La importancia de aferrarse a la luz

14/06/2026

5 min de lectura

Koraj (Números 16-18 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

La parashá de esta semana cuenta la historia de un hombre llamado Kóraj, quien lideró una rebelión contra Moshé y Aharón. Kóraj argumentó que todo el pueblo judío era santo y, por lo tanto, era inapropiado que Moshé y Aharón se elevaran por encima del pueblo (Números 16:3). Moshé responde a Kóraj: “Por la mañana, Dios hará saber quién es el Suyo y quién es el consagrado, y lo acercará a Él” (Números 16:5).

Resulta extraño que Moshé quiera esperar hasta la mañana para resolver un asunto tan importante. ¿Por qué no resolverlo de inmediato?

Además, Rashi (basado en Midrash Tanjuma 7) enseña que Kóraj pasó toda la noche recorriendo cada tribu intentando ganar apoyo para su rebelión. ¿Por qué el Midrash enfatiza que Kóraj lo hizo de noche?

De acuerdo con el Netivot Shalom, ciertas acciones que no están explícitamente prohibidas en la Torá de todos modos pueden ser incluso más graves que pecados explícitos. Kóraj, al discutir con su rabino, es un ejemplo de este principio. El Talmud (Sanedrín 110a) enseña que quien discute, se queja o sospecha de su rabino es como si hiciera todo eso contra Dios mismo.

Para entender cómo el Talmud puede equiparar a un rabino con lo Divino (una comparación que parece casi al borde de la idolatría) debemos ver otro pasaje del Talmud (Ketubot 111b). La Torá (Deuteronomio 4:4, Deuteronomio 30:20) ordena “apegarse a Dios”. El Talmud pregunta cómo es posible, si Dios es como un fuego que lo consume todo. ¿Cómo puede esperarse que nos apeguemos a un fuego de perfecta santidad?

El Talmud responde que cualquiera que casa a su hija con un Sabio, hace negocios con un Sabio o usa su propiedad para dar placer a un Sabio (por ejemplo, proveyéndole una comida), es considerado como alguien que se ha adherido a la Presencia Divina.

El Netivot Shalom explica que el propósito de la Torá y las mitzvot es permitirnos apegarnos a Dios (devekut). Sin embargo, una mitzvá en particular nos ayuda a alcanzar este objetivo más que todas las demás: el apego a los sabios de la Torá. Cuando el Talmud compara a un rabino con Dios, no significa que el rabino sea Dios, Dios no lo permita. Más bien, nuestra conexión y vínculo con un rabino nos lleva a una conexión más profunda con Dios. Al observar cómo se comportan nuestros Sabios, incluso en los aspectos más cotidianos (comer, hablar, caminar, hacer negocios), aprendemos cómo volvernos “similares a Dios” en cada aspecto de la vida. De esta manera, nos acercamos más a Dios.

Basándonos en esta idea, podemos ver la gravedad del error de Kóraj. Cuando Kóraj afirmó: “Toda la congregación es santa” (Números 16:3), estaba insinuando que el pueblo judío ya no necesitaba tener un rabino. Parece que Kóraj quería impedir que el pueblo judío se apegara a los sabios de la Torá, y por lo tanto impedir que se apegaran a Dios. De acuerdo a este entendimiento, Kóraj no se rebelaba solo contra Moshé y Aharón, sino contra el propósito mismo de la Torá y las mitzvot.

Podemos sugerir que las letras del nombre de Kóraj contienen una alusión a esta idea, ya que forman el acrónimo de la frase Jalak Kedushat Rabó (“discutió sobre la santidad de su rabino”).

