¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Rosh Hashaná es una oportunidad para reiniciar tu vida. Aquí tienes seis poderosas ideas para reflexionar antes de que comience la festividad.
Rosh Hashaná se acerca. Antes de que suene el shofar, antes de que comiencen las plegarias, tómate un momento para detenerte y preguntarte: ¿Dónde estoy ahora y adónde quiero ir desde aquí?
Aquí tienes seis intenciones para llevar contigo a Rosh Hashaná.
Uno de los temas centrales de Rosh Hashaná es Maljuiot, reconocer a Dios como Rey.
¿Qué significa eso realmente?
Más que creer que Dios existe, significa reconocer que hay algo más grande que tus propios deseos y planes, y dejar que esa conciencia moldee tu manera de vivir.
En Rosh Hashaná, declaras que Dios es el Rey del mundo. Hazte una pregunta más personal: ¿Qué significaría darle a Dios un lugar más importante en mi vida?
Quizá eso signifique dedicar más tiempo a la plegaria. Quizá signifique pensar en Dios antes de tomar una decisión importante. Quizá signifique notar su presencia durante un día cualquiera.
Aunque ya sientas que tu relación con Dios es sólida, siempre hay espacio para profundizarla. Estés donde estés, puedes dar otro paso.
Mi intención: Quiero abrir mi corazón a una relación más profunda con Dios y hacer que ocupe un lugar más central en mi vida.
Nadie sabe qué traerá el próximo año. Puedes hacer planes, fijar metas y hacer todo lo posible para prepararte, pero siempre habrá cosas que no puedas controlar.
En Rosh Hashaná, te presentas ante Dios sabiendo que eres responsable de tus decisiones y tus esfuerzos, pero que no controlas todo lo que sucede.
Confiar en Dios no significa que lo comprendas todo. Significa que, a pesar de no ver el panorama completo, crees que, de alguna manera, lo que sucede es para tu bien.
El rey David escribe: «Deposita tu carga sobre Dios y él te sostendrá» (Salmos 55:23).
Hay algo reconfortante en saber que no tienes que cargar con todo tú solo. Puedes hacer el esfuerzo que te corresponde y dejar espacio para Dios en aquello que no puedes controlar.
Mi intención: Quiero hacer mi parte y confiarle a Dios el resto.
Rosh Hashaná es el cumpleaños del mundo, una celebración del potencial, la renovación y los nuevos comienzos.
La mayoría de nosotros tenemos cosas que nos gustaría cambiar de nosotros mismos. Quizá llevas años luchando contra un hábito. Quizá has manejado ciertas relaciones de maneras de las que te arrepientes. Quizá has tomado decisiones que desearías poder revertir.
Es fácil empezar a pensar: Así soy yo.
Pero el judaísmo no te ve de esa manera. Tienes libre albedrío y puedes cambiar de rumbo. No estás atrapado en tu pasado.
El pasado importa. Puedes aprender de él, asumir la responsabilidad por él y dejar que te enseñe. Pero no tiene por qué determinar lo que suceda después.
En Rosh Hashaná, haces borrón y cuenta nueva. Es un nuevo comienzo y el momento de preguntarte: ¿Qué haría de otra manera si realmente creyera que puedo cambiar?
Mi intención: Quiero creer que puedo volver a empezar y tomar decisiones que me acerquen a la persona en la que quiero convertirme.
Rosh Hashaná también es un momento para pensar en por qué estás aquí.
Has recibido una combinación particular de capacidades, experiencias, relaciones y oportunidades. Tu vida es única. No hay nadie como tú en el mundo.
A veces pasas tanto tiempo comparándote con otras personas que pierdes de vista la pregunta que tienes justo delante: ¿Qué puedo aportar? ¿Qué he recibido y qué puedo hacer con ello?
Tu papel puede expresarse a través de tu familia, tu trabajo, tus amistades, tu comunidad o algo que solo tú puedes ver.
No tienes que conocer la respuesta completa. Empieza con lo que ya tienes en tus manos.
Mi intención: Quiero reconocer los dones que he recibido y usarlos de una manera que dé sentido a mi vida.
En Rosh Hashaná, no te presentas ante Dios solo como individuo. Formas parte de un pueblo.
Las plegarias hablan del pueblo judío en su conjunto, y pides no solo por tus propias necesidades, sino por un mundo mejor y un futuro mejor para todos.
La idea judía de Kol Israel arevim ze bazé —todos los judíos son responsables unos de otros— te recuerda que tu vida está conectada con los demás.
Hay tantas personas que están sufriendo en este momento, tanto dentro de tu propia comunidad como fuera de ella. Puede que conozcas personalmente a algunas. A otras nunca las conocerás.
Aun así, puedes preocuparte por ellas.
Puedes rezar por alguien a quien no conoces. Puedes llamar por teléfono a alguien que está pasando por dificultades. Puedes ser un poco más generoso al juzgar a otra persona. Puedes recordarte que la persona sentada frente a ti forma parte de una historia más amplia que ambos comparten.
Rosh Hashaná es un momento natural para ampliar tu perspectiva más allá de ti mismo.
Mi intención: Quiero sentir más amor, compasión y responsabilidad hacia los demás judíos.
Antes de empezar a pensar en el año que viene, vale la pena volver la mirada hacia el año que pasó.
¿Cuáles fueron los momentos que te hicieron feliz? ¿Quién estuvo ahí para ti? ¿Qué aprendiste? ¿Qué recibiste que quizá hayas dado por sentado?
Por supuesto, el año que pasó también puede haber traído decepciones, pérdidas o experiencias difíciles. La gratitud no significa fingir que esas cosas no fueron dolorosas. Significa hacer espacio para reconocer también lo bueno.
Quizá una amistad se fortaleció. Quizá descubriste una fortaleza que no sabías que tenías. Quizá alguien te ayudó justo en el momento indicado. Quizá hubo pequeñas cosas cotidianas que te perderías si dejaras de prestarles atención.
Al comenzar a pedir por el año que viene, tómate unos minutos para pensar en aquello por lo que sentiste gratitud durante este último año.
Mi intención: Quiero entrar en el nuevo año con un corazón agradecido, valorando lo que he recibido y lo que me ha enseñado el año que pasó.
Rosh Hashaná te da la oportunidad de detenerte y pensar en lo que importa. ¿Qué tipo de relación quieres tener con Dios? ¿En quién quieres convertirte? ¿Qué quieres aportar a la vida de las personas que te rodean?
No llegues a Rosh Hashaná sin prepararte. Tómate el tiempo ahora para tener claro en qué estás trabajando y a qué te estás comprometiendo. Llegar con esa claridad es lo que te permite salir transformado.
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