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Un Tesoro Escondido

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13/07/2008 | por Rochelle Krich

Nos quieren en Polonia, ahora que estamos muertos.

A finales de junio, antes de que mi hermano, yo y nuestros esposos fuéramos a Europa Central, llame a mi "tía" Regina. La relación de Regina con mi madre comenzó en un campo de trabajo en Polonia. Después de la guerra, mis padres, de bendita memoria, y yo, compartimos una casa con Regina, su esposo y su hijo en Alemania, y luego en Nueva Jersey.

"¿Cómo se dice por favor en polaco?", le pregunté a Regina.

Nuestra primera parada seria Cracovia. Yo conozco algunas palabras en polaco ya que mis padres lo solían hablar, algunas eran: tak (sí); dobry (bueno); dziekuja (gracias). Pero no recordaba como se decía "por favor".

"No seas tan amable con ellos", me dijo Regina con su curioso humor, y las dos nos reímos, a pesar de que ella no estaba bromeando. La mayoría de los polacos estaban mas que contentos en entregar a sus vecinos judíos a la policía nazi para robar sus propiedades y para convertir Polonia en un lugar Juden rein (libre de judíos).

"Por favor se dice prosze", me dijo Regina.

Cracovia será el próximo Praga, renovada, con una variedad de actividades culturales y sitios de interés judío. Nuestra visita coincidió con el festival cultural judío de Cracovia número 17, el cual atrajo entre 10,000 y 13,000 visitantes, la mayoría de ellos eran polacos no judíos y alrededor de 100 judíos. Pero para mi hermano y para mí, las atracciones de Cracovia eran las ciudades donde mis padres crecieron, nuestro padre en Trzebinia y nuestra madre en Oswiecim (Auschwitz).

Durante los cuatro días que estuvimos en Polonia, y teniendo las palabras de Regina en mi cabeza, dije las palabras prosze y dziekuja. Se lo dije a los encantadores empleados de la boutique de nuestro hotel, con vista a la renovada plaza Szeroka en el Kazimierz, el barrio judío. Lo dije en el Eden, donde comimos la comida de Shabat con otros 50 judíos ortodoxos que estaban en Cracovia para el festival. Le dije prosze y dziekuja a Andre, el señor encargado de las llaves del cementerio judío de Trzebinia, donde caminamos sobre los arbustos y hierbas, y donde buscamos en vano nombres de la familia entre las lapidas, muchos de ellos derribados por los nazis. En Oswiecim le dije prosze y dziekuja al encargado de un pequeño museo judío en la sinagoga "Mishnayos", cerca del apartamento donde mi madre había vivido; esta era la sinagoga en donde mi abuelo y mis tíos rezaban diariamente antes de ser deportados y luego exterminados.

En el museo compré un libro de Lucyna Filip's llamado "Juden in Oswiecim: 1918-1941", en alemán, un idioma que no puedo leer. Pero contiene fotos y una lista de los judíos de Oswiecim, con detalles de cada persona: nombre y apellido, fecha de nacimiento, primera dirección en el ghetto de Sosnowitz, y su segunda dirección. Encontré en el libro el nombre de mi familia. Encontré información de mi tío que vive en Israel, y de tíos y tías que fueron asesinados. Encontré el nombre de mi madre: Sprinca, y con un segundo nombre: "Sara".

Mi madre no tenia segundo nombre. "No es mamá", le dije a mi hermano con decepción.

El encargado del museo nos explicó que los nazis les pusieron a todas las mujeres judías el nombre de Sara y a todos los hombres judíos le pusieron Israel.

"Dziekuja bardzo " le dije al encargado mientras le entregaba 60 zloty y agarraba el libro como si fuera un tesoro sin precio. Muchas gracias.

Es difícil saber lo que ellos están pensando; esta generación de polacos agobiados con una historia de colaboración a los nazis, una historia que ellos luchan por negar.

Es difícil saber lo que ellos están pensando; esta generación de polacos agobiados con una historia de colaboración a los nazis, una historia que ellos luchan por negar. ¿Puedo confiar en la sonrisa del encargado del museo, que está ansioso por conseguir fotos de familias para poner en la exhibición? ¿Qué habrán pensado los empleados del Edén cuando nos vieron con Kipá y con el atuendo jasídico que tenían los otros invitados? ¿Y cuándo escucharon nuestras canciones de Shabat? Incluso nuestro guía turístico, un no judío, cuya esposa judía nos contó cuán agotado termina su esposo después de ir con los diferentes grupos a Auschwitz-Birkenau. Un guía que habla con odio de los nazis y que deplora la comercialización del Holocausto y como los políticos se aprovechan con sus visitas. Incluso que se esforzó en contarnos, una y otra vez, que Auschwitz I había sido convertido con suma rapidez por los nazis de una base militar polaca a una prisión para recluir polacos no judíos (principalmente doctores, educadores, curas y cualquier otro que pudiera ofrecer resistencia a las fuerzas nazis).

