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¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!
La parashá Vaierá es una oportunidad para aprender de las acciones extraordinarias de nuestro patriarca, Abraham.
El Noam Elimélej enseña que el aspecto principal de una mitzvá no son sus tecnicismos y detalles, sino el amor que ponemos en su cumplimiento. Esto no significa que debamos descuidar los detalles técnicos; al contrario, debemos realizarlos con exactitud y de la mejor manera posible. Sin embargo, cuando Dios sopesa los dos componentes de una mitzvá, considera que el amor que ponemos en su cumplimiento es incluso mayor que el acto en sí.
El Rebe de Slonim (en Netivot Shalom) cita una prueba para esta idea. El Talmud (Berajot 6a) pregunta qué significa la frase de Malaquías (3:16) cuando afirma: “ulejoshvei Shemó” – “y para aquellos que piensan en Su Nombre.” Rav Ashi explica que una persona que pretendía cumplir una mitzvá, pero fue impedida de hacerlo por causas ajenas a su voluntad, igualmente recibe crédito como si la hubiera cumplido. Esto se debe a que “joshvei Shemó” – la persona estaba pensando en Su Nombre.
Si Dios está presente en nuestros pensamientos, y anhelamos y deseamos cumplir Su voluntad, se nos reconoce como si cumpliéramos mitzvot incluso cuando los actos mismos no llegan a concretarse. El deseo de cumplir la voluntad Divina es considerado el elemento principal de la mitzvá.
Es interesante notar que esta idea no funciona a la inversa. El Tikunei Zóhar (Tikún 10) enseña que una mitzvá cumplida con todos sus detalles y tecnicismos, pero sin amor, no asciende. Esto se debe a que el ingrediente fundamental (el amor) está ausente.
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Nuestra tradición enseña que Dios probó a Abraham 10 veces (Avot 5:3). Aunque Abraham poseía muchas cualidades extraordinarias, fue su amor desbordante por Dios lo que le permitió superar sus pruebas. En Isaías (41:8), Dios describe a Abraham como “Abraham ohaví” — “Abraham, el que Me ama.” El inmenso amor de Abraham por Dios le permitió cumplir la voluntad Divina una y otra vez, incluso en situaciones excepcionalmente desafiantes.
Vemos esta idea en la declaración del Talmud respecto a que el amor quiebra todas las normas (Sanedrín 105b; ver también Bereshit Rabá 55:8). Cuando una persona ama verdaderamente, no hay nada que no esté dispuesta a hacer por su amado.
Abraham demuestra esta cualidad en la parashá de esta semana cuando Dios le ordena sacrificar a su hijo, Itzjak. La Torá nos dice que Abraham se levantó temprano por la mañana para cumplir el mandato Divino, realizando incluso tareas simples como ensillar su propio burro y cortar la leña para el sacrificio (Génesis 22:3). El celo de Abraham y su disposición para realizar estas tareas él mismo, en lugar de encargar a uno de sus muchos sirvientes, fue una manifestación de su increíble amor por Dios.
Esta idea nos ayuda a entender por qué Abraham cortó la leña para el sacrificio inmediatamente al despertar de su profecía. Un plan más lógico habría sido esperar hasta que él e Itzjak llegaran al Monte Moriá, ahorrándose cargar la leña tres días. Sin embargo, el Noam Elimélej dice que esto no fue un descuido logístico. Abraham preparó la leña de inmediato para demostrar su amor por Dios. Cuando amamos a alguien, queremos cumplir su deseo de inmediato, con nuestras propias manos, sin importar lo difícil que sea. Ésta era la clase de relación que Abraham tenía con Dios: una relación de amor que quiebra todas las normas.
Que usemos la inspiración de Abraham para amar a Dios, a fin de tener éxito al superar nuestras pruebas en la vida. Y que merezcamos ver la correspondencia de ese amor con la redención final de nuestro pueblo.
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