La Hagadá predijo lo que pasaría después del 7 de octubre


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A pesar del dolor de la guerra y la persistencia del antisemitismo, debemos encontrar esperanza y sanación.
El Séder de Pésaj es el momento en que descubrimos quiénes somos y para qué vivimos. Especialmente ahora, cuando seguimos midiéndonos con el dolor de todo lo ocurrido desde el 7 de octubre, debemos encontrar esperanza y sanación.
Aquí hay cuatro ideas que puedes compartir con quienes están en tu mesa del Séder:
Una de las primeras acciones en el Séder es sumergir el karpas (verdura) en agua salada. Hay un significado más profundo en esto.
¿Cómo terminamos en Egipto? ¿De dónde comenzó este exilio de esclavitud?
Recordemos otro momento en la Torá en que se “sumergió” algo, cuando el odio entró al mundo. Iosef fue a buscar a sus hermanos. Llevaba puesta su túnica de muchos colores, regalo de su padre como símbolo de amor. Sus hermanos, llenos de celos, ni siquiera pudieron saludarlo. Cuando hay odio gratuito entre hermanos, no podemos mirarnos a los ojos ni decir una palabra amable.
Los hermanos lo arrojaron a un pozo, lo vendieron, y Iosef terminó como esclavo en Egipto. Tomaron su túnica y la sumergieron en sangre de animales. Llevar la túnica ensangrentada a su padre fue la manera d eliberarse de un "problema llamado Iosef".
Pero Iosef estaba vivo en Egipto. Después de ser arrojado a prisión, llegó a convertirse en el segundo del faraón. El hambre provocada por la hambruna llevó a los hermanos a Egipto. Tras muchas dificultades, los hermanos se reconciliaron con Iosef. Iaakov descendió a Egipto para reencontrarse con su amado hijo. Una familia floreció hasta convertirse en una nación. El antisemitismo se arraigó en el país y comenzó nuestro período de sufrimiento.
El amargo exilio comenzó con el acto de sumergir la túnica de Iosef. Cuando un hermano no puede extender su mano y ofrecer shalom a otro hermano, el pueblo judío desciende a la oscuridad. La falta de unidad nos destruye y nos devasta.
La noche del Séder nos brinda la oportunidad de corregir y sanar este error. Tómate un momento y vuelve a sumergir. Sumérgete como familia. Sumérgete como verdaderos amigos. Lleva unidad a tu mesa. Realicen una acción juntos y traigan armonía a su hogar. Así ayudarán a alejar la oscuridad en la que nos encontramos. Cada hogar aporta un punto brillante de luz al mundo. Juntos deslumbramos al universo con miles y miles de puntos de luz. Iluminen el mundo con unidad.
Descubrimos la matzá y decimos: “Que todo el que tenga hambre venga y coma. Que todos los necesitados vengan y celebren".
¿Por qué invitar a alguien que esté hambriento precisamente al comienzo de nuestro Séder? Si realmente queremos invitar a otros, ¿no deberíamos enviar invitaciones y recibir a quienes tienen hambre antes de que comience Pésaj?
Por supuesto, debemos buscar a quienes no tienen con quién compartir la noche del Séder a medida que se acerca la festividad.
Pero cuando nos sentamos y pedimos que los hambrientos se unan a nosotros, se nos enseña a no buscar solo a quienes están lejos, sino a quienes están justo frente a nosotros, en nuestra mesa. Mira a la persona que tienes delante. Todos tienen a su lado a alguien que tiene hambre de amor, de una buena palabra, de una conexión más profunda. La noche del Séder es el momento de acercarse.
A veces, esa persona somos nosotros mismos. Nuestras almas están hambrientas. Buscamos profundidad. Queremos crecer espiritualmente, sentirnos más conectados. Durante todo el año estamos limitados. La preocupación, la ansiedad, la falta de fe en nosotros mismos y las opiniones de los demás nos derriban. El vacío interior se vuelve insaciable.
En la noche del Séder invitamos a todos los que están en nuestra mesa (incluyéndonos a nosotros mismos) a volver a llenar nuestro tanque. Permite que las historias de amor y fe de la Hagadá reaviven tu pasión. Conéctate con tus raíces más profundas. Tienes la capacidad de transformar una vida. Quizás incluso la tuya propia.