SOL Y LUNA

Esto nos ayuda a entender por qué Moshé esperó hasta la mañana para resolver la disputa con Kóraj, mientras que Kóraj actuó de noche. El Midrash (Shemot Rabá 15) enseña que el pueblo judío es comparado con la luna. Podemos entender esto a partir de la explicación del Talmud (Julín 60b) sobre una aparente contradicción en la Torá, que dice: “Dios hizo las dos grandes luminarias, la gran luminaria para gobernar el día y la pequeña luminaria para gobernar la noche” (Génesis 1:16). ¿Cómo pueden dos “grandes” luminarias tener tamaños diferentes?

El Talmud explica que originalmente el sol y la luna tenían el mismo tamaño. Sin embargo, la luna se quejó ante Dios: “¿Pueden dos reyes compartir la misma corona?” Dios aceptó la objeción de la luna y le dijo: “Ve y disminúyete”.

Maimónides (Leyes de Kidush HaJódesh) afirma que la luna no genera su propia luz, sino que refleja la luz del sol. Según el Toldot Iaakov Iosef, la luna inicialmente se quejó porque pensaba que sí generaba su propia luz. La respuesta de Dios (“Ve y disminúyete”) tenía como objetivo enseñarle a la luna la verdadera naturaleza de su iluminación. Es como si le hubiera dicho: “Crees que tienes tu propia luz porque estás muy cerca del sol. Una vez que crees distancia (‘ve’), verás por ti misma (‘a ti misma’) que eres pequeña”.

[Esta no es la comprensión literal del Talmud, en la que Dios realmente hizo más pequeña a la luna. Según este enfoque, la primera parte del versículo, que se refiere a las dos grandes luminarias, describe cómo se veían. La segunda parte del versículo aclara lo que realmente era. Dios nunca creó dos ‘reyes’ iguales en primer lugar].

Ahora podemos entender por qué el pueblo judío es comparado con la luna. La luna no genera su propia luz y necesita la luz del sol para poder brillar. Las masas del pueblo judío tampoco empiezan con su propia luz; necesitamos un rabino, que es comparado con el sol, para darnos luz y ayudarnos a brillar. Un rabino tiene su propia luz porque ya ha alcanzado la devekut (adhesión espiritual) con Dios, mientras que la mayoría de nosotros todavía estamos trabajando para llegar a ese objetivo.

EVIDENTE EN LA OSCURIDAD

El Tiferet Shmuel (vol. 2) señala que el error de la luna ocurrió de noche. Cuando la luna estaba directamente frente al sol y brillaba intensamente, asumió que generaba su propia luz. Sin embargo, durante el día, cuando hay mayor distancia entre el sol y la luna, se hace evidente que la luna nunca generó luz propia.

Por eso el Midrash enfatiza que Kóraj intentó conseguir apoyo para su rebelión durante la noche. Kóraj vivía en la oscuridad. Aunque era un erudito de la Torá, se acercó tanto a Moshé, su rabino, que empezó a pensar que tenía luz propia. Por eso intentó reunir seguidores de noche, porque es cuando más brillaba. Moshé, en cambio, conocía la verdadera fuente de la “luz” de Kóraj. Por eso esperó hasta la mañana para resolver el conflicto. Durante el día sería evidente que Kóraj era simplemente un reflejo de la luz de Moshé. Quizás así él mismo se daría cuenta de que aún necesitaba un rabino.

Podemos sugerir que la corrección del error de Kóraj también está aludida en las letras de su nombre. Las letras de “Kóraj” pueden reordenarse para formar la palabra rajok (“lejano”). Durante el día, cuando el sol y la luna están más separados, Kóraj podía ver con claridad lo que no era evidente de noche. Las letras de “Kóraj” también pueden formar la palabra keraj (“hielo”). Con la claridad de la distancia, Kóraj podría haber visto que sin Moshé era tan frío como el hielo, y que no tenía fuego propio.

Que todos podamos ser bendecidos con encontrar y seguir a un verdadero rabino que hable a nuestra alma y cuya luz nos haga brillar. De este modo, que podamos acercarnos cada vez más a Dios, volviéndonos cada vez más semejantes a Él, hasta alcanzar los niveles más elevados.

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