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Adam: una obra en progreso

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Bereshit (Génesis 1:1-6:8 )

por Rav Isajar Frand

El significado del nombre "Adam" define la esencia de lo que significa ser un ser humano.

Adam dio nombres a toda bestia y a todas las aves del cielo y a toda fiera del campo. (2:20)

Adam era un hombre de asombrosa perspicacia. Apenas veía a cualquiera de las innumerables criaturas de la tierra, reconocía su esencia, su función, su razón de ser. Ni siquiera los ángeles celestiales tenían esta extraña habilidad.

El Midrash (Bereshit Rabá 17:4) cuenta que Dios desafió a los ángeles a que asignaran nombres hebreos a todos los animales, pero ellos no pudieron hacerlo. Entonces Dios le ordenó a Adam asignar nombres a los animales y Adam lo hizo con absoluta precisión, demostrando la superioridad del hombre sobre los ángeles.

En otros idiomas, las palabras no tienen ninguna conexión especial con las cosas que ellas representan. Simplemente son sonidos arbitrarios que a lo largo del tiempo se asociaron con esas cosas. Si analizamos las palabras "gato", "elefante" o "fuego", no encontraremos nada que aluda a las características particulares de estas cosas. Pero en hebreo, los nombres de las cosas reflejan lo que ellas son. Como los ángeles no pudieron discernir la esencia de todos los animales, no pudieron asignarles nombres. Sólo Adam, con su extraordinario entendimiento y percepción, pudo dar a cada animal el nombre correcto.

Sin embargo, cuando tuvo que elegir un nombre para sí mismo, Adam no pareció estar demasiado inspirado. Él eligió el nombre Adam, porque fue formado de la adamá, de la tierra. Un ser humano es el pináculo de la creación, el ser vivo más elevado, espiritual, intelectual, creativo, complejo y profundo, un tzelem Elokim, formado a la "imagen de Dios". ¿Cómo es posible que Adam, con toda su percepción y entendimiento, no pudiera encontrar una definición mejor del ser humano que el hecho de que hubiera sido formado de la tierra?

El Alter de Slobodka explica que, por el contrario, la elección del nombre que Adam hizo para sí mismo manifiesta su gran perspicacia. El hombre representa la mayor paradoja de la creación. Por un lado, es una criatura sublime, más elevada que los ángeles, capaz de alcanzar los niveles más trascendentales de espiritualidad. Pero al mismo tiempo es dolorosamente humano, increíblemente frágil. Con un pequeño paso en falso puede caer en picada desde la cima más elevada al abismo. Puede caer fácilmente al nivel del polvo humilde del que originalmente fue formado.

Este es un aspecto crítico de la condición humana, algo que el hombre siempre debe tener presente para tener éxito en esta tierra. Por lo tanto, la elección del nombre Adam aludiendo a la adamá de la que fue formado, se refiere a la misma esencia del ser humano. Adam tuvo la sabiduría de reconocer que el hombre nunca puede declarar: "Yo estoy por encima de la tentación". No importa cuán alto se eleve, el hombre nunca está demasiado lejos de la tierra de la cual fue formado. Hasta el final, el hombre siempre puede caer hasta el fondo. En definitiva, esta lucha de por vida define la grandeza de la humanidad.

La misma dicotomía la encontramos en Iom Kipur. Para la lectura de la Torá de la mañana, nuestros Sabios escogieron selecciones que describen el servicio divino del Cohen Gadol, el Gran Sacerdote, en el Santuario y en el Kodesh Kodashim. Al leer estas palabras, nos transportamos al lugar más sagrado del universo en el día más sagrado del año. Sin embargo, unas pocas horas más tarde, la lectura de la Torá de Minjá enumera las prohibiciones de las relaciones ilícitas.

¿Acaso eso es lo que necesitamos escuchar en Iom Kipur después de pasar tantas horas ayunando y rezando? ¿Eso es lo que necesitamos contemplar en nuestra exaltada condición durante las últimas horas del día de Iom Kipur? ¿Por qué nuestros Sabios eligieron esta lectura en particular para la tarde más santa del año?

La respuesta es que precisamente en Iom Kipur, entre todos los días, necesitamos escuchar eso. En Iom Kipur, no permitimos que pase por nuestros labios comida ni agua, y nos elevamos hacia los cielos en las alas de la plegaria. Somos espíritus etéreos con una tentadora conexión con el mundo físico, llegamos a las alturas y nos elevamos por encima de los ángeles celestiales. Entonces fácilmente podemos perder la perspectiva y engañarnos a nosotros mismos pensando que somos como los ángeles, criaturas puramente espirituales. Por eso nuestros Sabios nos recuerdan que incluso en los momentos de mayor inspiración nunca estamos lejos de los deseos carnales. Su objetivo fue ayudarnos a tomar consciencia de que si alguna vez perdemos de vista el abismo que se abre ante nosotros, le abrimos la puerta a la desgracia.

Quizás siguiendo la misma línea podemos resolver otra anomalía en la historia de la creación. Respecto a la creación de todas las especies, la Torá nos dice: "Vaiar Elokim ki tov – Dios vio que era bueno". El insecto recibió un ki tov. El elefante recibió un ki tov. Cada criatura recibió un ki tov. Pero la creación del hombre no recibió un ki tov. Hashem examina su obra tras cada paso de la creación y declara que es "buena". Pero no hace esta declaración tras la creación del hombre.

El Rav Iosef Albo, en su Sefer Haikarim, explica que cada elemento de la creación es un producto terminado. Cuando Hashem formó un insecto, un elefante o un manzano, eso se convirtió en lo que es. Nunca se elevará de nivel ni nunca caerá. Por lo tanto, puede ser evaluado y se puede declarar que es "bueno".

Pero el hombre es una obra en progreso. Es un enorme paquete de potencial cuya forma final todavía no está determinada. ¿Florecerá? ¿Dará frutos? ¿Se elevará a los elevados niveles espirituales que es capaz de llegar? ¿O languidecerá en la mediocridad o algo peor? Estas preguntas sin resolver deben ser respondidas por todos y por cada uno de los seres humanos a lo largo de una vida de lucha y esfuerzo. Por lo tanto, nunca hay un momento en el que pueda ser considerado un producto terminado y no es posible declarar que es "bueno". El hombre siempre está en un estado de potencial.

El Talmud (Brajot 17a) dice que cuando los Sabios se despedían entre ellos se decían: "Olameja tiré bejaieja – Que veas tu mundo durante tu vida". ¿Qué significa esto?

Rav Shimon Schwab ofrece una bella interpretación. La palabra olameja, tu mundo, tiene relación con haalameja, la parte de tu ser que está oculta. El mundo de una persona es la parte de ella que aún no vio la luz del día, la parte que todavía es potencial. Esa es la arena donde lucha y se esfuerza para obtener logros. Para desarrollar todo su potencial necesita trabajar durante toda su vida.

Esto era lo que los Sabios se deseaban mutuamente: que puedas ver tu mundo durante tu vida. Que durante tu trayectoria en este mundo puedas llegar a desarrollar por completo todo el potencial que Hashem te ha dado.





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