8 cosas que un no judío aprendió sobre el conflicto en Medio Oriente

02/06/2026

6 min de lectura

Un educador no judío pasó 20 años reuniendo a estudiantes musulmanes y judíos. Estas son ocho cosas que aprendió sobre uno de los conflictos más mal entendidos del mundo.

Como canadiense no judío, no tenía opiniones reales sobre Israel y Palestina. Durante la mayor parte de mi vida, me pareció un conflicto regional lejano entre judíos y musulmanes y, honestamente, estaba completamente desconectado de él.

Todo cambió después del 11 de septiembre. Los ataques contra Estados Unidos de alguna manera influyeron en la población de estudiantes musulmanes de mi escuela. Vi a alumnos celebrando los ataques. Me pregunté: ¿por qué chicos en Ottawa, Canadá, se alegran por el daño a nuestros vecinos del sur?

De repente, la geopolítica, la inmigración y las redes sociales habían convertido un conflicto lejano en una conversación diaria en el aula. Empecé a escuchar y presenciar actitudes que nunca había encontrado antes. Escuché que el 11 de setiembre había sido cometido por judíos o provocado por ellos… lo cual no tenía sentido, especialmente cuando quedó claro que el ataque fue realizado por seguidores del islam radical.

A través de esas conversaciones en clase, comprendí lo frágil que era la relación, no solo entre judíos y palestinos, sino entre judíos y musulmanes en general.

Incluso algunos de mis estudiantes musulmanes más dulces me dijeron que los judíos eran sus enemigos. Cuando les pregunté si alguna vez habían conocido a un judío, la respuesta fue no. “¿Cómo puedes odiar a alguien que nunca has conocido?” Vi un problema que debía abordarse.

Así nació “Building Bridges” (Construir puentes), un programa comunitario que reunió a estudiantes musulmanes y judíos. Funcionó durante 20 años y recibió reconocimiento nacional e internacional.

Aunque no soy ni judío ni musulmán, el programa me dio amistades profundas y aprendizaje real de ambas comunidades. Fui invitado a hablar en una conferencia en Jerusalem y tuve la rara oportunidad de entrar en Cisjordania. No pretendo ser un experto en Medio Oriente, pero he aprendido mucho. Estas son ocho cosas que descubrí:

1. Musulmanes y judíos han estado en conflicto durante 1.400 años

Aproximadamente 2.000 años después del inicio del judaísmo, un hombre árabe llamado Mahoma afirmó ser profeta de Dios e invitó a tribus judías a unirse a su nueva religión, el islam. Las comunidades judías de Medina dijeron que no. A partir de ahí, la situación empeoró.

Cuando quedó claro que los judíos no se unirían, las tensiones aumentaron. Los musulmanes inicialmente rezaban hacia Jerusalem, pero después del rechazo cambiaron hacia La Meca. Mahoma finalmente ganó poder en Medina y eliminó toda oposición judía.

Según la creencia islámica, Mahoma recibió el Corán por revelación divina a lo largo de 23 años. Con el tiempo, su tono hacia los judíos se volvió más hostil. El Corán y los hadices (normas y dichos atribuidos a Mahoma) contienen pasajes de crítica hacia los judíos por rechazarlo. El hadiz más extremo afirma que el Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes luchen y maten a los judíos.

Conclusión: después de 1.400 años, la animosidad no ha cambiado. Algunos musulmanes y judíos trabajan para encontrar puntos en común. Otros continúan promoviendo la división.

2. No confundir Palestina con los palestinos

Según la Biblia, la tierra que hoy algunos llaman Palestina era originalmente Canaán, luego dividida en dos reinos judíos: Israel y Judea. El término “Palestina” no aparece ni en la Biblia ni en el Corán.

¿De dónde viene entonces? Tras una revuelta judía, el emperador romano Adriano deliberadamente renombró la tierra como “Palaestina”, derivado de los filisteos, antiguos enemigos de los judíos. Fue un insulto intencional, diseñado para borrar la conexión judía con la tierra.

