3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año
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De hijo favorito a esclavo. De soñador profético a prisionero olvidado. Cuando Iosef lo perdió todo, descubrió lo que sus sueños nunca le habían mostrado: el verdadero significado del liderazgo judío.
Al comienzo de la porción de la Torá de esta semana, encontramos a Iosef acicalándose, compartiendo sueños proféticos de gobernar sobre su familia y luciendo un llamativo manto que proclama “el favorito de papá”. Su ensimismamiento, sus sueños de grandeza y su ostentación del favoritismo provocan la ira de sus hermanos. Ellos lo arrojan a un pozo y más tarde lo venden a mercaderes de especias que viajan rumbo a Egipto.(1)
En Egipto, los mercaderes venden a Iosef como esclavo a Potifar, uno de los nobles que sirven al Faraón. Pero después de ascender al poder en la casa de Potifar, Iosef vuelve a fallar la prueba. De acuerdo con Rashi: “Tan pronto vio que era gobernante (en la casa), comenzó a comer y beber y a rizarse el cabello”. ¿La respuesta de Dios? “¡Tu padre está de duelo y tú te rizas el cabello! Soltaré contra ti un oso”.
Ese “oso” llega en la forma de la esposa de Potifar, que fija su atención en el apuesto joven.(2) Tras fracasar en su último intento de seducción, ella hace que Iosef sea arrojado a la cárcel bajo una falsa acusación de intento de violación.
Después de 12 años pudriéndose en un calabozo egipcio, Iosef enfrenta otra prueba. Esta vez, su respuesta revela una transformación profunda, no mediante gestos grandiosos, sino por medio de un acto tan pequeño que podríamos considerarlo trivial.
En el pozo más profundo de la cultura más depravada de Egipto, Iosef, un joven traicionado por sus hermanos y encarcelado por cargos falsos, hace algo notable. Al notar a dos sirvientes del Faraón que estaban presos, realiza un simple acto de bondad: “Cuando Iosef vino a ellos por la mañana, vio que estaban abatidos. Les preguntó: ‘¿Por qué sus rostros están decaídos hoy?’” (Génesis 40:6–7). Rabenu Bejaia explica: “Iosef se preocupó por su bienestar aunque eran personas malvadas al servicio de un rey malvado”.
El momento de este gesto es asombroso. La vida de Iosef yace en ruinas. Ha estado preso sin esperanza de liberación durante 12 años. Cuando estamos en nuestro punto más bajo, preocuparse por otros resulta casi imposible. Nuestro propio dolor exige toda nuestra atención, arrastrándonos a una desesperación egocéntrica. Sin embargo, esos momentos de quebranto nos ofrecen algo precioso: la capacidad de conectar verdaderamente con el sufrimiento ajeno.
A través de su propio dolor, Iosef descubre el significado del liderazgo judío: la capacidad de salir de uno mismo y conectarse con las luchas de otra persona. Este es el legado de Moshé, a quien la Torá describe como la persona más humilde que jamás ha vivido (Números 12:3). Como suelen decir, la humildad no es pensar menos de uno mismo, sino pensar menos en uno mismo.
Los sueños de realeza en la niñez de Iosef no eran mera fantasía: eran profecías esperando cumplirse. Como una semilla que debe romperse en la tierra oscura antes de brotar, el ego de Iosef necesitaba ser aplastado para que surgiera el verdadero liderazgo. El pozo y la prisión sirvieron como el crisol de Dios, transformando su ensimismamiento en una preocupación desinteresada. El simple acto de interés genuino por dos prisioneros angustiados marca el momento en que emerge el verdadero liderazgo de Iosef.
Como es por dentro, así es por fuera. La transformación interior de Iosef se manifiesta rápidamente en el mundo exterior. Después de interpretar los sueños de los cortesanos, uno de ellos regresa a su cargo y menciona las habilidades de Iosef ante el Faraón, lo que desencadena su ascenso del calabozo al trono.
Nuestros sabios enseñan que las acciones de nuestros antepasados crean modelos espirituales para las generaciones futuras. Si la redención de Iosef comenzó cuando fue más allá de su propio sufrimiento para cuidar de otros, entonces la Torá nos está enseñando cómo lograr la redención desde los pozos de nuestras propias vidas. No debemos revolcarnos en nuestro propio dolor. Debemos darnos cuenta de que no somos los necesitados… somos los que hacen falta.
Esta semana, presta atención a las necesidades de quienes te rodean. Busca a alguien que parezca abatido. Esfuérzate por ir más allá de tus propias preocupaciones y ver su dolor. Ofrece una sonrisa, inicia una conversación. Al hacerlo, estarás sembrando las semillas de la redención: semillas del mundo perfecto y armonioso que todos anhelamos construir.
Inspirado por las clases de Rav Beryl Gershenfeld, mi rabino y director de la Ieshivá Majón Iaakov.
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