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¿Acaso el acto de comer debe ser algo espiritual?

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14/09/2022 | por Rav Akiva Gersh

El judaísmo enseña que el momento de comer es en realidad un momento muy importante, no sólo físicamente para nuestros cuerpos, sino también espiritualmente.

¿Has visto alguna vez a alguien meditando mientras come un sándwich o una ensalada?

Lo dudo.

Para la mayoría de las personas, el acto de comer no parece ser un acto muy espiritual.

Sin embargo, debería serlo.

Permítanme explicarlo.

Aunque habitualmente comemos mientras conversamos con amigos o miramos algo en nuestro teléfono, el judaísmo enseña que el momento de comer es en realidad un momento muy importante, no sólo físicamente para nuestros cuerpos, sino también espiritualmente.

Para entender esto necesitamos acudir a una enseñanza de la Cábala, las enseñanzas del misticismo judío, que nos permiten espiar detrás de las "bambalinas” espirituales el momento en que fue creado el mundo.

La Cábala explica que, antes de que hubiera nada, sólo había la luz de Dios y cuando Dios quiso crear el mundo, Él creó diez recipientes, llamados sefirot, para recibir esa luz y que fuera usada en la creación del mundo.

Pero entonces ocurrió algo que cósmicamente fue trágico.

La luz de Dios era demasiado poderosa para quedar contenida en esos recipientes y ellos se rompieron en innumerables fragmentos, conocidos en la Cábala como “chispas sagradas”, y estas chispas sagradas quedaron incrustadas en todo el mundo que acababa de ser creado.

De acuerdo con la Cábala, nuestro trabajo esencial en este mundo es “elevar las chispas" efectuando buenas acciones y otros actos positivos, y de esta forma reparar esa ruptura que, literalmente, forma parte del mundo. De aquí proviene el conocido concepto judío de tikún olam, 'reparar el mundo'.

¿Qué relación tiene el hecho de comer con toda esta conversación mística?

La Cábala enseña que la comida que ingerimos tiene muchas de estas chispas sagradas y, por consiguiente, cada vez que comemos tenemos la oportunidad de elevar esas chispas y de esta forma participar en la reparación del mundo.

Leyeron bien. Reparar el mundo al comer (Qué idea tan judía, ¿verdad?).

Esta idea es ilustrada a través de una de las primeras historias de toda la Torá: en el Jardín del Edén, Adam y Javá (Eva) comieron del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.

Tradicionalmente, se entiende que el pecado de Adam y Javá fue que ellos comieron lo que no tenían permitido comer.

Pero Rav Tzadok HaCohen (1823-1900), un prominente líder del movimiento jasídico desarrollado por el Baal Shem Tov en el siglo XVIII, tenía una opinión diferente al respecto.

Rav Tzadok enseñó que el problema no fue que comieron, sino cómo comieron.

De hecho, él creía, en clásica manera jasídica, que el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal ni siquiera era un árbol o una cosa. Más bien se trataba de una forma de comer. Su acto de comer estuvo motivado por una egocéntrica búsqueda de placer en vez de reconocer el potencial que el acto de comer tiene por ser un momento sagrado y espiritual.

Y si este fue el pecado que causó que Adam y Javá fueran expulsados del Jardín del Edén, entonces tal como enseña la maestra Sarah Yehudit Schneider, “la reparación primordial de la civilización humana es aprender a comer en santidad”.

Pero ¿Qué significa comer en santidad? Recordando lo que dijimos al comienzo: ¿Qué significa comer de una forma que “eleva las chispas”?

Reuniendo diferentes enseñanzas y prácticas judías, creo que podemos decir que esto implica lo siguiente:

  1. Antes que nada, dar gracias por el alimento que tenemos. Reconocer que simplemente el hecho de tener comida es un gran regalo. Esta es la razón por la que el judaísmo tiene un sistema de bendiciones antes y después de comer, recordatorios de todo lo bueno que tenemos en nuestras vidas y de lo importante que es expresar gratitud por ello. Dar gracias por nuestro alimento tiene el potencial de transformar de forma inmediata el acto de comer en algo más que solamente asegurar nuestra supervivencia física.
  2. Comer teniendo en mente la salud y el bienestar. Sí, podemos disfrutar de los alimentos que comemos, pero en su justa medida y no a expensas de nuestros cuerpos. Sin salud corporal no podemos lograr por completo lo que somos capaces de hacer en este mundo. Como escribió Maimónides, el famoso rabino, filósofo y médico del sigo XII en España: "La salud y el bienestar corporal son parte del camino hacia Dios, ya que es imposible entender o tener cualquier conocimiento sobre el Creador cuando uno está enfermo. Por lo tanto, uno debe evitar cualquier cosa que pueda dañar al cuerpo y debe cultivar hábitos saludables”. Cuando escogemos comer sano, estamos declarando que nuestra alimentación no es un fin en sí mismo sino un medio para ayudarnos a llegar a ser lo mejor que podemos ser y vivir nuestra más grandiosa vida.
  3. Enfocarnos en la comida que tenemos frente a nosotros y no estar involucrado con otras cosas mientras comemos (como teléfonos, libros o incluso conversaciones). Sí, comer es un acto social y compartir la comida con otros es tanto significativo como importante, pero no podemos olvidar darle atención a lo que debe ser el enfoque principal de cada comida: el alimento mismo. La ley judía incluso nos dice que no se debe hablar mientras comemos, no sólo para evitar que la persona se atragante, sino también para ayudarnos a crear esa experiencia de comer enfocándonos en lo que hacemos.
  4. Finalmente, quienes quieren llevar el acto de comer a un nivel más profundo, pueden convertirlo intencionalmente en una forma de meditación. Esto es lo que hay que hacer: lo ideal es sentarse solo en un lugar silencioso, libre de distracciones. Antes de empezar a comer, observa la comida que tienes frente a ti y piensa en los diferentes ingredientes que fueron necesarios para preparar esa comida. Intenta imaginar las granjas de donde vinieron esos ingredientes. Imagina a las personas que fueron parte del proceso para llevar el alimento desde la granja hasta tu plato. Luego come el primer bocado. Deja tu tenedor o cuchara (esto es muy importante), cierra los ojos y mastica lentamente. Mastica la mayor cantidad de veces que puedas. Puedes contar mentalmente la cantidad de veces que masticas o incluso repasar por el alfabeto con cada mordida. Cuando la comida se haya ido completamente de tu boca, toma otro bocado y repite el proceso. Has esto hasta que hayas terminado de comer. Al terminar de masticar tu último bocado, mantén los ojos cerrados y piensa qué quieres hacer con la energía que esa comida te ha dado. ¿Qué bien quieres traer al mundo? ¿Cómo puedes usar esta energía del alimento para ayudar a otros y mejorar un poco el mundo?

El judaísmo busca infundir una conciencia espiritual al mundo físico. Esta es una de las razones por lo que la estrella judía, el símbolo principal del judaísmo, está compuesta de dos triángulos, uno apuntando hacia arriba y el otro apuntando hacia abajo; uno apunta hacia los cielos (lo espiritual) y el otro apunta hacia la tierra (lo físico). Cuando elegimos acercarnos al acto físico de comer e infundirle una atención espiritual, literalmente tenemos la habilidad de cambiar nuestras vidas e incluso al mundo entero.



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