3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Museos de todo el mundo etiquetan erróneamente antiguos artefactos judíos como “palestinos”. Eso tiene que cambiar.
En el año 66 EC, comenzó en el reino de Judea, el actual Israel, una de las mayores rebeliones contra el Imperio romano. La “Revuelta judía”, como llegó a conocerse, enfrentó a grupos de súbditos judíos contra sus brutales gobernantes romanos.
Judea, la antigua patria judía, pasó a formar parte del Imperio romano en el año 6 EC. Los súbditos judíos estaban hartos del brutal dominio de Roma y contraatacaron, expulsando a los soldados romanos de Jerusalem, la capital de Judea. Para celebrar lo que esperaban fuera el retorno al control judío independiente de su patria, los rebeldes emitieron nuevas monedas de shekel. Una de ellas, hoy conservada en el Museo Británico de Londres, fue acuñada en los años 69 o 70 y lleva la inscripción Shekel Israel, Año 4 (de la rebelión). En el reverso de la moneda figuran las palabras hebreas “Ierushalaim Hakadosh” (“Jerusalem santa”).

Es un artefacto notable de uno de los momentos más trascendentales de la historia judía. Sin embargo, el Museo Británico etiqueta esta moneda, y muchos otros objetos de Judea, como “moneda griega de Palestina”, borrando así su historia judía.
Los nombres de la tierra que hoy abarca el estado de Israel, Cisjordania y Gaza (por no mencionar las naciones actuales de Líbano, Siria, Jordania y otros) pueden resultar confusos. Aquí hay una guía rápida en seis puntos:
1. Israel. El término aparece por primera vez en la Torá, cuando un extraño misterioso, considerado un ángel en la tradición judía, le dice al patriarca bíblico Iaakov: “Ya no se dirá que tu nombre es Iaakov, sino Israel, porque has luchado con lo Divino y con los hombres y has vencido” (Génesis 32:28). El nombre Israel proviene de las palabras hebreas que significan “luchar con Dios”. En aquel momento temprano, la Torá describe la tierra del actual Israel como Canaán, llamada así por una antigua tribu no judía de la zona, los cananeos. Los judíos vivían entre ellos.
2. Reino de Israel. Tras haber sido esclavizados y luego liberados de Egipto, los judíos regresaron a la tierra de Canaán y comenzaron lentamente a construir allí un reino judío. Hace casi tres mil años, el rey David expandió un reino judío independiente de unos 200 años de antigüedad e incluyó a Jerusalem como su capital. Generalmente, esto se considera el comienzo del antiguo Reino de Israel. El hijo de David, el rey Salomón, construyó el Templo judío en Jerusalem, estableciendo a Jerusalem como centro espiritual y político de la vida judía.
3. Reino de Iehudá (Judá). Tras la muerte de Salomón, el reino se dividió en dos naciones judías separadas, gobernadas por distintos reyes: el Reino de Israel ocupaba el norte, y el Reino de Iehudá, que incluía Jerusalem, el sur. El Reino de Israel llegó a su fin cuando fue conquistado por el Imperio neoasirio en el siglo VIII AEC.
4. Judea. Iehudá permaneció como reino judío, atravesando exilios y gobiernos indirectos de imperios extranjeros, incluidos los babilonios, griegos y romanos, quienes se referían a la región como Judea.
5. Siria Palaestina. En el año 135 E C, tras otra rebelión judía, el emperador romano Adriano ordenó borrar el nombre de Judea. Eligió el nombre Siria Palaestina en referencia al antiguo pueblo de los plishtim (filisteos), un grupo griego de saqueadores marinos que se estableció en la zona del actual Gaza hace 3.000 años y que fueron enemigos acérrimos del pueblo judío, como señal de que el dominio judío en Judea había terminado definitivamente. Aunque gobernantes cristianos posteriores prefirieron llamar a la tierra del actual Israel “Tierra Santa”, el nombre Palestina se mantuvo vigente gracias a los muchos eruditos latinos que se referían a la región por su nombre romano después del año 135.
6. Estado de Israel. Tras la derrota del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, los Aliados renombraron la zona que comprende los actuales Líbano, Siria, Israel y Jordania. El territorio del actual Israel, Jordania y Cisjordania quedó bajo dominio británico con el nombre de Palestina Transjordana. En 1948, tras una votación de la ONU, se estableció el moderno estado de Israel en gran parte de la antigua Tierra de Israel. Al mismo tiempo debía crearse un estado árabe de Palestina, pero los árabes locales lo rechazaron. En su lugar, Jordania y Egipto tomaron control del territorio designado por la ONU para convertirse en un estado árabe palestino independiente. Hoy, Cisjordania está gobernada por la corrupta Autoridad Palestina y Gaza está controlada por Hamás.
