con unidad, no con uniformidad.
A menudo a menudo se describe el matrimonio como dos mitades de un alma. Pero, ¿qué haces cuando esas mitades no parecen encajar de la forma que imaginaste? Aquellas diferencias que alguna vez parecieron emocionantes ahora pueden parecer fuentes de frustración.
Como muchas parejas, después de unos meses o años de matrimonio, te das cuenta de que tu cónyuge ve el mundo de forma completamente diferente a ti. Y eso es una especie de shock. ¿No sería más fácil si el otro pensara, actuara o respondiera de la misma forma que tú?
Esas diferencias no son problemas que hay que arreglar; son oportunidades de crecimiento.
El matrimonio te empuja a salir de tu zona de confort. Cada diferencia te da una oportunidad de estirarte, ver las cosas de una forma nueva y profundizar su conexión.
De acuerdo con la tradición judía, Adam y Javá (Eva) fueron creados originalmente como un solo ser, unidos por la espalda. Dios luego los separó, creando dos individuos distintos. ¿Por qué crearlos como uno, sólo para separarlos?
La respuesta está en el propósito del matrimonio. Dios quiere que escojan la unidad. Al separar a Adam y Javá, Él creó la oportunidad para que ellos trabajen para alcanzar la unidad. No por defecto, sino por esfuerzo. El matrimonio está diseñado para ser un camino de crecimiento, una prueba espiritual y una misión para toda la vida.
Cuando Dios separó a Adam y Javá, no sólo separó sus formas físicas; Él les dio la oportunidad de estar cara a cara. En vez de estar espalda con espalda, ahora podían mirarse a los ojos, construir intimidad emocional, comunicación y conexión. Este cambio de unidad subconsciente a unidad consciente está en la base de un matrimonio próspero.
El Talmud compara esto con los dos querubines que había sobre el Arca de la alianza en el Templo sagrado. Cuando había paz entre Israel y Dios, ellos estaban frente a frente, simbolizando amor y conexión. Cuando había conflicto, se volteaban. La misma dinámica existe en el matrimonio. La paz necesita intención: estar cara a cara con consciencia, vulnerabilidad y amor.
Por lo tanto, en vez de ver sus diferencias como obstáculos, pueden verlas como parte de una manera para construir unidad consciente y crecer juntos.
A continuación, hay tres formas de acoger esas diferencias y construir un matrimonio que prospera con unidad, no con uniformidad.
Un aspecto hermoso del matrimonio es cómo sus diferencias traen equilibrio y riqueza a la relación.
La Torá ofrece una profunda perspectiva sobre esto en la historia de Adam y Javá. Dios crea una esposa como un “ezer kenegdó”, lo que significa “ayudante que está opuesto, enfrentado”. Esta frase sugiere que las diferencias son intencionales. No están allí para frustrarlos, sino para complementarlos y desafiarlos, ayudándoles a convertirse en la mejor versión de ustedes mismos.
Por ejemplo, piensa en una pareja donde uno prospera al planificar cuidadosamente y el otro disfruta la espontaneidad. En vez de ver esto como características opuestas, pueden ser vistas como fortalezas complementarias. El planificador se asegura que nada se pase por alto, mientras que la persona espontánea aporta una sensación de diversión y aventura. Juntos pueden crear un equilibrio dinámico.
Consejo práctico: la próxima vez que surja una diferencia, detente y reflexiona: ¿Qué puedo aprender de esta cualidad de mi pareja? ¿Cómo aporta esto a nuestra relación?
Es fácil fijarse en las diferencias. A uno le encanta una activa vida social, mientras que el otro ansía noches tranquilas en casa. Pero en vez de preocuparse por los contrastes, cambien su atención a lo que comparten: sus metas, valores y sueños.
Por ejemplo, digamos que a uno le encanta ir de excursión mientras que el otro prefiere leer junto al fuego. En vez de discutir sobre qué hacer en las vacaciones, enfóquense en su meta compartida: tiempo de calidad juntos. Pueden decidir ir a una excursión breve y luego pasar la noche relajándose con un buen libro.
Consejo práctico: dense tiempo para discutir sus metas compartidas como pareja. Ya sea formar una familia, crecer espiritualmente, o simplemente apoyar los sueños de cada uno, enfocarse en lo que los une puede acortar la distancia entre sus diferencias.
Uno de los mayores obstáculos en el matrimonio es interpretar las diferencias como defectos. Quizá uno en la pareja procesa las emociones rápidamente mientras que el otro necesita más tiempo. Es tentador etiquetar a esa persona como “demasiado lenta” o “demasiado reactiva”. Pero las diferencias no son defectos, son simplemente formas diferentes de navegar el mundo.
La Mishná enseña: “¿Quién es sabio? Aquel que aprende de todos” (Pirkei Avot, 4:1). Esta sabiduría aplica especialmente para el matrimonio. La forma singular de pensar o de hacer las cosas de tu pareja, incluso si es diferente a la tuya, contiene lecciones valiosas.
En vez de juzgar, acércate a las diferencias con curiosidad. Formula preguntas como: “¿Qué piensas sobre esto?” o “¿Por qué esto te importa?” Estas preguntas no sólo promueven comprensión, sino que crean un lugar seguro para una conexión más profunda.
Consejo práctico: cuando se acumule la frustración, detente y recuerda: diferente no significa equivocado. Luego, reemplaza la crítica con curiosidad.
Las diferencias no son barreras para la conexión. Son los hilos que se entrelazan y forman un matrimonio rico y dinámico. El matrimonio no se trata de semejanza; se trata de unidad. Al cambiar su perspectiva, enfocándose en metas compartidas y reemplazando el juicio por curiosidad, pueden transformar esas diferencias en fortalezas.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.