10 razones por las que amo ser judía


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Las declaraciones respecto a que Israel deja morir de hambre a los niños, comete un genocidio y mata periodistas perjudican la reputación de Israel en todo el mundo. Ninguna de ellas es cierta.
Han pasado casi tres años desde el mortal ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023 y el comienzo de la guerra a gran escala entre Israel y Hamás. Durante ese tiempo, el antisemitismo ha aumentado vertiginosamente en todo el mundo, mientras la reputación de Israel se ha derrumbado por completo. En Estados Unidos, una encuesta del 2026 reveló que el 60% de los adultos tiene una opinión negativa de Israel, frente al 53% en el 2025. En países como Australia, Grecia, Indonesia, Japón, Países Bajos, España y Suecia, tres cuartas partes o más de los adultos tienen una opinión negativa del estado judío.
La pésima reputación de Israel se basa en gran medida en algunos mitos persistentes sobre su conducta en Gaza que han quedado arraigados en el imaginario popular mundial, alimentados por un flujo constante de propaganda.
Aquí hay tres de los mitos más persistentes sobre la guerra de Israel contra Hamás en Gaza.
La falsa idea de que Israel provocó deliberadamente una hambruna masiva en toda la Franja de Gaza con el fin de perjudicar y matar a civiles se ha instalado firmemente en el imaginario mundial.
En el año 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el primer ministro y el ministro de defensa de Israel por utilizar “el hambre como método de guerra”. En el 2025, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que los habitantes de Gaza enfrentaban los niveles de hambre más altos que se podían registrar, y lo calificó de “un desastre provocado por el hombre” y “fracaso de la humanidad”, responsabilizando directamente a Israel. La ONU destacó que eran “madres y niños” quienes morían de hambre en Gaza. En el 2026, Médicos sin Fronteras, una organización francesa con un historial de fuerte retórica antiisraelí, advirtió que Gaza continúa enfrentando una crisis de desnutrición “provocada por Israel”.
Sin embargo, según fuentes israelíes, la realidad en Gaza es mucho más compleja: el hambre en Gaza parece estar siendo utilizado como arma por Hamás, y no por Israel, y empleada como una herramienta de propaganda para presentar al estado judío como particularmente depravado y malvado.
“Incluso cuando la ayuda llega a Gaza, Hamás la saquea para su propio uso, ignorando descaradamente las necesidades de la población”, ha observado el ejército israelí. Un importante estudio de 2026 realizado por el Gobierno israelí, Blanquear la propaganda: cómo los actores de la ONU manipularon la información en la guerra de Gaza (2023-2025), documenta casos en los que la ONU y otras organizaciones benéficas internacionales repitieron como propias las afirmaciones de la propaganda de Hamás, entre ellos la omisión de referencias al saqueo generalizado de la ayuda por parte de Hamás y una subestimación radical de la cantidad de ayuda humanitaria que Israel envió a Gaza durante su conflicto con Hamás.
Después de que la narrativa de que Israel, y no Hamás, era el único responsable de provocar hambre en Gaza comenzara a ser aceptada como un hecho en todo el mundo, la Integrated Food Security Phase Classification (IPC), que mide el hambre a nivel mundial, cambió la manera en que calcula la hambruna cuando se trata del análisis de Gaza. Ya en 2024, la IPC abandonó sus estándares habituales en Gaza y creó criterios nuevos y mucho menos rigurosos para medir allí la hambruna. (Para tomar un ejemplo de los nuevos estándares de la IPC en Gaza, la IPC redujo su criterio para declarar una hambruna: pasó del 30% de los niños que presentaban desnutrición al 15% en Gaza, y utilizó mediciones de la parte superior del brazo en lugar de su estándar habitual de utilizar datos completos de peso corporal en relación con la altura para calcular la desnutrición. Cuando la IPC no logró determinar que el 15% de los niños gazatíes presentaban desnutrición incluso utilizando este nuevo sistema de medición, cambió la manera en que recopilaba los datos, inflando los promedios mensuales hasta poder alcanzar el nivel del 15%).
Un importante estudio del 2025 descubrió que las autoridades israelíes estaban enviando a Gaza ayuda que totalizaba un promedio de 3.163 calorías por persona al día, una cantidad que superaba el estándar ampliamente adoptado de 2.100 calorías por persona al día en situaciones de crisis, establecido por la influyente organización no gubernamental Sphere.
En agosto del 2026, un importante estudio de UNICEF sobre la desnutrición entre los niños de Gaza no logró encontrar allí desnutrición.
En agosto del 2026, un importante estudio de UNICEF sobre la desnutrición entre los niños de Gaza no logró encontrar allí desnutrición. De hecho, descubrió que los niños gazatíes sufren niveles de desnutrición inferiores a los de los niños de los países vecinos.
Utilizando la metodología de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los investigadores midieron la altura y el peso de los niños de Gaza. Las tasas de desnutrición aguda fueron inferiores al 1% (entre el 0,2% y el 0,8%). La tasa de desnutrición aguda en Gaza fue significativamente menor que entre los niños de Jordania, Egipto y otros países cercanos.
Como era de esperar, el informe de UNICEF no fue ampliamente difundido en Occidente: hacerlo iría en contra de la narrativa falsa y persistente de que Israel deliberadamente deja morir de hambre a bebés, mujeres, niños y otros civiles en Gaza. “Una vez más, los hechos prevalecen sobre la ficción”, declaró el embajador de Israel ante las Naciones Unidas, Danny Danon, después de la publicación del informe. “Israel no está dejando morir de hambre a los niños. Israel está luchando contra el terrorismo de Hamás, mientras Hamás utiliza a los civiles de Gaza como escudos humanos. Quienes se apresuraron a acusar a Israel ahora deben rendir cuentas por difundir mentiras”.
El 23 de junio del 2026, la ONU declaró que “Israel continúa cometiendo genocidio… al atacar deliberadamente a niños palestinos”. Un informe afirmó que Israel “ataca deliberadamente a niños palestinos” con el fin de “destruir la infancia”.
La comisión de la ONU que emitió el informe se conoce formalmente como Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluido Jerusalem Oriental, e Israel (COI). Es un organismo único que refleja la obsesión de la ONU con Israel y su parcialidad contra el país. Creada en el año 2021, la Comisión tiene el mandato de elaborar dos veces al año un informe sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas por Israel. Ningún otro país está sujeto a este tipo de informes de la ONU.
Como era de esperar, la Comisión tiene un historial de informes duramente unilaterales. Su informe reciente acusa a los israelíes de orquestar una frenética orgía de asesinatos de niños de todas las edades, “desde recién nacidos hasta adolescentes”. Sin embargo, el informe carece en gran medida de hechos, se basa en testimonios no corroborados de personas que viven bajo el gobierno de Hamás y repite los argumentos de Hamás.
UN Watch, una organización dedicada a supervisar las actividades de la ONU relacionadas con Israel, señala:
“En cada incidente relatado, la COI no puede determinar de manera concluyente si las fuerzas israelíes efectuaron el disparo, si había militantes presentes, si se estaban produciendo combates en las cercanías, si existía alguna amenaza o cuáles eran las circunstancias del campo de batalla que rodeaban el incidente. Sin embargo, a pesar de estas incertidumbres, se llega repetidamente a conclusiones definitivas sobre la responsabilidad y la intención israelíes. En cada caso, la COI construye toda una narrativa de asesinato intencional mediante una acumulación de suposiciones en lugar de hechos verificados, transformando acusaciones no corroboradas en conclusiones definitivas de conducta criminal”.
El informe también “elimina sistemáticamente a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina (‘PIJ’) de la narrativa del campo de batalla, presentando el conflicto de Gaza como si las FDI, actuando bajo órdenes de los dirigentes políticos y militares israelíes, estuvieran dedicadas exclusivamente al asesinato deliberado de civiles, particularmente niños. El informe nunca reconoce que las FDI están combatiendo contra una fuerza fuertemente armada compuesta por decenas de miles de miembros de Hamás y de la PIJ, que construyeron cientos de kilómetros de túneles, instalaron infraestructura militar en zonas civiles y operan habitualmente desde viviendas, escuelas, hospitales, mezquitas y zonas de desplazamiento”.
A pesar de estas deficiencias, el informe altamente incendiario de la COI ha sido difundido como si fuera un hecho. Wikipedia, por ejemplo, ya lo utiliza para afirmar erróneamente que Israel lleva a cabo “el asesinato selectivo de niños”. El Comité Judío Estadounidense ha documentado un aumento impactante de memes en las redes sociales que acusan a los judíos israelíes de ser asesinos de bebés, en un eco moderno de las acusaciones de que los judíos matan niños.
Acusar a Israel de atacar deliberadamente a niños también borra el papel de Hamás en la utilización de civiles (especialmente niños) como escudos humanos. Los depósitos de armas de Hamás están ubicados en escuelas, mezquitas, hospitales y edificios residenciales, lo que garantiza que los civiles (especialmente los niños que se encuentran en las escuelas) sean puestos en peligro.
Otra narrativa persistente sostiene que Israel intenta deliberadamente matar a periodistas en Gaza para impedir que cuenten al mundo la verdad sobre los supuestos crímenes de Israel allí. Como afirma la ONU: “Gaza se ha convertido en el conflicto más mortífero de la historia para los periodistas. En Gaza han muerto más periodistas que en las dos guerras mundiales juntas, la guerra de Vietnam, las guerras en Yugoslavia y la guerra de Afganistán… (y es) el encubrimiento de un genocidio”. La ONU también expresa la opinión de que, si Israel se sale con la suya, matará hasta al último periodista.
