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Desterrando a Barbie

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26/10/2008 | por Jaya Rivká Jessel

Aunque a menudo tienen desacuerdos ideológicos, el feminismo y el judaísmo tradicional, comparten una meta en común – defender y asegurar la dignidad de la mujer.

El otro día ocurrieron dos eventos que revelaron la conexión intrínseca entre mi vida pasada y presente.

El primero ocurrió en la mañana, mientras estaba ordenando mi escritorio. Me encontré con unas antiguas fotografías que me transportaron a través del tiempo, a través de continentes, y finalmente a otra vida. En esta otra vida, yo era una estudiante universitaria no religiosa, ferozmente comprometida con los derechos de las mujeres. Las instantáneas me mostraban a mí y a varias de mis amigas asistiendo a un mitin por el Día Internacional de la Mujer. Los recuerdos de ese día me inundaron – pancartas, discursos, color por todos lados, música, drama, camaradería, hermandad, ideales por los que valía la pena luchar, ideas a las que valía la pena defender, apoyo para las mujeres, lucha por las mujeres, derechos para las mujeres, dignidad para las mujeres...

Por la tarde, una amiga me trajo una bolsa de ropa usada para que yo la entregara a una de las tiendas de segunda mano del barrio. Incluidas entre las cosas había cuatro muñecas Barbie en excelente condición. Su cabello aún estaba brillante, largo y abundante. Con sonrisas permanentes, dos ostentaban aretes, y otra tenía un yo-yo rosado fijado a su mano. La moda era del típico estilo Barbie.

Estaba a punto de sacar las muñecas de la bolsa, (serían un lindo regalo para mi hija de nueve años), cuando algo me detuvo. Las fotografías. Los recuerdos. Los ideales. Lentamente devolví las muñecas a la bolsa.

Mis días felices de estudiante, en los que vivía y respiraba la teoría feminista, siempre me parecieron tan estridentes, fuertes, y agresivos, comparados con mi existencia más sedentaria como madre y dueña de casa ortodoxa.

He sido observante por muchos años, y una madre por nueve de esos años, pero sólo luego de mi encuentro con las muñecas Barbie había reconocido concientemente cuan similares eran realmente mis dos vidas.

Mis días felices de estudiante, en los que vivía y respiraba la teoría feminista, siempre me parecieron tan estridentes, fuertes, y agresivos, comparados con mi existencia más sedentaria como una madre y dueña de casa ortodoxa. Sin embargo, la imagen de esas fotografías me recordó una verdad olvidada hace mucho: el feminismo y el judaísmo tradicional, comparten una meta en común – defender y asegurar la dignidad de la mujer.

La forma en que estas dos ideologías expresan y alcanzan esa meta, a veces las pone en conflicto. Pero la meta en sí es indiscutible. Así como yo nunca hubiera aprobado una muñeca Barbie en mi casa cuando mi estilo de vida era el de una feminista moderna, así mismo – y por las mismas razones – entendía que este tipo de muñecas no son apropiadas para un hogar religioso.

Como una estudiante izquierdista, las muñecas Barbie representaban para mí el aspecto más materialista de la sociedad estadounidense. Me rebelé ante el consumismo que fomentaban. Más importante aún, estaba en ferviente desacuerdo con la imagen estereotipada de lo femenino que estas representaban. Su estándar de belleza era uno que pocas mujeres pueden alcanzar, y aquellas que lo intentaron, muchas veces lo hicieron al riesgo de convertirse en anoréxicas. Ellas no se parecían en nada a las reales, imperfectas, pero integras mujeres que yo admiraba.

Su belleza era superficial, y de tez pálida. Las alumnas negras de mi hermana se sentían totalmente alienadas al ideal de Barbie – su vida de placer y compras era insípida y vacía comparada con los problemas reales que la mayoría de las mujeres de color enfrentaban.

Cuando los fabricantes intentaron introducir al mercado una Barbie parlante, feministas de todo el mundo reaccionaron con ira mientras el icono, vestida inmaculadamente, balaba entupidamente, "¡Las matemáticas son difíciles!". ¿Es esto lo que queremos que nuestras hijas imiten? ¿La imagen de una mujer completamente dependiente de productos materiales para su felicidad, sin nada de conciencia social o ambición personal? De ninguna manera hubiera permitido a ninguno de mis hijos, niñas o niños, que jugasen con un juguete tan contaminado ideológicamente.