Conclusión: Muchos asumen que los palestinos han vivido siempre en “Palestina”, pero el término “palestino” no se usó para describir a los árabes de esa región hasta 1964. Los palestinos actuales y los antiguos filisteos son dos grupos completamente distintos, sin ningún linaje directo.

3. La conexión judía con la tierra

La Biblia hebrea describe el pacto de Dios con Abraham, prometiendo la tierra de Israel al pueblo judío. Esto se respalda con la extensa evidencia arqueológica de la continua presencia judía en el lugar.

Un ejemplo claro: la Ciudad de David en Jerusalem Oriental. El rey David la conquistó y la estableció como su capital aproximadamente 1.600 años antes de que existiera el islam. La ciudad ha existido durante más de 3.000 años. Y en 1949, la Asamblea General de la ONU reconoció a Israel como una nación legítima e independiente.

Conclusión: ningún otro pueblo tiene una reivindicación ancestral más fuerte sobre esta tierra que los judíos.

4. La conexión palestina con la tierra

Aquí es donde las cosas se complican. El islam ofrece una narrativa diferente. El Corán también remonta un pacto a Abraham, pero los musulmanes interpretan la historia únicamente a través del Corán. Todo lo anterior a él se considera esencialmente obsoleto.

El primer dominio islámico en la región comenzó alrededor del año 636 EC, cuando los ejércitos musulmanes conquistaron Jerusalem del Imperio bizantino. Algunos eruditos islámicos sostienen que una vez que un territorio entra bajo dominio islámico, conserva ese estatus de forma permanente, un concepto llamado Dar al-Islam (territorio del islam). Hoy en día, la idea de “una vez musulmán, siempre musulmán” es citada con frecuencia por grupos extremistas, aunque cabe señalar que este principio no se aplica a los judíos que gobernaron la tierra primero.

Los árabes también reclaman derechos basándose en promesas británicas hechas a cambio de su apoyo contra el Imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial. La tierra fue prometida, pero nunca se definió de manera específica. Los árabes creen que incluía Palestina y que los británicos no cumplieron su palabra.

Conclusión: no todos interpretan la historia desde la misma perspectiva, y las reglas no parecen aplicarse de manera igual para todos. Eso explica la enorme brecha entre las dos narrativas.

5. El significado de Jerusalem para los judíos

Jerusalem siempre ha estado en el centro de la vida judía. Es donde el rey Salomón construyó el Primer Templo. Judíos de todo el mundo se orientan hacia Jerusalem cuando rezan. La frase “El próximo año en Jerusalem” se ha recitado al final de cada Séder de Pésaj (la comida ritual que conmemora el Éxodo) durante mil años. Jerusalem se menciona 669 veces en la Biblia hebrea.

Conclusión: Jerusalem es el corazón del mundo judío.

6. El significado de Jerusalem para los palestinos

La mezquita de Al-Aqsa en Jerusalem es considerado el tercer sitio sagrado del islam. Los musulmanes creen que Mahoma ascendió desde allí al cielo. Jerusalem es considerado un territorio islámico sagrado.

Sin embargo, esa reverencia no siempre ha sido consistente. Jerusalem no se menciona en el Corán y nunca fue designada como capital bajo gobierno jordano (1948-1967). Durante ese período, la ciudad en gran medida fue descuidada. Residentes judíos y cristianos se quejaron de haber sido deliberadamente ignorados. Los sitios musulmanes fueron renovados mientras que el Barrio Judío en gran medida fue destruido. El antiguo cementerio en el Monte de los Olivos fue saqueado, las tumbas fueron profanadas y las lápidas utilizadas como material de construcción.

Conclusión: Aunque los palestinos sienten una conexión genuina con Jerusalem, el registro histórico sugiere que su importancia era secundaria al deseo de borrar su herencia judía.

