Por qué el mundo siempre ha odiado a los judíos


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Bajo el sol de Miami, mi nieto de cuatro años construía castillos de arena hasta que unos desconocidos lo escupieron. En ese instante recordé que la única respuesta al odio es un orgullo judío más profundo.
Durante las vacaciones de invierno con mis hijos en Miami, estaba feliz de disfrutar tiempo de calidad en familia. Una mañana llevé a dos de mis nietos a la playa. Mi nieta y yo recorríamos la orilla buscando caracoles mientras mi nieto de cuatro años jugaba en la arena.
Con la kipá sobre su cabeza y los tzitzit ondeando sobre su pequeño cuerpo, se acomodó con baldes y palitas, construyendo castillos, cavando fosos y dejando volar su imaginación. Yo me quedé allí, absorbiendo en silencio la dulzura del momento.
Mientras mi nieta y yo tamizábamos la arena, miraba a mi nieto de reojo. Un grupo de adolescentes pasó caminando. Noté que se detuvieron alrededor de él y que él los miraba con su habitual sonrisa luminosa. Pasaron unos segundos. Se reían. Me dije que probablemente le estaban diciendo algo amable, como: “Hola, campeón, ¿te estás divirtiendo? ¡Nosotros también construíamos castillos de arena!”.
Para cuando llegué hasta ellos, ya se habían alejado hacia el paseo marítimo. Me volví hacia mi nieto. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—¿Qué pasó?
—Bobe —dijo con la voz entrecortada—, me escupieron.
No podía comprenderlo. ¿Escupieron a mi dulce e inocente niño, que no sería capaz de hacerle daño ni a una mosca, que ama a los cachorros y los helados?
—Y después me tiraron esto, Bobe.
Señaló un trozo duro de plástico rojo y pegajoso que estaba en la arena. Lo habían llenado de hielo en su bebida.
—¿Por qué me hicieron eso? ¡Me dolió y es asqueroso!
Su rostro reflejaba mi corazón destrozado.
Sequé sus lágrimas, limpié el rostro de mi nieto de la saliva y la sustancia pegajosa, y lo abracé con fuerza. Pero el dolor permanecía.
Mi nieto no es un niño que crece en Hungría. Estamos bajo el sol de Miami, rodeados de hoteles y del océano resplandeciente. ¿De verdad acaba de pasar esto?
Recordé a mi tío contándome cómo caminaba a la escuela en Hungría cuando tenía cinco años. Cada día le escupían y le gritaban “judío sucio”, “idishe shvine”. Pero mi nieto no es un niño que crece en Szeged. Estamos bajo el sol de Miami, rodeados de hoteles y del océano brillante. ¿De verdad acaba de pasar esto?
Este es el mundo en el que están creciendo nuestros hijos. Oímos hablar de las grandes historias de odio contra los judíos, la masacre en Bondi Beach, los asesinatos en la sinagoga de Manchester, los homicidios en el Museo Judío del Capitolio, las esvásticas pintadas como grafitis y la violencia en los campus universitarios. Pero los pequeños incidentes, como escupir a un niño judío de cuatro años que juega en la arena en la playa, esos no se cuentan.
En ese momento me dije que no pondría mi energía en tratar de entender el odio. He estado en las cámaras de gas de Auschwitz, donde mi bobe, por quien fui nombrada, dio sus último aliento. He caminado por los campos de exterminio de Majdanek. He intentado encontrar mi voz en los silenciosos barracones de Birkenau. He mirado las chimeneas de los crematorios dando testimonio del sufrimiento de nuestro pueblo.
Los Tucker Carlson, Candace Owens y Nick Fuentes del mundo no son algo nuevo. Simplemente ahora tienen una forma más fácil de difundir su rabiosa animosidad. Como un cáncer maligno que se multiplica y se extiende, avanzan sin freno. No perderé tiempo justificando miles de años de antisemitismo cruel ante mi niño.
No. Es hora de que pongamos nuestra fuerza vital en el espíritu de nuestra nación. No cambiaremos a los que odian. Esta es una lucha por nuestra vida. Una batalla entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la verdad y la mentira. Les contaré a mis hijos, a mis nietos y a todos nuestros niños la historia de nuestro pueblo. Daré voz a nuestro coraje, nuestra tenacidad y la fe de una nación que se niega a morir.
No dejes que su odio te defina. Mantente erguido en el milagro de nuestro pueblo y elige vivir como judío con orgullo, pasión y propósito.
Compartiré cómo mi madre se presentaba cada día al pase de lista en Bergen-Belsen, hambrienta, cubierta de piojos y llagas. Pero mientras miraba a los nazis con sus botas altas y sus rifles en las manos, se llenaba de valor y se mantenía erguida con dignidad. Se decía a sí misma: Gracias a Dios no soy una de ellos. Soy hija de profetas y reyes, una hija del pueblo judío.
La mayor respuesta que podemos dar ahora es construir hogares judíos fuertes, llevar la luz del Shabat al mundo, tener el valor de defender a nuestro pueblo, enseñar a nuestros hijos el poder de la fe y la profundidad de la sabiduría judía, y conectarnos con la resiliencia de nuestra nación.
Puedes escupirnos, difundir tus calumnias de sangre sobre nosotros, golpear tus tambores y marchar contra nosotros, pero te desafiamos. Así como nos levantamos de las cenizas del Holocausto y regresamos a casa después de 2.000 años, seguiremos levantándonos, construyendo, creyendo y viviendo orgullosamente como judíos; arraigados en nuestra fe, unidos en nuestro propósito e inquebrantables en nuestro destino.
No dejes que su odio te defina. Mantente erguido en el milagro de nuestro pueblo y elige vivir como judío con orgullo, pasión y propósito.
Am Israel Jai.
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lamentablemente el racismo se expandio por el mundo y tambien nos afecta a nosotros. Nos olvidamos del concepto de mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro. Nos indignamos por los ataques antisemitas en el mundo y callamos ante los ataques anticristianos aca entre nosotros en pleno Jerusalem. Solo podremos enfrentar a los antisemitas del mundo cuando seamos los suficientemente fuertes para enfrentar a los racistas de entre nosotros
Me duele el corazón que pasen estas cosas !
Es bendición y orgullo ser judío.
Hoy ese niño es más fuerte.
Baruj HaShem
Am Israel Jai!
Totalmente,así es, así nos defiende Hashem
Muy bonita reflexion pero debemos tambien nosotros dejar de escupir a otros.