Masacre en un evento de Janucá en Australia


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¡Socorro! ¡No aguanto más a mi pareja!
Arranques de rabia, enojo e incluso sentimientos de odio son realmente normales en un matrimonio. Estos sentimientos no indican que tu matrimonio se acabó o que es momento de irse. En vez de buscar en Google “Odio a mi pareja”, prueba estos cuatro pasos tangibles para mejorar las cosas cuando sientes que ya no puedes soportar a tu pareja.
Los matrimonios que duran comparten un secreto: el compromiso a hacerlo funcionar. El compromiso inquebrantable es la herramienta más efectiva que tienes en tu caja de herramientas de matrimonio y el mejor regalo que le puedes dar a tu pareja. Cuando uno d ellos dos está enojados, puede ser tentador amenazar con la palabra “D” – divorcio, pero esto debe evitarse a toda costa. Colgar la relación de un hilo de esta manera es perjudicial para la relación en general y para la autoestima de tu cónyuge. Las amenazas vacías de irse derriban el sentimiento de seguridad de tu pareja y crean inquietud en el hogar, evitando que ambos sean vulnerables en la relación, algo que es necesaria para tener una relación sana y próspera.
Pararse en la puerta considerando si quedarse o no en tu matrimonio y hacer esa incertidumbre aparente a tu pareja es perjudicial para el matrimonio. Una vez que decides que vale la pena salvar la relación, deja claro que estás ahí para ganar. Esto fomentará confianza y buena voluntad para continuar dándole lo máximo a tu relación.
Detén las amenazas casuales y toma una decisión interna, concreta. Desafortunadamente, algunas veces el divorcio es necesario.* Si es así, no se lo debe decir casualmente en un momento de ira. En cambio, debe hablarse sobre él en un momento de claridad y de manera oficial.
Esta enorme decisión es una que sólo tú puedes tomar. Está bien tomar una decisión que involucra una línea de tiempo, por ejemplo: Voy a darle un año y si nada ha mejorado, entonces me iré. Pero hagas lo que hagas, no sigas indeciso enviando amenazas vacías. Decide: ¿Estás adentro o afuera?
Una vez que has tomado la decisión de trabajar sobre tu matrimonio, ahora viene la parte difícil. Si quieres amar a alguien, tienes que darle a esa persona. En hebreo la palabra para amor es ahavá. La raíz de la palabra es hav, que significa entregar. Contrario a la creencia popular, dar lleva a querer… y no al revés. El amor es una elección y nuestras elecciones definen nuestras relaciones.
El Dr. Victor Frankel, sobreviviente del Holocausto y fundador de la logoterapia, creía que aunque una persona no puede escoger los estímulos que lo rodean, siempre tiene el poder de escoger su propia respuesta. Por ejemplo, en el ardor del momento, da un paso atrás y muérdete la lengua. Recuerda: no quieres tener una conversación seria con tu cónyuge cuando estás hambriento, enojado o cansado.
Una vez que cambias tu reacción y respuesta, toda la dinámica de la relación puede cambiar. Hacen falta dos para bailar tango, pero sólo una persona tiene que hacer un cambio para que la relación mejore. Siempre puedes elegir amor y conexión, aunque sea difícil.
Lo creas o no, el cambio es posible y la conducta humana puede ser moldeada con refuerzo positivo. El libro de Amy Sutherland, What Shamu Taught Me About Life, Love, and Marriage, explica que el mismo refuerzo positivo que usan los entrenadores de animales para moldear las conductas de animales exóticos puede utilizarse para moldear la conducta de personas… incluso de nuestro cónyuge.
La conducta humana es bastante simple cuando la analizas. Los humanos prosperan con la recompensa y todos buscan evitar el dolor y buscan el placer. Usando las tres A –atención, afecto y aprecio– puedes proveer una biorretroalimentación para el cerebro de tu pareja que afectará sus decisiones prácticas.
Los principios fundamentales de Sutherland son: ignora la mala conducta (atención), refuerza la conducta positiva (afecto) y expresa aprecio. Poco a poco, las personas pueden cambiar con refuerzo. La mejor parte de este proceso es que cuando practicas las tres A, no sólo estarás cambiando a tu pareja… El verdadero cambio estará en tu interior.
El aprecio es una de las herramientas más fáciles de implementar y es una necesidad humana básica que muchas parejas no practican activamente.
Los estudios revelan que la principal queja que surge en las sesiones de terapia de parejas es que uno de los dos no aprecia al otro. Cuando ves a tu cónyuge hacer su “trabajo”, agradécele, hazle saber que lo notas y energiza esa acción si quieres verla más.
En vez de quejarte por lo negativo, ignóralo y se disipará. Los humanos tendemos a magnificar lo negativo, lo cual es bueno para sobrevivir en la naturaleza, pero no tan bueno para tener matrimonios felices. Cuando haces estos cambios internos, no sólo dejas de ver a tu pareja como una caricatura que has creado, sino que empiezas a verla como una persona. Sí, con defectos, pero también con muchas cosas buenas. Incluso si nada cambia en el otro, tú cambiarás la forma en que lo ves.
Puede tomar un poco de tiempo llegar a ver los frutos de tu labor. Puede que trabajes duro para apreciar a tu pareja y reconocer sus acciones positivas y que parezca que nada está cambiando. Incluso puede llegar a ridiculizarte y decir: “¿Qué tonto consejo de matrimonio empezaste a seguir esta vez?”
Intenta ignorar esos comentarios negativos y ocúpate de encontrar otras formas de cuidarte a ti mismo. Cuando cambias tus pasos de baile en un matrimonio, la reacción inicial puede no ser bien recibida. A tu pareja puede tomarle darse cuenta de que eres serio en cuanto a tus esfuerzos, o para que siga el ejemplo y también haga cambios.
De todos modos, sigue adelante. Cuidarte a ti mismo no es egoísmo, es el primer paso para querer a otros. Si no te quieres a ti mismo, ¿cómo esperas que otros te quieran?
Empieza encontrando actividades significativas para ocupar tu mente y calmar tu alma. Actos sanos de autocuidado, servicio comunitario y ocupaciones creativas pueden llenarte mientras esperas a que tu pareja abra los ojos.
Estas cuatro acciones pueden ayudarte a mejorar tu matrimonio. Pruébalas y ve los resultados por ti mismo.
*El divorcio puede ser necesario si en la relación hay abuso, adicción o adulterio.
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