Esta historia no es ningún secreto. Sin embargo, museos de todo el mundo se niegan a identificar artefactos judíos de los antiguos Reinos de Israel y Iehudá como tales, refiriéndose rutinaria —y anacrónicamente— a ellos como palestinos. De todos los muchos nombres del Israel actual, resulta curioso que solo uno, Palestina, se use una y otra vez.
Cuando el Instituto para el Estudio de las Culturas Antiguas de Chicago fue a etiquetar una jarra de su colección de 3.500 años de antigüedad, de la Edad del Bronce, señaló correctamente que fue hallada en el enorme sitio arqueológico de Meguido, en el norte de Israel. Precede al Reino de Israel, precede al Reino de Iehudá y precede al establecimiento de Palestina por casi 2.000 años. Sin embargo, este prestigioso museo la clasifica como “Hecha en Palestina”. También otros hallazgos antiguos están mal etiquetados de manera similar.
El reconocido Museo Real de Ontario, en Toronto, etiqueta objetos de la antigua Judea como palestinos. Basta observar esta lámpara de aceite de los siglos II a I AEC., hallada en el actual estado de Israel, etiquetada como originaria de “Siro-Palestina”.

En Brisbane, Australia, el Museo de Queensland también etiqueta objetos de Israel y Judea como “palestinos”. Por ejemplo, un fragmento de cerámica de 3.000 años de antigüedad se clasifica como palestino, a pesar de anteceder por milenios al uso del nombre Palestina.
Los Museos del Vaticano también etiquetan erróneamente objetos antiguos como palestinos. Obsérvese esta notable lámpara con inscripción griega hallada en Jerusalem.

A pesar de que Jerusalem era la capital del Reino de Iehudá en la época en que probablemente se fabricó la lámpara, el Vaticano afirma que procede de “Siria-Palestina”, una designación política que no existiría hasta cientos de años después.
El Louvre no es diferente. Por ejemplo, esta hoz de 7.000 años de antigüedad. Data de miles de años antes de que existieran Israel, Iehudá y Palestina, y fue hallada en 1958 en la ciudad israelí de Beerseba. Aun así, se la atribuye a Palestina y Transjordania.
El Museo Británico también etiqueta como palestinos incluso objetos extremadamente antiguos, que datan claramente del período del Reino de Iehudá. Esta inscripción funeraria del siglo VII AEC presenta escritura hebrea que identifica a la persona enterrada como “Shebna”. Sin embargo está catalogada como un artefacto palestino.
Este sello en hebreo dice “perteneciente a Jananiahu hijo de Guedaliá” y está etiquetado como palestino, un término que no se usaría hasta casi mil años después de su creación.
La explicación simple de la persistencia de los museos en etiquetar objetos de la antigua Israel, Iehudá y períodos anteriores como palestinos es la comodidad. El Instituto para el Estudio de las Culturas Antiguas de Chicago lo reconoce, afirmando que “el nombre Palestina, derivado de los antiguos filisteos, se refiere al área geográfica que comprende la mayor parte de lo que hoy es Israel y Jordania”. Llamar “palestinos” a todos los artefactos hallados en Israel puede ser simplemente la forma más fácil de caracterizarlos.
Sin embargo, esta política de facto es perjudicial. Crea la falsa narrativa de que existió siempre una entidad política coherente llamada Palestina, y que esa identidad palestina es la original y predeterminada en Medio Oriente. Etiquetar todo lo proveniente de la Tierra de Israel como palestino es ahistórico y transmite la falsa impresión de que los judíos son forasteros e ilegítimos. Estas suposiciones peligrosas se están difundiendo.
Una placa reciente en el Museo Británico que acompañaba una exposición sobre los fenicios de hace 3.000 años declaraba erróneamente: “A comienzos del primer milenio AEC, los israelitas ocuparon la mayor parte de Palestina”. El lenguaje del museo era factualmente incorrecto: no existía “Palestina”, y la presencia de dos reinos judíos en el antiguo Medio Oriente no constituía una “ocupación”. Sin embargo, este lenguaje equivocado refleja calumnias políticas actuales contra Israel y los judíos, presentándolos como personas sin lugar en el Israel contemporáneo. La insistencia del museo en etiquetar todos los artefactos israelíes como palestinos refuerza esta narrativa perezosa y peligrosa, fomentando entre los visitantes la impresión de que los judíos no tienen conexión histórica ni contemporánea con la Tierra de Israel.