Fue solamente mi conciencia feminista la que se apagó ese día cuando casi le di las muñecas a mi hija. Mi conciencia de Torá tampoco estaba totalmente alerta. ¿Cómo podría ser anfitriona, en mi casa observante, de una muñeca que se ve más como una chica Playboy que una compañera de juegos de una niña?

Barbie representa una cultura que deshumaniza a las mujeres.

En mi ambiente actual, Barbie simboliza todo lo que yo, como una mujer que no es observante de nacimiento, rechazaba sobre la cultura occidental. Ella es todo cuerpo. No hay nada de ella que sugiera remotamente espiritualidad e interioridad. Ella representa una cultura que deshumaniza a las mujeres.

En este sentido, Barbie en realidad une a los gemelos malvados de la cultura secular: las industrias de la publicidad y de la moda. Ninguno de estos dos mundos está preocupado por el progreso de las mujeres. Las ganancias llevan la norma. Hay cuerpos de mujeres en todas partes, adornando autos, computadoras, maquinas de lavar platos...cualquier cosa, con tal de que venda.

Barbie siempre ha estado a la vanguardia de la moda. Muchos diseñadores estelares han sucumbido a la atracción de diseñar un conjunto para su cuerpo perfecto. Ostentación, excitación y deshumanización es el nombre del juego. Muy pocos de los conjuntos de Barbie, son diseñados con la comodidad de quien los usa en mente.

Y esa es una de las cosas que me atrajo al judaísmo tradicional – la el cambio de vestimenta que le es inherente. Yo ya había pasado por el "proceso de afeamiento" necesario para ser considerada una feminista "seria" – un overol suelto, cortado en los tobillos y rodillas, nada de maquillaje o joyas permitidas. Cualquier forma de adorno era vista como degradante para las mujeres, ya que su único propósito era el de atraer a los hombres. Yo había logrado mi meta de ser tomada seriamente como persona, y no ser vista únicamente en base a mis características físicas.

Pero, algo faltaba. Mi rígido código de vestimenta feminista no daba lugar a la individualidad, ni al color, ni a la creatividad. Me rebelaba de vez en cuando con aretes colgantes, pero me sentía cada vez más que había perdido cierta vitalidad en mi forma de vestir.

Por suerte, fue justo en esta coyuntura en mi vida, cuando me estaba sintiendo sofocada por tener que atenerme a las instrucciones, que conocí a una mujer que fue capaz de sacudir mis ideas sobre religión, mujeres y feminismo.

Java respondió todas mis preguntas y ataques con una tranquila seguridad que me desconcertó. Ella fue capaz de mostrar la base de la Torá bajo la mayoría de mis problemas feministas, porque compartíamos el mismo lenguaje feminista. Por ejemplo, una vez le pregunté como podía vestirse de forma tan sofocante. Estábamos en medio del verano, y ella tenía puesta una falda que le llegaba abajo de las rodillas, mangas que cubrían sus codos, y una camisa abotonada hasta arriba. Era obvio para mí que su adherencia a un código de vestimenta tan estricto era prueba de su subordinación a "los rabinos". Ellos eran los que, según yo pensaba, habían formulado las restricciones. Dado que en esa época, yo pensaba que la ley judía era "escrita por hombres para hombres", me parecía claro que las leyes de tzniut no eran pensadas en beneficio de las mujeres.

Su respuesta me estremeció por completo. "Yo no voy a permitir que se me deshumanice. Yo elijo revelarme a quien yo quiera revelarme, cuando yo quiera revelar". Su uso de la lógica feminista me impactó hasta llevarme a reconocer que quizás, después de todo, la Torá no era tan opresiva.

Ella me explicó que los seres humanos están obligados a emular a su creador. Así como Dios se "esconde" tras la máscara del mundo físico, así mismo nosotros deberíamos cuidarnos de no revelar nuestro yo más profundo a todo el mundo – sólo en el momento apropiado, en el lugar apropiado, con la persona correcta.

Al proyectarnos en una forma menos externa, nos damos cuenta de nuestra profundidad e interioridad propia.

Al adoptar las leyes de tzniut, reconocemos que la espiritualidad es, en su esencia, privada e interna. La tzniut refina nuestra auto-definición. Al proyectarnos en una forma menos externa, nos damos cuenta de nuestra profundidad e interioridad propia, y tenemos más probabilidad de relacionarnos con quienes nos rodean de una forma más profunda, menos superficial. Dado que mi feminismo estaba basado en ser una persona más autentica y conciente espiritualmente, su explicación resonó muy profundo en mí.

