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Vacaciones de Verano

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31/01/2010 | por Emuna Braverman

Cómo aprendí a disfrutar del verano y de los niños sin arrancarme el pelo.

“Lo creas o no”, le dije a mi esposo, “realmente estoy esperando que lleguen las vacaciones de verano. Sin llevar a los niños a la escuela, sin almuerzos que empacar, y especialmente sin deberes”.

Ese fue el día anterior a que terminara la escuela. Dos días después estoy agotada y abrumada. “¡¿En qué estaba pensando!?”.

Es lo mismo cada año: ¡Sueños de ser la súper mamá! Me imagino que haremos proyectos juntos (olvidándome que no tengo ni un solo hueso artístico en mi cuerpo), que iremos juntos a museos (olvidándome que mis niños detestan la palabra con “m”), que iremos a nadar (olvidándome que no tenemos una piscina, o por el momento, acceso a alguna). Podríamos hornear algo, pero ¿puedo soportar el desastre? Incluso la chica de la limpieza parece estar en huelga, negándose a lavar otro plato o planchar otra camisa. ¿Qué debe hacer una madre preocupada pero fastidiada? ¿Hay algunas actividades que no impliquen grandes viajes o grandes gastos? ¿Y en las que todos accedan a participar?

Siempre está la opción de gritar “¡Yo no estoy a cargo de la entretención!”, y encerrarme en mi habitación. Yo recomiendo utilizar esa técnica con moderación.

Así que asumiendo que queremos apuntar un poco más alto, puedes hacer lo que yo hice hoy: ¡Mándalos a las casas de sus amigos y deja que otra madre luche!

Sin embargo, una solución parcial radica en conocerte a ti misma.

Solamente en una fantasía de tarde por la noche yo emerjo como la “Barbie maestra de escuela”, llena de ideas artísticas, de paseos divertidos y educacionales junto con la tenida que hace juego perfecto. Sin embargo, a la luz del día, esa no es quien soy yo. Yo amo a mis hijos, e incluso disfruto pasar tiempo con ellos, pero dedicar mi día completo a organizar entretenciones… simplemente no es mi estilo. Hemos salido en varios viajes familiares, hemos tenido muchas aventuras de domingo, pero ¿debo hacerlo todos los días? No. Digamos que conozco mis limitaciones.

Una actividad al día (quizás). Un proyecto, seguro y SIN supervisión parental. Y luego, deben arreglárselas solos. Ellos pueden ser creativos, ingeniosos y disfrutar unos de los otros – e incluso pueden pasar un buen rato – una vez que dejan de esperar que yo dirija la diversión.

Los juegos que ellos mismos crean son frecuentemente excelentes. Cuando nuestros niños juegan bien juntos, ¿qué padre no siente najas (placer)? Cuando se los deja con sus propios recursos, ellos asaltan la caja de disfraces y arman espectáculos y juegan juegos de naipes y a veces (aunque no a menudo, así que no estén celosos) limpian y organizan sus habitaciones.

Intentar arbitrar las peleas de los niños es peor que ser árbitro de un partido de fútbol; así que no lo hagan.

De hecho, nuestra participación constante interfiere en las relaciones con sus pares. Una vez invitamos a una familia a cenar que vino con sus tres niños pequeños y una niñera por niño. A pesar de que esto puede haberlo hecho más fácil para los padres, bloqueó la habilidad de mis hijos para establecer relaciones con ellos. Mi familia estaba esperando jugar con ellos y estaban felices de darles la bienvenida a nuestra casa, pero la presencia poco natural de un adulto en medio cohibió las relaciones.

Nosotros hacemos lo mismo con nuestros hijos. Nuestro juego de “mono en el medio” dificulta la entretención y los juegos que ellos tendrían con sus hermanos.

¿Y cuando ellos no juegan bien? Manténganse fuera. Intentar arbitrar las peleas de los niños es peor que ser árbitro de un partido de fútbol; así que no lo hagan. Dejen que la frase “arréglenlo entre ustedes” se convierta en su refrán constante. Ellos te molestarán cada vez menos y aprenderán a jugar juntos. Dales más crédito de tener las herramientas para resolver el problema ellos mimos y déjalos experimentar el placer de sus habilidades independientes.

Yo podría llenar el verano de actividades (confesiones: algunos de mis hijos están trabajando, otros se van campamento durante parte del verano) pero, ¿prosperaré como un chofer de tiempo completo? ¿Qué hay de mis otras responsabilidades – trabajo, estudio, tiempo de tranquilidad – van a quitarse todas del camino? Pienso que las súper mamás cometen el error de vivir solamente para o a través de sus hijos. Eso no solamente pone presión en el niño, sino también reduce a las madres y reduce lo que finalmente tenemos para ofrecer a nuestros niños.

La tradición judía cuenta la historia de una familia muy pobre con varios niños pequeños. Un día ellos recibieron un precioso regalo – un huevo fresco. La madre estaba atormentada; ¿Cómo iba a dividir este huevo entre toda su gran familia? Finalmente ella dio con la solución. Se fue silenciosamente a su habitación y se comió el huevo ella.

Regresar a la escuela en el otoño con una sensación de confianza, habiendo disfrutado del amor familiar, es el mejor regalo del verano.

Esta madre no comió porque no podía controlar su hambre. Ella no comió por egoísmo. Ella no comió porque era un huevo particularmente delicioso que la atrajo. Ella comió porque al preocuparse primero por ella, al nutrir y reforzarse a sí misma, ella sería una mejor madre – más amable, más paciente, más tolerante.

El verano es un desafío para todas las madres (si no te sientes desafiada, ¡no quiero escucharlo!). Una de las claves para el éxito es preocuparnos por nosotras, no de una forma indulgente, sino de formas fortalecedoras que renueven nuestra energía y le permitan a nuestros hijos ser los beneficiarios.

Nuestras sonrisas son más importantes que el valor educacional de las actividades. Nuestra paz y calma es más necesaria para nuestros hijos que un paseo al centro comercial. La paciencia es más productiva que un día en Disneylandia.

¿Qué podemos hacer realmente por nuestros hijos en el verano que no está disponible todo el año? Podemos comunicar nuestro amor a lo largo del día. Todo el día, sin parar, solamente mediante nuestra presencia, a través de una palabra, un gesto, o un toque amable. Eso es lo que realmente los preparará para el siguiente año escolar. Regresarlos a la escuela en el otoño con una sensación de confianza, habiendo disfrutado del amor familiar, es el mejor regalo del verano.




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