Según el Instituto de Investigación sobre Terrorismo e Inteligencia Amit en Israel, la realidad es mucho más compleja. “El personal de los medios de comunicación es extremadamente importante para Hamás durante los enfrentamientos y las guerras con Israel”, señala, considerándolo parte de su maquinaria de propaganda en la batalla por los corazones y las mentes y en la incitación contra Israel. Hamás y los grupos terroristas afiliados coordinan sus acciones con medios de comunicación en Gaza y otros lugares, ayudando a introducir los argumentos de Hamás y la desinformación en las noticias que luego son transmitidas en todo el mundo.
Cuando los terroristas de Hamás invadieron Israel el 7 de octubre de 2023, periodistas designados por Hamás los acompañaron y filmaron el ataque. Aún más periodistas y colaboradores independientes (stringers, periodistas freelance afiliados a grandes organizaciones de noticias) filmaron las primeras horas del ataque, aparentemente después de haber recibido información anticipada y acceso por parte de Hamás. Uno de esos colaboradores, Ali Mahmud, tomó una fotografía de Shani Louk, de 22 años, momentos después de que fuera asesinada por terroristas de Hamás. En la fotografía, su cuerpo yace en la parte trasera de una camioneta mientras es llevado a Gaza por terroristas de Hamás. Uno de los terroristas está medio sentado sobre su espalda desnuda. Associated Press (AP) compró la fotografía de Mahmud y posteriormente lo respaldó, calificándolo como empleado oficial de AP. Más tarde, su fotografía recibió el primer premio del Reynolds Journalism Institute de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Missouri.
El hecho de que Mahmud claramente tuviera algún tipo de conexión con Hamás, que le permitió acceder a ese momento, no pareció preocupar a AP ni a los consumidores occidentales de noticias. Cualquiera que suministrara información (por más distorsionada que fuera) e imágenes desde Gaza recibió el título de periodista por parte de occidentales crédulos.
Hamás ha afirmado que más de 250 “periodistas” han sido asesinados por Israel desde el 7 de octubre de 2023. Investigadores israelíes han identificado aproximadamente al 60% de ellos como miembros de Hamás y de otros grupos terroristas afiliados a Hamás. “Muchos desempeñaban una doble función: eran tanto operativos militares como personal de medios de comunicación. Esto era particularmente evidente en la cooperación entre Hamás y la cadena qatarí Al Jazeera”. El ejército israelí ha afirmado que solo ataca a funcionarios de Hamás y de otros grupos terroristas que han participado directamente en actos de violencia, y no simplemente a cualquiera que coopere con Hamás para repetir la ideología de Hamás en la prensa.
Un ejemplo memorable del doble papel desempeñado por algunos periodistas de Gaza ocurrió en junio de 2024. Ese mes, soldados israelíes rescataron a tres rehenes (Almog Meir Jan, Andrey Kozlov y Shlomi Ziv) de una vivienda familiar privada donde estaban retenidos. La vivienda pertenecía a Abdallah Aljamal, un funcionario de Hamás que también trabajaba como periodista para la publicación vinculada a Hamás Palestine Chronicle.
A pesar del evidente papel de Aljamal como combatiente de Hamás (tenía retenidos contra su voluntad a tres civiles israelíes aterrorizados, encerrados en su propia casa), en Occidente fue presentado como un periodista inocente que había sido asesinado por Israel simplemente por atreverse a informar. El periódico británico Guardian lo homenajeó en un artículo, lamentando “El saldo mortal entre los periodistas en la guerra de Gaza”, en el que afirma que “durante los últimos 22 meses, la guerra en Gaza se ha convertido en el conflicto más mortífero para los periodistas de la historia”.
Nada de esto quiere decir que en Gaza no haya un sufrimiento inmenso: el desplazamiento, la pérdida de vidas y las dificultades que allí existen son reales, y ningún relato de esta guerra debería pretender lo contrario. Pero el sufrimiento real no necesita narrativas falsas para ser comprendido o lamentado. Las afirmaciones específicas examinadas aquí (una hambruna provocada deliberadamente, el ataque intencional contra niños y una campaña contra periodistas) se desmoronan bajo escrutinio, y repetirlas no ayuda a los gazatíes sino que oculta las verdaderas causas de sus dificultades, entre ellas una guerra que Hamás inició y ha prolongado al infiltrarse entre la población civil, acaparar la ayuda y utilizar el acceso a los medios de comunicación como un arma. Mantener simultáneamente dos ideas (que el sufrimiento de Gaza es real y que Hamás tiene responsabilidad directa por gran parte de él) es más difícil que repetir un eslogan, pero es el único punto de partida honesto.
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