Antes de hablar de los cuatro hijos (el sabio, el malvado, el simple y el que no sabe preguntar), decimos: “Baruj HaMakom” (Bendito es Dios). Dios tiene muchos nombres, cada uno describe uno de Sus numerosos Atributos. El nombre de Dios que se menciona aquí es Makom, que literalmente significa “lugar”. ¿Por qué este nombre?
Otro momento en que evocamos este nombre particular de Dios es cuando hacemos una visita de shivá. Al irnos, ofrecemos una plegaria:
“HaMakom ienachem etjem” — que Dios, literalmente “El Lugar”, les conceda consuelo y alivio.
Usamos este nombre en una casa de duelo porque quien está de luto se siente completamente solo. La paz interior le resulta esquiva. Su sueño es inquieto. Se despierta sintiéndose abandonado. “¿De verdad me pasó esto a mí?”, se pregunta.
Lo consolamos con la idea de que Dios está en todas partes. Él es el Lugar del universo. Encontrarás Su amor en los rincones más profundos de tu corazón, en tu soledad, en tus momentos de desesperación. No pierdas la esperanza. No has sido abandonado.
Al imaginar que salimos de Egipto, también debemos sentir el dolor que sufrió nuestro pueblo. Sentían que nunca saldrían de esa situación. Se preguntaban cómo criarían hijos con esperanza mientras soportaban la miseria de la esclavitud. Estaban llenos de angustia. ¿Cómo se les puede ofrecer esperanza para el futuro?
“HaMakom — Dios es el Lugar”. Él no te ha abandonado. Te acompaña dondequiera que vayas. Está en cada uno de tus espacios. Lo encontrarás en tus lágrimas. Descubrirás Su presencia en las profundidades de tu corazón. Verás Su fuerza mientras avanzas paso a paso y vuelves a saborear la vida.
Mira los elementos en tu mesa del Séder. Observamos con incredulidad cómo miles marchan en distintas partes del mundo, defendiendo a quienes han cometido actos de violencia contra nosotros. En campus universitarios, considerados faros de educación, hay quienes justifican el asesinato de judíos. Después de miles de años, seguimos sintiendo en nuestras lenguas el amargo sabor del antisemitismo y del odio.
El agua salada habla de las lágrimas derramadas cuando nuestro pueblo fue vendido como esclavo en Roma, expulsado, asesinado en pogromos y en la Inquisición, quemado en la hoguera durante las Cruzadas, hacinado en vagones de ganado, gaseado en el Holocausto y masacrado el 7 de octubre, mientras el mundo permanecía en un silencio ensordecedor.
Ahora prueba la matzá, nuestro “pan de la fe”. Dios nos sacó rápidamente de la desesperación y la esclavitud en Egipto. No hubo tiempo para que el pan leudara; por eso la matzá está en nuestra mesa.
Las cuatro copas de vino representan a las cuatro matriarcas: Sará, Rivká, Rajel y Lea. Las tres matzot nos recuerdan a nuestros tres patriarcas: Abraham, Itzjak y Iaakov. Ellos también sufrieron dolor y hostilidad, pero nunca se rindieron. Al contrario, trazaron un camino para que nosotros lo sigamos. Su legado de resiliencia, fortaleza y valentía sagrada nos sostiene hasta hoy. Tenemos raíces fuertes que nos mantienen firmes frente a las tormentas de odio que enfrentamos.
En Pésaj proclamamos con orgullo: “En cada generación se levantan contra nosotros para destruirnos, pero Dios nos salva de sus manos”. Nuestro pueblo es resiliente. Nos negamos a desaparecer. El pueblo judío sigue aquí, a pesar de todo. Am Israel Jai.
En esta noche del Séder, crea fortaleza a través de la unidad. Mira a quienes sufren y esperan tu empatía. Descubre a Dios en lo más profundo de tu corazón. Abraza tus raíces mientras te nutres y fortaleces a los demás.
En un instante, nuestro pueblo pasó de la esclavitud a la libertad. La sanación también puede llegar en un instante. Solo necesitas abrir tu corazón a la historia de nuestro pueblo.
Ahora escribe tu propia historia… y elévate.
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