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Las Diez Sefirot y el Plan Divino

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28/07/2008 | por Rav Shimon Leiberman

Dios encauza su voluntad a través de las Sefirot primarias del intelecto, creando un mundo en donde cada evento e interacción es parte de un patrón más amplio y comprensible.

En su nivel fundamental, las Diez Sefirot son un proceso gradual que nos ayuda a entender el Plan Divino mientras éste se desarrolla en nuestro mundo. Recuerda una vez más que las Diez Sefirot no están allí porque Dios no pudo hacerlo todo en un solo paso rápido, sino más bien para que seamos capaces de conocer y comprender sus actos.

Vamos a dividir las Diez Sefirot en grupos que reflejen este proceso gradual:

La planificación del acto: Jojmá (Sabiduría), Biná (Comprensión) y Daat (Conocimiento).

El contenido del acto mismo: Jésed (Bondad), Guevurá (Fuerza) y Tiferet (Belleza).

La consecuencia práctica del acto: Nétzaj (Victoria) y Hod (Temor).

La promulgación —o transferencia— del acto: Yesod (Fundamento).

El acto promulgado: Maljut (Reinado).

Analicemos ahora estos grupos individualmente y obtendremos así algunas ideas sobre su importancia.

El primer grupo

El primer grupo consiste en Jojmá, Biná y Daat, todos estos se relacionan con la esfera de la inteligencia. Este es el grupo de la “planificación”.

Así como los planes y los pensamientos de una persona nunca son visibles, sino sólo cuando se manifiestan en sus acciones, así también los procesos Divinos son visibles sólo en el contexto de las cosas que nos ocurren. Nosotros extrapolamos a partir de las realidades concretas que nos rodean e intentamos relacionarlas con la sabiduría Divina que es la razón detrás de estos hechos.

Una experiencia paralela a esto sería la forma en que observamos las leyes de la física. Creemos que estas leyes “existen”. Sin embargo, nadie ha “visto” la fórmula para, digamos por ejemplo, la fuerza de gravedad en el aire. Más bien, cada una de las cosas que por alguna razón “cae”, sigue este patrón, y entendemos que este es el mecanismo interno del mundo visible que nos rodea. Así también, en lo que respecta a los atributos Divinos del intelecto, siempre los discernimos dentro del marco de los actos Divinos concretos, pero nunca como entidades separadas.

El hecho de que las tres primeras de las Diez Sefirot puedan agruparse en relación al intelecto o la planificación, tiene una enorme implicancia en nuestro enfoque para entender las acciones y actividades de Dios en este mundo. Esto significa que las acciones de Dios comienzan desde una plataforma de razón, y por lo tanto nunca podemos reducir la actividad Divina a un mero decreto de imposición.

Cuando una persona actúa directamente por capricho, sin razón, no hay manera de establecer un orden o una estructura en sus actividades. Cada acto es un capricho particular, quizás vagamente conectado a los otros hechos. Pero si una persona es coherente en su pensamiento y planificación, entonces se puede vislumbrar un patrón en todo lo que hace.

Así también con Dios.

Debido a que Dios elige actuar a través de las Sefirot primarias del intelecto/planificación, podemos entender cada evento e interacción como parte de un patrón más amplio y comprensible, en oposición a una serie de eventos aislados.

Dado que la voluntad Divina se encauza a través de un sistema de “inteligencia Divina”, toda esta se puede explorar intelectualmente en algún nivel y se puede considerar como integrada con sus otras actividades, pasadas y futuras.

El patrón

Podemos discernir la huella del “intelecto Divino” en los patrones que forman el mundo natural, la historia y las leyes de la Torá.

Veamos algunas de las manifestaciones de estos:

A. El mundo natural

Es claramente un lugar rígidamente ordenado. Hay leyes consistentes que gobiernan este mundo. Estas leyes están integradas unas con otras y forman un patrón claro. Mientras más avanzamos en nuestro conocimiento, más vemos que las leyes de la naturaleza son como un árbol con una raíz, ramificándose ampliamente en muchas categorías diferentes de fenómenos.

B. La forma en que Dios guía la historia.

Mientras los eventos se desarrollan, parecen una lista desordenada de momentos de crisis y coincidencias. Pero cuando conseguimos una perspectiva más amplia y larga de la historia —especialmente la historia de Israel y su interacción con otras naciones—, podemos entrever un hilo unificador de la Providencia Divina.

C. Las leyes de la Torá

Para un novato, las leyes de la Torá parecen como una colección de curiosas prohibiciones y prescripciones. Pero una vez que afirmamos que todas estas leyes no son meramente “caprichos Divinos”, sino que fueron primero canalizadas a través de un sistema común de intelecto/planificación, entonces se deben considerar como un sistema unificado. En gran medida, la Cábala trata de mostrar la base del sistema detrás de estas leyes.




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