5 preguntas que debes hacerte antes de decir “Sí, acepto”

30/10/2025

3 min de lectura

Elegir a tu cónyuge es una de las decisiones más importantes que tomarás en la vida. Aquí te cuento cómo puedes saber si estás tomando la decisión correcta.

1. ¿Estás tratando de cambiar a tu pareja?

Uno de los errores más grandes que cometen las parejas es pensar que cambiarán al otro después de casarse. “Será perfecto cuando logre que vaya al gimnasio” o “Ella dejará de gastar tanto una vez que comencemos nuestra vida juntos”.

Lo más probable es que eso nunca ocurra. No asumas que mágicamente la situación será diferente. No puedes transformar a otros para que se ajusten a tus necesidades. Sólo puedes transformar tus expectativas.

Casarse significa que estás satisfecho con la persona con la que esperas compartir tu vida. La aceptación trae paz. De lo contrario, te estarás preparando para una vida de tensión y decepción.

2. ¿Comparten los mismos valores?

Cuando una pareja está en la etapa de las citas, puede surgir el enamoramiento. Estás fascinado con esta nueva persona en tu vida. No ves el panorama a largo plazo. Hablar sobre valores parece innecesario. Después de todo, están en sintonía. Les encanta pasar tiempo juntos, disfrutan los mismos programas, aprecian los mismos restaurantes, y se divierten sólo por estar juntos. El tiempo pasa y asumes que comparten valores similares.

Es importante asegurarse de que están de acuerdo en temas importantes que afectarán la vida familiar. ¿Qué pasa si quieres ser ama de casa y él espera que trabajes? ¿Si él quiere enviar a sus hijos a una escuela judía y tú estás en contra de las escuelas parroquiales? ¿Si él disfruta fumar marihuana de forma recreativa y tú estás absolutamente en contra de todas las drogas? ¿Qué hacemos ahora?

Debes conocer tus valores, los puntos que no son negociables, y asegurarte que ambos estén alineados con principios similares. Cuanto más tengan en común, más fluido será el matrimonio. Si no se exploran, temas como las finanzas, la práctica religiosa y la crianza pueden convertirse en grandes fuentes de conflictos entre marido y mujer.

3. ¿Estás siendo realista?

La gente suele imaginar la vida matrimonial como un cuento de hadas. No puedes imaginarte estando furioso, teniendo discusiones o días en los que no puedes creer que esa sea la persona con la que te casaste. La vida real significa que habrá desacuerdos y discusiones. Herirás y serás herido. En ocasiones mirarás a tu pareja y pensarás: ¿En serio dijo eso? ¿Vive en otro planeta?

Esperar que nunca haya discusiones es poco realista. Pensar que la persona con la que compartes tu vida llegará cada día a casa comportándose como si estuviera perdidamente enamorado, simplemente no es la forma en que funciona la vida.

Prepárate para los altibajos. Acepta las diferencias de manera positiva. Decidan cómo manejar los desacuerdos con respeto. Establezcan normas de comunicación. Reconozcan que hay momentos en los que todos necesitan un poco de espacio y silencio, especialmente después de un día difícil. Eso no significa que tu matrimonio esté en crisis.

Ser realista significa hacer preguntas reales sobre la vida cotidiana: ¿Cómo planeamos dividir las tareas del hogar? ¿Quién se encargará de pagar las cuentas? ¿Quién decide en qué gastar el dinero? ¿Cómo ves nuestro futuro? ¿Dónde pasaremos las festividades?

Sin metas comunes, no podrán avanzar juntos con éxito.

4. ¿Ves señales de alerta?

Cuando estás enamorado, puedes pasar por alto señales de alerta que normalmente encenderían alarmas. Años después, cuando las parejas enfrentan problemas, se dan cuenta de que los comportamientos que ahora generan fricción siempre estuvieron ahí. Adicciones, mal carácter, consumo excesivo de alcohol, falta de ambición, irrespeto, infidelidad, inestabilidad emocional o mental.

Cuando se les pregunta, muchos reconocen que, si se hubieran tomado el tiempo para reflexionar, habrían notado esos hábitos dañinos. Pero en el momento, eligieron mirar hacia otro lado. A veces, amigos y familiares intentan señalar conductas problemáticas, pero se niegan a escucharlos.

Sé honesto. Si sientes inquietud, no ignores esa emoción. Piénsalo bien. Es mejor ser sincero que caer en la racionalización o excusar rasgos de carácter negativos y disfuncionales.

5. ¿Estás usando el matrimonio como refugio?

El matrimonio no es un hospital. No debe usarse como un lugar para sanar heridas. Asegúrate de que ni tú ni tu pareja estén sufriendo y buscando una vía de escape. Una vida en común no puede construirse huyendo de la disfunción ni viendo a tu pareja como un sustituto del padre o la madre que nunca tuviste.

Algunas ideas poco saludables que tienen algunos solteros: Hemos salido tanto tiempo, que me costaría demasiado poder encontrar otra persona. No tengo paciencia para comenzar de nuevo. Me aterra estar solo.

Estas no son buenas razones para comprometerte a vivir con alguien.

El matrimonio no es desechable. No es algo que se prueba y, si no funciona, se tira a la basura.

Construir una vida en común con la persona que amas es el mayor regalo que puedes darte. Tómate el tiempo para pensar, conversar y crear un hogar que llene tus días de alegría.

¡Mazal tov!

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