La calumnia de que los judíos antiguos no tenían lugar en una Palestina que nunca existió se está expandiendo. El sitio web de la ONU afirma que “en tiempos antiguos, Palestina estaba habitada por pueblos semitas…” y que “las tribus de Israel llegaron a Palestina después de su cautiverio en Egipto”. Nuevamente, se presenta a los judíos como forasteros en una “Palestina” antigua que nunca existió.
Durante años, funcionarios de la Autoridad Palestina han alentado a museos y otras instituciones culturales a adoptar la narrativa incorrecta de que existió una “Palestina” antigua miles de años antes de que el emperador Adriano diera ese nombre a la Tierra de Israel, y que los árabes actuales de Cisjordania y Gaza —y no los judíos— son los herederos de todos los artefactos históricos hallados dentro de la “antigua Palestina”.
“El pueblo palestino es una continuación directa de los habitantes originales desde la Edad de Piedra hasta el presente”, declaró en 2024 el director de Cultura y Antigüedades de la Autoridad Palestina. “Por lo tanto, el pueblo palestino es dueño de la tierra y de la historia, y todas las antigüedades (halladas allí) son propiedad del pueblo palestino. El pueblo palestino es el heredero legítimo, y todo lo que dice la ocupación (es decir, Israel) es falso… Todo el mundo sabe que las afirmaciones sionistas ya no son históricamente aceptables”.
La UNESCO, el organismo educativo, cultural y científico de la ONU, ha designado sitios importantes como el lugar de nacimiento de Jesús, la Tumba de los Patriarcas y la antigua fortaleza judía de Betar como sitios “palestinos”. Ninguna de las descripciones de la importancia histórica de estos antiguos artefactos judíos contiene siquiera una mención de la palabra “judío”.
No todos los museos recurren automáticamente a etiquetar como palestinos los objetos hallados en la Tierra de Israel. El Museo Egipcio de El Cairo, por ejemplo, una de las grandes colecciones de artefactos antiguos del mundo, etiqueta cuidadosamente sus piezas y se resiste a la tendencia de llamar palestinos a los objetos del actual Israel.

Por ejemplo, observemos esta escena del palacio de Ramsés II en Karnak. Representa el ataque del año 1280 AEC por fuerzas egipcias contra la ciudad israelí de Ashkelon. El museo identifica correctamente a Ashkelon no como una ciudad palestina, sino israelí.
Los museos israelíes, como es de esperar, suelen ser más cuidadosos al etiquetar los objetos correctamente, designando los artefactos de la antigua Judea como tales, así como los de otras comunidades antiguas del Medio Oriente. Por ejemplo, una pieza extraordinaria del Museo de Israel en Jerusalem es un grafito tomado de la pared de la casa de un antiguo cohen que sirvió en el Templo judío de Jerusalem. El dibujo representa una menorá y otros instrumentos usados en el servicio del Templo. El Museo de Israel describe simplemente su procedencia como del Barrio Judío de Jerusalem. El museo es cuidadoso al emplear la designación adecuada: por ejemplo, al describir otra de sus piezas, una fotografía de fines del siglo XIX de una capilla cristiana en el monte Carmelo, la describe como proveniente de Palestina, que era como se llamaba la zona cuando la fotografía fue tomada.
Existe cierto precedente de museos estadounidenses que abandonaron el uso automático y ahistórico del término Palestina. En 1986, por ejemplo, el Museo Metropolitano de Nueva York realizó una exposición conjunta con el Museo de Israel de tesoros de la antigua Iehudá y de otros períodos de la historia de Medio Oriente. En lugar de etiquetar todo como Palestina, el Museo Metropolitano utilizó el término más neutral “Tierra Santa” para describir la región. Es un modelo que otros museos podrían adoptar.
El uso de Palestina como término general para describir cualquier artefacto del actual Israel está muy arraigado. Hay maneras de alentar a los museos de nuestras comunidades a evolucionar.
Aprende tu historia. Lee libros sobre la historia de Israel y de Medio Oriente. Conoce qué períodos históricos se llamaron de distintas maneras y por qué.
Escribe a los museos locales. Cuando veas un objeto mal etiquetado en tu museo local, tómate el tiempo de enviar un mensaje de correo explicando tu preocupación. La opinión del público es importante para los museos. Tus comentarios pueden tener más impacto del que imaginas.
Comparte tu conocimiento. No temas explicar por qué es problemático ignorar los nombres históricos y agrupar todos los artefactos bajo la etiqueta “palestino”. Publica, conversa, escribe cartas a los editores. Alza la voz para que los objetos de museo se etiqueten correctamente.
Hagamos oír nuestras voces, exigiendo responsabilidad y cambio.
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