Alineación emocional

09/08/2026

3 min de lectura

Shoftim (Deuteronomio 16:18-21:9 )

¡Saludos desde la ciudad sagrada de Jerusalem!

Al comienzo de la parashá Shoftim, la Torá advierte a los jueces del pueblo judío: "No aceptarás soborno (shojad)". (Deuteronomio 16:19) El Talmud (Ketuvot 105b) pregunta: "¿Qué significa shojad? Significa shehu jad (que está solo)".

El comentarista Gan Ravé explica esta enigmática afirmación a la luz de otro pasaje del Talmud (Shabat 10a), donde se enseña: "Todo juez que dicta un juicio verdadero es considerado un socio de Dios en la Creación". En otras palabras, un juez que acepta un soborno ya no puede emitir un juicio verdaderamente justo, porque el soborno ha distorsionado su percepción de la verdad. Como su decisión deja de ser completamente justa, ya no puede considerarse socio de Dios en la Creación. Por eso el soborno (shojad) lo conduce a un estado en el que queda solo (shehu jad).

El Talmud (Ketuvot 105a) pregunta qué enseñanza nueva aporta el versículo "No aceptarás soborno". Si solo pretendiera enseñarnos que no debemos absolver al culpable y condenar al inocente, esa prohibición ya aparece explícitamente en otro lugar: "No pervertirás la justicia" (Deuteronomio 16:19) Por ello, el Talmud explica que el juez tiene prohibido aceptar un soborno incluso cuando su intención sea absolver al inocente y condenar al culpable. Aceptar un soborno sigue siendo incorrecto, aunque el fallo final sea objetivamente el correcto.

Esto plantea una dificultad. Antes parecía que el soborno corrompía la justicia y alejaba al juez de Dios. Ahora resulta que el soborno está prohibido incluso cuando el juez dicta una sentencia correcta. Entonces, ¿por qué sigue considerándose que ha quedado "solo" (jad)? Después de todo, hizo lo correcto.

Para responder a esta dificultad debemos volver a la enseñanza talmúdica citada al principio: "Todo juez que dicta un juicio verdaderamente verdadero (emet la'amitó) es considerado socio de Dios en la Creación". El comentarista Divrei Janoj se pregunta por qué el Talmud utiliza la expresión doble emet la'amitó ("verdad verdadera" o "verdad auténtica"), cuando la palabra emet ("verdad") parecería suficiente. Si ya se ha alcanzado la verdad absoluta, ¿qué podría hacerla todavía más verdadera?

***

La verdad auténtica

El Divrei Janoj, basándose en el Beit Iosef (Joshen Mishpat 1:2), explica que, aunque el fallo final sea correcto, un juez que acepta un soborno inevitablemente favorecerá a una parte sobre la otra. Eso ya constituye una corrupción, porque inevitablemente desarrollará simpatía hacia quien se lo dio y antipatía hacia quien no lo hizo. Aunque el veredicto sea objetivamente verdadero (emet), las emociones del juez han quedado alteradas. Por eso el juicio ya no puede calificarse de emet la'amitó, una verdad íntegra y auténtica. La "verdad verdadera" no se refiere únicamente a que la decisión exterior sea correcta; también exige rectitud en el mundo interior del juez.

Por eso el Divrei Janoj explica que un juez que acepta un soborno, aunque finalmente dicte una sentencia justa, sigue siendo considerado alguien que está "solo". Para ser un auténtico socio de Dios en la Creación, el juez debe ser íntegro de principio a fin. No basta con actuar correctamente. Sus sentimientos también deben reflejar un compromiso absoluto con la justicia. De aquí aprendemos que no es suficiente hacer lo correcto. También se espera que sintamos de la manera correcta, alineando nuestras emociones con la voluntad de Dios.

De acuerdo con el comentarista Torat Avot, existen dos niveles de verdad. El primero es el nivel intelectual, basado en el conocimiento y el razonamiento. El segundo, más elevado, es el nivel emocional, que brota de la sabiduría del corazón. Esto no disminuye en absoluto el valor del conocimiento intelectual. Sin embargo, es esencial que la Torá que adquirimos con nuestra mente impregne también en nuestro corazón. Con frecuencia, el estudio de la Torá transforma nuestra manera de pensar. Pero debemos asegurarnos de que también transforme nuestra manera de sentir.

Que todos tengamos el mérito de mirar hacia nuestro interior y vivir una vida de auténtica verdad, permitiendo que la Torá penetre en nuestros corazones y transforme nuestros sentimientos. Así podremos estar a la altura de los elevados estándares de conducta que Dios espera de nosotros y merecer que Él nos juzgue con benevolencia.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.