Acostumbrarse a las transgresiones

16/09/2025

3 min de lectura

Nitzavim (Deuteronomio 29:9-30:20 )

Deuteronomio 29:15-16: “Pues ustedes saben cómo vivieron en la tierra de Egipto y cómo atravesaron las naciones por cuyos países pasaron. Ustedes han visto sus abominaciones y sus ídolos detestables (et shikutzeihem veet guiluleihem) de madera y piedra, de plata y oro que estaban con ellos”.

La Torá advierte al pueblo que no se deje influenciar por los diversos tipos de idolatría que han encontrado en sus vidas. El Rav de Brisk, Rabí Itzjak Zev Soloveitchik,(1) señala una aparente contradicción en los versículos. Primero, el versículo se refiere a los ídolos de las naciones en términos extremadamente despectivos: et shikutzeihem veet guiluleihem – abominaciones e ídolos detestables. Sin embargo, luego continúa describiéndolos en términos de las materias primas con las que fueron hechos: piedra y madera, y después plata y oro, lo cual es mucho menos ofensivo que llamarlos abominaciones y detestables. Plata y oro incluso suenan bastante atractivos. ¿Son los ídolos detestables abominaciones o plata y oro?

El Rav de Brisk explica que este versículo enseña una lección importante sobre la naturaleza humana. Cuando una persona ve por primera vez algo repulsivo, su reacción inmediata y natural es de rechazo. Sin embargo, la tendencia humana es que, después de ver algo repetidamente y acostumbrarse a eso, ya no parece tan repulsivo. Entonces se percibe en términos bastante neutrales, como madera y piedra. Finalmente, si la persona continúa viéndolo y se acostumbra aún más, aquello que al principio consideraba repugnante y abominable pasa a parecerle como plata y oro.

Esta idea también fue expresada por Rav Israel Salanter, fundador del Movimiento del Musar. El Talmud(2) enseña que si una persona peca y luego peca por segunda vez, eso se vuelve naasé keheter, lo que significa que a sus ojos es como si estuviera permitido. Esto ocurre porque una persona puede muy fácilmente acostumbrarse a ciertas acciones que inicialmente veía como terribles. Más aún, cuando una persona comete repetidamente pecados que sabe que están mal, generalmente siente la necesidad de racionalizar sus actos y, por lo tanto, se convence a sí mismo de manera distorsionada de que lo que hizo estaba de algún modo justificado.

Rav Salanter llevó esta idea aún más lejos. Él señala que el Talmud sólo aborda lo que sucede después de que alguien comete el mismo pecado dos veces, pero ¿qué ocurre cuando lo comete una tercera vez? Rav Salanter respondió que entonces ante sus ojos esto se convierte en una mitzvá, un acto meritorio. Su pecado continuo lo hace tan insensible a la verdadera naturaleza negativa de sus acciones que siente la necesidad, al menos de manera subconsciente, de convencerse de que está haciendo lo correcto. Esto encaja muy bien con la observación del Rav de Brisk de que el idólatra primero ve los ídolos como la relativamente neutral madera y piedra, pero luego llega a verlos como valiosa plata y oro.

Es importante señalar que esta capacidad de acostumbrarse a cualquier cosa a veces es necesaria para sobrevivir. Un ejemplo de ello es cómo la gente soportó terribles sufrimientos y, de algún modo, sobrevivió. Rav Isasjar Frand señala esto con respecto a los sobrevivientes del Holocausto: “Podemos acostumbrarnos a cualquier cosa. Si no pudiéramos acostumbrarnos, no podríamos sobrevivir. A veces, vemos personas que pasaron por los campos de concentración, donde las condiciones eran indescriptibles. ¿Cómo lo lograron? La respuesta es que, en cierto grado, se acostumbraron. Esa capacidad puede ser muy útil”.

Sin embargo, en cuanto a nuestro comportamiento general y la observancia de mitzvot en particular, este rasgo puede ser muy destructivo. Rav Frand sostiene que es a esto a lo que se refieren los Sabios. El Talmud(3) declara que el camino de la Inclinación al Mal es aconsejar al inicio cometer una pequeña transgresión, luego un pecado un poco peor, hasta que finalmente aconseja a la persona adorar ídolos. El Talmud nos enseña que hay una pendiente resbaladiza en la cual, en cada paso, la persona racionaliza lo que antes era impensable, hasta que eso se vuelve “normal”, y entonces desciende un nivel más, y así sucesivamente, con consecuencias desastrosas.

Para contrarrestar esto, debemos hacer un esfuerzo adicional para superar esta tendencia natural a acostumbrarse a las situaciones, recordándonos sus valores y actuando en consecuencia. Que todos tengamos el mérito de no ser víctimas de la tendencia a volvernos insensibles al comportamiento negativo.


  1. Escuchado en nombre de Rav Issajar Frand.
  2. Kidushin, 20a.
  3. Shabat, 105a.
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