Home » Jewlish » Inspiración

Adán y Eva eran veganos

.
28/10/2022 | por Rav Akiva Gersh

En el Jardín de Edén, Dios pensaba otra cosa sobre lo que las personas debían comer.

El judaísmo está lleno de enseñanzas, desde la ley judía hasta el misticismo, que enfatizan la importancia de ser compasivos con los animales. Así como el judaísmo pone mucho énfasis en la necesidad de ser compasivos con otros seres humanos, también lo hace sobre la forma en que debemos tratar a las otras creaciones de Dios.

Sin embargo, sabemos que el judaísmo nos permite faenar animales para comerlos, por lo que cuando muchas personas piensan sobre la comida kósher a menudo la consideran o "cárnica" o "láctea".

Pero no siempre fue así.

Al comienzo de la creación, en el Jardín del Edén, Dios pensaba otra cosa sobre lo que las personas debían comer.

Y cito:

"Y Dios dijo: 'Vean, les he dado toda hierba que produce semilla que está sobre la superficie de toda la tierra y todo árbol que produce fruto y tiene semilla, será alimento para ustedes'" (Génesis 1:29).

Advierte la selección de palabras en este versículo: que produce semilla. Hierba. Árbol. Fruto.

No hay mención de hamburguesas, salchichas o kebabs. En cambio, es un paraíso vegetariano. De hecho, nota la ausencia también de todo producto lácteo en el menú inicial de Dios; pareciera que el Jardín del Edén fue el primer café vegano de la historia.

Sí, luego Dios actualizaría la dieta humana en la generación de Nóaj, después del Diluvio, realizando una modificación para permitir el consumo de animales. Entonces, debemos preguntarnos: ¿por qué cambió?

De acuerdo con Rav Abraham Itzjak hakohén Kook, el primer Gran Rabino de Israel antes de la fundación del Estado, esta permisión fue una concesión temporal causada por el descenso espiritual y moral de la humanidad (que, en primer lugar, fue la razón del Diluvio). A Dios le preocupó que el deseo de comer carne fuera tan abrumador que, de no permitirles a los seres humanos matar animales para comerlos, eso los llevaría a matar a otros humanos con ese mismo fin.

Rav Kook también creía que, algún día, volveremos a la dieta original que Dios le dio a la humanidad, escribiendo sobre una época en que las personas "tendrán el entendimiento de que no se debería tomar la vida de otro ser viviente por el impulso de un antojo".

Y continúa escribiendo:

"¿Es posible concebir que una virtud moral sumamente apreciada, que existió como parte del legado humano, se pierda para siempre? La permisión de comer carne, otorgada después del Diluvio, no tuvo la intención de ser eterna. Porque, ¿cómo es posible que una condición moral elevada y valorada, que fue vigente durante un tiempo, desaparezca como si nunca hubiera existido?" - (Visión de vegetarianismo y paz).

Es claro que se recibió la permisión para el consumo de animales, pero esa permisión vino acompañada de restricciones y limitaciones. De inmediato, a la humanidad se le instruyó no comer la sangre de un animal: "Pero carne con su alma (su sangre) no comerán".

Otro pasaje en la Torá declara: "(cuando) tengas la necesidad de comer carne", aludiendo al hecho de que sólo tenemos permitido comer carne cuando el deseo sea tan poderoso que no pueda superarse. Sin embargo, idealmente, se debería superar ese deseo y, como resultado, abstenerse de comer carne.

Eventualmente, en el Monte Sinaí, la nación judía recibió más restricciones, principalmente respecto a los animales que está permitido y que no está permitido consumir.

Cuando vemos la lista de los animales que tenemos permitido y prohibido comer, notamos algo muy interesante:

Todos los animales son herbívoros, la versión vegetariana del reino animal.

Pareciera que Dios estuviera tratando de decirnos algo.

Da la sensación de que el judaísmo ve con buenos ojos una dieta que no requiere la crianza, matanza u otro uso de los animales, como escribió Rav Yosef Soloveitchik, un filósofo judío moderno, en su libro El surgimiento del hombre ético: "En la Torá hay tendencias determinantes hacia el vegetarianismo".

Sin embargo, hay un problema con todo lo que estoy diciendo.

A través de toda la historia judía nunca vimos un gran énfasis en ser vegetarianos, así como tampoco un movimiento masivo de judíos viviendo de acuerdo con "la dieta de Adán y Eva". De hecho, a través de los miles de años de nuestra historia, las comidas de Shabat, de las festividades y de las celebraciones del ciclo de vida, en todo el mundo, estuvieron adornadas con una cantidad de platos cárnicos.

Sin embargo, al mismo tiempo, antes de que una olla caliente de chólent con carne, un plato de pollo marroquí o un guiso persa de carne llegue a la mesa para una comida festiva, debe seguirse una larga lista de leyes rabínicas y de la Torá, no sólo para asegurar que el animal sea faenado de acuerdo con las normas de kashrut, sino también que el proceso de crianza del animal hasta el momento de su faenación se haya realizado con consideración y respeto del valor inherente de la vida del animal, como requieren las leyes judías sobre el bienestar de los animales.

Desde mi punto de vista, esas antiguas leyes judías sirven para imbuir algo del idealismo de la dieta de Adán y Eva a la nueva dieta humana. Para entrenarnos a ser conscientes y sensibles cuando tomamos otra vida para sustentar la propia. Para concientizar a los consumidores de animales y generarles apreciación.

Si bien estoy orgulloso de que la tradición judía contenga las leyes y valores que mencionamos, pareciera que sólo pueden aplicarse en el mundo que existía antes de la industrialización y la globalización, en un mundo más basado en economías locales, antes de que las granjas familiares se convirtieran en granjas industrializadas, cuando la distancia entre la granja y la mesa podía medirse en pasos.

Pero las cosas cambiaron, rápida y radicalmente. Los corrales de engorde atiborrados reemplazaron el pastoreo al aire libre. Las jaulas y los corrales reemplazaron a las grandes extensiones abiertas. Se introdujeron antibióticos a la dieta para evitar que se enfermen en consecuencia de sus condiciones de vida antinaturales. Y el uso de métodos de producción en masa en las plantas de faenado hizo que la cantidad de animales faenados por hora y por minuto crezca exponencialmente.

La pregunta que debe hacerse es: ¿Hay en estas industrias modernas lugar para las antiguas leyes judías respecto al trato de animales con compasión?

La respuesta, tristemente, es no, porque se requeriría más tiempo y espacio, lo que implicaría mayores costos y menores beneficios, algo que las industrias modernas de carne, leche y huevo no están dispuestas a aceptar.

Entonces, ¿qué hacemos?

Para responder esta pregunta, quizás queramos echar otra mirada al comienzo, a Adán y Eva y la dieta que Dios les dio, y ver qué ideal podemos traer de aquella dieta a nuestro mundo en la actualidad.



linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram