¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Estos cinco pequeños hábitos diarios, de menos de un minuto cada uno, importan más que cualquier gran propósito.
A medida que se acerca Rosh Hashaná, la cantidad de cambios que quieres hacer en tu vida puede resultar abrumadora. Pero la verdadera transformación suele provenir de pequeños cambios diarios, no de reformas radicales.
Aquí tienes cinco cambios sencillos que pueden ayudarte a crecer y acercarte a tu potencial este año.
Las palabras que utilizas con mayor frecuencia se convierten en el lente a través del cual ves el mundo. No necesitas fingir que todo es positivo para pensar de una manera más proactiva, esperanzadora y precisa. Intenta reemplazar «Estoy demasiado ocupado» por «Tengo muchas cosas que hacer». Esto hace que estar ocupado deje de ser parte de tu identidad y pase a ser una circunstancia temporal. O cambia «Soy muy malo para esto» por «Estoy aprendiendo a hacer esto», convirtiendo un obstáculo permanente en un desafío que puedes superar.
Las palabras que eliges construyen una realidad diferente momento a momento.
Todos los días, haz algo, por pequeño que sea, que te acerque a tus objetivos. Camina dos cuadras si no tienes tiempo para hacer una rutina completa de ejercicio. Escribe un párrafo de esa propuesta. Envía un correo electrónico para impulsar el proyecto.
Esta regla reemplaza la presión de «Hoy tengo que avanzar mucho» por «Cada día puedo hacer algo pequeño que me acerque a la persona en la que quiero convertirme».
Este pequeño cambio hace que dejes de enfocarte en lo que no te gusta y comiences a pedir lo que mejoraría las cosas, transformando la culpa en comunicación.
En lugar de «Nunca ayudas», prueba decir: «¿Puedes lavar los platos esta noche?». En lugar de «Nadie se preocupa nunca por mí», prueba decir: «Me gustaría mucho saber de ti, ¿puedes llamarme más tarde?».
La próxima vez que estés a punto de quejarte, haz una pausa y pregúntate: ¿Qué petición se esconde detrás de esta queja?
Este pequeño cambio requiere unos 30 segundos, pero puede profundizar tus relaciones y cambiar aquello en lo que centras tu atención. El objetivo no es enviar un mensaje genérico que diga «Estoy pensando en ti», sino entrenarte para prestar atención a los demás y decir aquello que, de otro modo, dejarías sin expresar.
Una vez por semana, elige a una persona y pregúntate: ¿Qué es lo que valoro de esta persona y no le he dicho últimamente? Este hábito evita que des por sentado que las personas saben lo que sientes y te ayuda a desarrollar la costumbre de expresar gratitud por tenerlas en tu vida.
Comprometerte a realizar una tarea difícil antes del mediodía cada día garantiza que la incomodidad en sí misma no se interponga entre tú y tus objetivos. La idea es practicar el avance hacia el crecimiento, incluso cuando no tengas ganas de hacerlo.
La motivación suele llegar después de actuar, no antes. Por eso, hacer algo incómodo temprano en el día te envía un mensaje claro: Puedo soportar la incomodidad. No tengo que evitarla.
También significa que no pasarás el resto del día buscando razones para no hacerlo. Incluso una pequeña práctica diaria como esta te mantiene avanzando hacia la persona en la que quieres convertirte, especialmente cuando resulta difícil.
El rabino Jonathan Sacks enseñó: «Si cambiamos nuestra forma de pensar, podemos cambiar nuestra forma de sentir, lo que cambia nuestra forma de actuar, lo que cambia la persona en la que nos convertimos». A medida que se acerca Rosh Hashaná, comienza a hacer los pequeños cambios diarios que pueden transformar tu año.
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