En Trzebinia nos encontramos con una señora polaca, cuya cara revelaba todo lo que pensaba de nosotros. Habíamos encontrado finalmente la casa de nuestro padre en Ulica Novoskaya, una casa que había construido en mi imaginación. Parada en el patio en donde mi abuelo había construido una casa de estudio para el Rebe Bobover y su grupo, me imaginé a mi padre tras una de las cortinas blancas en las ventanas, tocando su violín, quizás, tocando la melodía que compuso el Rebe en una de las reuniones que hacían los viernes después de la cena de Shabat. Empezó a llover, y un fuerte viento hizo volar nuestro paraguas. Nos fuimos y tomamos sombra bajo la entrada de un edificio. Ahí fue cuando vimos a la mujer anciana. Ella venia hacia nosotros desde el patio donde habíamos estado unos cuantos minutos atrás. Ella nos estaba mirando con una cara extraña, sus ojos estaban llenos de sospecha, la malevolencia en su semblante y en sus pasos, con una actitud amenazadora mientras se acercaba a nosotros.

Hace algunos años atrás, una amiga de mis padres regreso a Polonia con sus dos hijas. Ella encontró la casa donde había vivido y le aseguró a la persona que le abrió la puerta de la casa que ella no había venido para reclamar por ninguna propiedad, ella sólo quería mostrarle a sus hijas la casa en donde había crecido.

Le cerraron la puerta en la cara. Antes de irse, ella dijo en una voz suficientemente alta para que los que estaban adentro escucharan, "Es una lástima que no nos dejaron entrar. Les hubiera enseñado donde habíamos escondido el tesoro".

24 horas después de aquella visita, los ocupantes del departamento habían arrancado todo el piso de madera en búsqueda del tesoro que nunca existió.

Luego escuchó, que 24 horas después de aquella visita, los ocupantes del departamento habían arrancado todo el piso de madera en búsqueda del tesoro que nunca existió.

Mi hermano y yo no viajamos a Trzebinia para recuperar la casa de nuestro padre, ahora el gobierno poseía los apartamentos del edificio y habían construido ahí una tienda y una peluquería en el primer piso. Al pasar los años, el gobierno polaco ha puesto trabas a todos nuestros intentos por recuperar nuestras pertenencias. Ahora están siendo más flexibles con sus criterios y son supuestamente más susceptibles a hacer restituciones, pero yo verdaderamente lo dudo. Y este cambio de política ha causado un ascenso del antisemitismo, como lo dijo el locutor de la radio Marvia, Tadeusz Rydzy:

"Ustedes saben de que se trata esto: ¿Polonia dándole 65 mil millones de dólares a los judíos?" "Ellos van a venir donde ti y decir, ¡Dame tu abrigo! ¡Quítate los pantalones! ¡Dame tus zapatos!".

La venenosa intolerancia de Rydzy es clara. Es abierta y honesta. Igual fue la enemistad (¿y el miedo?) de la mujer que vive en la casa de mi abuelo. Mucho menos claro son los sentimientos y motivaciones de los miles de polacos no judíos, hombres, mujeres y niños que se reunieron el sábado por la tarde en la cuadra de Szeroka para el festival, un concierto al aire libre que iba a ser transmitido en el canal de cable local. No había asientos. La gente estuvo de pie aproximadamente seis horas y hasta bastante después de la medianoche, todos abrieron sus paraguas al caer los chorros de lluvia que no calmaron su entusiasmo. Yo pude observar todo desde mi cuarto, en el segundo piso del hotel. Ellos aplaudían con entusiasmo después de haber escuchado a Theodore Bikel cantar melodías en Idish, hebreo y ruso. Ellos se balanceaban y bailaban mientras escuchaban las bandas tocar klezmer y rap. Ellos escucharon cuando el rabino principal de Polonia recito la Havdalá, después de que el director del festival explico el significado de la ceremonia.

El director del festival no sabia lo que era un judío hace 17 años atrás, el no sabia que Cracovia era el hogar de 64.000 de nosotros antes de que los nazis convirtieran la ciudad en Juden rein. Él comenzó el festival con la esperanza de revivir la cultura judía, quería formar un puente entre los judíos y los polacos. Un puente que cure.

¿Y el público? ¿Por qué están ellos aquí? Me pregunté. ¿Qué piensan ellos sobre los judíos? ¿Somos una curiosidad? Somos ciertamente una atracción turística, yo vi un panfleto de un tour en Cracovia en nuestro hotel que decía:

"Visita el centro histórico de los judíos en Polonia en un tour por Kazimierz, el distrito en donde la película "La Lista de Schindler" fue filmada". "Descubre el gusto de la cocina judía y el encanto de la música de Klezmer". "Mira por ti mismo el lugar donde las atrocidades de "la solución final" de los nazis se llevaron a cabo, en un tour a los campos de concentración Auschwitz-Birkenau".

Tú puedes decir que estos son actos positivos, una forma para traer luz, para construir relaciones entre polacos y turistas no judíos con los judíos. ¿Pero que judíos?