Lo que fue aún más chocante es que Java no tenía ninguna necesidad de mitigar su feminidad. Ella se vestía bien, tenía un don para los colores, y yo deseaba tener su sentimiento de seguridad. Ella sabía que era más que un cuerpo, pero también apreciaba y realzaba sus atributos naturales. A través del ejemplo personal, ella me enseñó que una persona puede ser atractiva sin ser atrayente. Linda, no provocativa.

Java se esforzó mucho para enseñarme que tzniut es mucho más que un código de vestimenta para las mujeres. Primero, aprendí que las leyes de tzniut no son solamente para las mujeres. A ambos sexos se les requiere vestirse y comportarse de una forma digna. Sin embargo, las leyes de vestimenta de las mujeres son más detalladas debido a que el cuerpo de las mujeres afecta, tanto a las mujeres como a los hombres, en muchas más formas.

Más extensamente, tzniut es una forma de vida – como una persona se viste es la aplicación más visible. Abarca nuestro comportamiento, nuestra forma de hablar, e incluso nuestros pensamientos. Mientras que en su sentido coloquial, la "modestia" implica docilidad, baja autoestima, y una falta básica de vigor, en términos judíos, tzniut es una fuente de poder y autoestima, y un prerrequisito para el crecimiento espiritual. Tzniut significa la conciencia de estar en la presencia de Dios en todo momento. Esta es la razón por la cual tzniut aplica tanto cuando estamos solos como cuando estamos con otros. Al estar siempre concientes de nuestro Creador, cada aspecto de nuestras vidas asume un valor trascendental más allá de su manifestación superficial.

Unas de las palabras claves de mi vocabulario feminista era "autoestima". Esto, pensaba yo, era vital para el sentimiento de éxito y logro de una mujer. Cuando empecé a aprender de tzniut, la asocié por error con un sentimiento de auto-desaprobación. Cuando aprendí más, se hizo más evidente que por el contrario, tzniut es el mayor colaborador para un sentimiento fuerte de autoestima.

Me enseñaron esta lección fundamental cuando estaba leyendo la versión bíblica del Gan Eden. Luego de comer del fruto prohibido, Adam y Eva hicieron ropas para ellos. Previo a su caída, ellos ignoraban su desnudez primordial, y sólo habían visto sus cuerpos como medios para servir a Dios. Los comentarios tradicionales señalan que, habiendo interiorizado el conocimiento del Bien y el Mal, la pareja perdió su claridad espiritual. La falsedad ya no era una entidad externa sino una parte intrínseca de ellos. Desde aquel momento en adelante, ellos fueron incapaces de ver lo espiritual dentro de lo físico. Por esta razón, ellos tuvieron que atenuar el poder de lo físico cubriéndolo con ropas.

Paradójicamente, entonces, el acto de cubrir permite que lo espiritual sea revelado. Las ropas nos recuerdan que el cuerpo es meramente un vehículo para el alma, y que los impulsos físicos y los placeres no deben ser vistos como fines en sí mismos. En cierto sentido, entonces, nuestras ropas nos protegen de la naturaleza animal de nuestros cuerpos.

Observar las leyes de tzniut es una declaración, tanto para uno mismo como para el mundo entero, de que nuestra autoestima no está basada en la aprobación de otros, sino en hacer lo que es correcto a los ojos de Dios. La tzniut libera a las personas de la superficialidad, y de esta forma, engendra un sentido más fuerte de uno mismo. Yo soy más que mi cuerpo, ya no me influye la corriente pasajera de moda. La tzniut me libera para elevarme a alturas mucho más grandiosas.

Al no darle a mi hija las Barbies, estaba entregándole un regalo mucho más grande en valor. Estaba entregándole la habilidad de ser apreciada por su ser interno, y no por sus accesorios externos. Le estaba entregando un sentido de autoestima e independencia. Le estaba entregando dignidad y autocontrol. Le estaba entregando el regalo de tzniut.

Jaya Rivká Jessel dejó este mundo el 12 de Tevet, 5764 (6 de Enero de 2004). Por favor visita la página Web que ha sido creada en su memoria en
http://www.rabbileff.net/shiurim/special/chayarivka/index.htm




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