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Así soy yo y no voy a cambiar, ¿o sí?

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18/09/2022 | por Rav Aharón Feldman

El libre albedrío es una cualidad singular de los seres humanos. Uno de los objetivos principales de las Altas Fiestas es aprovechar su poder.

¿Por qué somos perezosos? ¿Por qué comemos en exceso? ¿Por qué nos enojamos todo el tiempo?

Si alguna vez nos reprochan por un mal comportamiento, por lo general tenemos una sola respuesta: "así soy yo". Somos lo que somos.

En efecto, esta respuesta es una manera de decir que no somos responsables por nuestros actos. Estamos diciendo que no podemos cambiar porque así nos construyeron. En otras palabras: no tenemos el libre albedrío necesario para ser de otra manera.

"Así soy yo" es una respuesta muy popular porque, de hecho, la mayoría no creemos tener libre albedrío. Esta es una de las características del hombre moderno.

Hay buenas razones para que nos guste evitar creer que tenemos libre albedrío. Una es que nos resulta más conveniente, porque nos ayuda a evitar los sentimientos de culpa por cualquiera de nuestros defectos. Nos interesa seguir nuestros deseos más bajos y no queremos sentirnos culpables por nuestro comportamiento. Nadie necesita sentirse culpable por una naturaleza sobre la que no tiene ningún control.

Otra razón es la actitud determinista de la ciencia que ha impregnado todos los niveles de pensamiento popular. La descripción evolucionaria de los orígenes del hombre lo convierten en otro animal. Como todos los animales, somos un manojo de terminaciones nerviosas e impulsos emocionales. Los animales no tienen control sobre sí mismos. Por lo tanto, tampoco nosotros lo tenemos.

Si lo que nos define son nuestros impulsos y deseos, entonces no tenemos ninguna razón para cambiar. Los mujeriegos, los malversadores y los abusadores no tienen la culpa. Simplemente son víctimas de su naturaleza. ¿Nos cuesta llevarnos bien con nuestros vecinos? Es por culpa de nuestros padres que no nos educaron correctamente. ¿Por qué hay tanta gente en la cárcel? La culpa es de la sociedad. Y la lista continúa. Todos somos espectadores inocentes, víctimas de un mundo predeterminado.

Coronar al rey

Rosh Hashaná es un momento en el cual podemos liberarnos de esta actitud. En este es el día, el primero de tishrei, fue creado el primer ser humano. En cierto sentido, también nosotros podemos recrearnos en este día.

La creación del hombre se distingue de la de todos los seres creados antes. Él fue el primer ser con libre albedrío. Sólo él puede decidir su destino. Sólo él puede elegir entre el bien y el mal. Sólo él puede elevarse por encima de su naturaleza.

El hombre recibió esta cualidad porque Dios quiso que pudiera elegir por su libre albedrío reconocerlo y adherirse a Sus leyes. De hecho, este es el propósito por el cual Dios dio existencia a toda la creación. Para eso, el hombre necesita tener libre albedrío.

Por eso, los Sabios dicen metafóricamente que en el primer Rosh Hashaná, Dios fue reconocido por primera vez como "Rey". Similarmente, en nuestras plegarias de cada Rosh Hashaná, nos referimos a Dios como nuestro "Rey". En hebreo, "Rey" tiene una connotación especial. Un rey es un soberano que es aceptado voluntariamente por sus súbditos, a diferencia de un gobernador, que se impone sobre sus subordinados en contra de su voluntad. Dado que ahora existía un "ser con libre albedrío que podía elegir", Dios pudo ser reconocido por primera vez como un "Rey", aceptado voluntariamente por la humanidad.

Otro año

El día de la creación del hombre es también el día de su juicio. Dado que el hombre tiene libre albedrío, es responsable por sus actos. Una persona responsable debe rendir cuentas por sus acciones. Así como en ese primer Rosh Hashaná el hombre recibió la vida, así también cada año en este día Dios juzga a la persona para ver si merece vivir un año más.

Este juicio depende de que la persona haya o no usado, e intentado usar, adecuadamente su libre albedrío. Si la persona elige usarlo para subordinarse a Dios, merece la vida. De lo contrario, no la merece.

Elegir subordinar nuestras vidas al servicio de Dios no es una tarea sencilla. Eso no es posible a menos que entendamos que tenemos el libre albedrío para actuar de la forma que lo deseemos. Porque sin la capacidad para elegir, ¿cómo podríamos decidir cómo dirigir nuestras vidas?

Por lo tanto, el primer paso al acercarnos a Rosh Hashaná y su juicio es recordarnos que tenemos libertad de elección. No somos simplemente animales muy desarrollados. Somos seres humanos responsables. Tenemos la capacidad de libre albedrío. De hecho, esta es la razón misma por la cual fuimos creados. Podemos optar por evitar despertar nuestros deseos más bajos y elegir superarlos una vez que se han despertado, sin importar cuán difícil sea.

Nunca perdemos la capacidad de controlarnos a nosotros mismos. Nunca perdemos la capacidad de elegir.

La festividad de Rosh Hashaná es un momento en el cual es vital recuperar nuestra creencia en nuestro libre albedrío y reconocer que no hay nada que nos impida cambiar. La próxima vez que tengas ganas de decir "Así soy yo", en cambio debes preguntarte: "¿Cómo preferiría ser?".



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