Tú puedes decir que estos son actos positivos, una forma para traer luz, para construir relaciones entre polacos y turistas no judíos con los judíos. ¿Pero que judíos? Cuando le preguntamos a nuestro guía si había judíos en Tzerbinia u Oswiecim, o en Sosnowitz, o Bendzin, o en Chrzanoe, o en Lublin, o en otras ciudades en donde antes de la guerra la población judía era generalmente la mayoría, su respuesta era siempre la misma:

"Habían Dos: Yoshka y su madre". Jesús y María.

Excepto por Varsovia y Cracovia, Polonia es Juden rein. Hitler logró completar su objetivo, principalmente en Polonia, pero también en Austria, en la Republica Checa y en Hungría, donde la población judía es algo mayor, pero el judaísmo se está muriendo, y no es seguro caminar por las calles con una kipá.

De todas maneras, aún les agradamos en Europa. Ellos han erigido monumentos conmemorativos del Holocausto, y hablan profundamente de "nuestros judíos", mientras nos recuerdan nuestra similitud ya que ellos también fueron victimas de los nazis. Cuando estuvimos en Viena, nuestro simpático guía nos mostraba con orgullo las placas colocadas en el piso para conmemorar a las familias judías que vivieron ahí antes de la guerra y acusó a los medios de prensa por reportar antisemitismo en un lugar que no existía. En Praga hay una estatua del Maharal, el sabio talmúdico que vivió en el siglo 17, y fue el creador del Golem para salvar a los judíos de aquella ciudad (puedes comprar recuerdos del Golem en las tiendas o kioscos a lado del puente St. Charles); también se puede observar un lindo homenaje en un edificio renovado donde estaba el antiguo ghetto, en el que aparece un artista representando a un judío; un lindo tributo si logras ignorar su estereotipo de nariz larga y barbilla puntiaguda. En Budapest la estatua de Raoul Wallenberg, el diplomático sueco que salvó miles de judíos húngaros (Hungría le entregó sus judíos a los nazis con una feroz rapidez) y fue probablemente asesinado por los rusos, fue recuperado después de haber estado perdido por años. Admirarías la estatua, si es que puedes encontrarla.

¡Nos quieren en Europa! Nos dieron la bienvenida mientras pagábamos las entradas que nos permitían ver el escaso esplendor de nuestras sinagogas. Le dieron la bienvenida a nuestro dinero que gastamos en libros y en postales que contaban la historia de las sinagogas y sus judíos ("No hubo un ghetto", dijo nuestro guía, "solo hubo un área donde los judíos prefirieron vivir"), y en artículos judaicos robados de los judíos que fueron asesinados, estaban expuestos junto con artículos de porcelana de Limoge y Rosenthal, los artículos judaicos eran una menorá, una copa de kidush, y una caja de etrog.

Nos dieron la bienvenida a Auschwitz-Birkenau, donde los alambrados de púas y los postes de concreto son nuevos, y donde sabes que con cada paso puedes estar pisando cenizas y huesos humanos. (Cuando estuvimos allí el día era obscenamente bello).

Ellos nos dieron la bienvenida a Auschwitz I, donde puedes almorzar o tomar un café en el restaurante que está al lado del museo.

Ellos nos dieron la bienvenida a Auschwitz I, donde puedes almorzar o tomar un café en el restaurante que está al lado del museo, después de haber visto enormes montañas de artículos arrancados de los judíos que fueron llevados ahí para trabajar hasta la muerte, y después ser asesinados: había lentes, trenzas de cabello, costureros, joyerías, maletas, vestidos, sombreros, zapatos y prótesis.

Nos dieron la bienvenida a nuestros cementerios, donde tuvimos que pagar para entrar para así poder recitar salmos y "Kel Maleh Rajamim" en las tumbas del Ramah y del Maharal, y de tantos otros de nuestros sabios. Nuestro tesoro escondido. ¿Y qué con nuestro tesoro no escondido, los millones de cuerpos que nunca fueron recuperados?

Nos quieren en Europa ahora que somos una reliquia histórica expuesta en las magnificas sinagogas, que fueron usadas por los nazis como bodegas y establos, y que luego fueron convertidas en museos y monumentos; sinagogas abandonadas esperando la llegada de algún judío que rece en ellas. Ellos nos quieren ahora que estamos muertos.

Aún...

Cracovia esta ocupado planeando su festival cultural judío número 18, y varios intérpretes con los que hablamos tienen la intención de estar allí. Me pregunto que esperan lograr al asistir a ese festival, quizás se sientan desconectados de la realidad como me sentí yo cuando estuve ahí. Me pregunto como será su recepción ahora que el Papa ha reintroducido el rezo en latín, y ha hecho opcional el viejo llamado de convertir a los judíos.

No planeo regresar a Europa Central por un largo tiempo. Pero si llego a ir, voy a decir prosze y dziekuja, bitte y dankei, prosim y koszonom. Así haré porque mis padres me enseñaron a ser educada, porque hay algo para decirle a la civilización, incluso si es una fachada. Así lo haré porque realmente me gustó nuestro guía en Viena, y nuestro mesero húngaro y los encargados de los museos en Polonia y en la República Checa; porque quiero creer en sus sonrisas. Porque necesito creer en que habrá esperanza y bondad en los individuos, aunque es probable que yo también este negando la realidad.




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