7. ¿Quién tiene la culpa del problema de los refugiados?

Las cifras son disputadas. En 1948, Ralph Bunche, mediador de la ONU, estimó que había unos 472.000 refugiados palestinos. Hoy, la oficina central de estadísticas palestinas dice que el número es de alrededor de seis millones, una cifra sorprendente dado que toda la población de Israel en 1967 era de solo 2.750.000.

La diferencia se debe a las definiciones. La cuenta palestina incluye a todos los árabes nacidos en Cisjordania y Gaza, palestinos que viven en el exterior y todos sus descendientes. Si bien algunos árabes genuinamente fueron obligados a abandonar sus hogares, muchos partieron voluntariamente. Los palestinos adinerados se restablecieron en países árabes vecinos. Otros vendieron sus tierras a inmigrantes judíos. Miles fueron alentados por los líderes árabes a partir temporariamente y retornar después de que Israel fuera derrotado. Cuando esa derrota no ocurrió, ninguna nación árabe estuvo dispuesta a absorberlos.

La crisis de refugiados de la que rara vez se habla es la de los 820.000 judíos expulsados de países árabes tras la creación de Israel. Sus propiedades fueron expropiadas sin compensación. Israel los absorbió a su propio costo.

Respecto a los árabes que se quedaron en Israel en 1948, ellos recibieron ciudadanía completa, con el derecho de vivir, trabajar y votar, así como acceso a la educación y el sistema de salud nacional.

Conclusión: Israel absorbió a los refugiados judíos expulsados de tierras árabes. Los palestinos se quedaron en el exilio. Los árabes que permanecieron en Israel en 1948 obtuvieron ciudadanía. Los judíos fueron expulsados de los países árabes y les dijeron que se fueran a vivir en el estado judío, el mismo estado que muchos de esos países árabes hoy desean destruir.

8. ¿Por qué existe un estado judío y no uno palestino?

En 1896, Teodoro Herzl, el padre del sionismo, sostuvo que el pueblo judío necesitaba su propio territorio. Herzl sentía que los judíos nunca estarían seguros en ningún país mientras fueran una población minoritaria. Los líderes judíos presionaron durante décadas para que esto se concretara. Después de la Segunda Guerra Mundial, quedó claro que Herzl tenía razón, y los esfuerzos se intensificaron. Las organizaciones sionistas se dirigieron al gobierno británico, a los Estados Unidos y a las Naciones Unidas. Sus esfuerzos dieron fruto.

La ONU propuso dividir la tierra en dos estados independientes: uno judío y uno árabe. El liderazgo judío aceptó el plan y siguió adelante. La Liga Árabe lo rechazó. Ellos no deseaban compartir la tierra y sentían que debía pertenecerles por completo. Desde entonces, han seguido rechazando cualquier clase de mediación o compromiso.

Lo que me cuesta entender es que durante los años que Jordania controló Cisjordania, nunca hubo un pedido por un estado palestino independiente. Y tampoco hoy la Carta Fundacional de Hamás pide un estado palestino soberano.

Conclusión: Bajo gobierno jordano, nadie pidió la independencia de Palestina. Bajo Hamás, su carta fundacional tampoco lo pide. Su único foco es la destrucción de Israel. Eso me lleva siempre a la misma pregunta: ¿el conflicto en realidad gira en torno a la independencia palestina o se trata del derecho a existir de Israel?

Después de años de conversaciones, amistadas y experiencia de primera mano con ambas comunidades, sigo esperanzado. La gran mayoría de las personas de ambos lados quieren lo mismo: seguridad, dignidad, y un futuro para sus hijos. Las voces más fuertes por lo general son las menos representativas. El cambio no viene de gobiernos o cartas fundacionales, viene de las personas que están dispuestas a sentarse frente a alguien diferente y realmente escucharlo. Eso fue lo que me enseño a mí "Building Bridges", y es una lección que no he olvidado.

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