Ayudar a quienes lo necesitan

07/12/2025

5 min de lectura

Vaieshev (Génesis 37-40 )

De hijo favorito a esclavo. De soñador profético a prisionero olvidado. Cuando Iosef lo perdió todo, descubrió lo que sus sueños nunca le habían mostrado: el verdadero significado del liderazgo judío.

Comienzos nada humildes

Al comienzo de la porción de la Torá de esta semana, encontramos a Iosef acicalándose, compartiendo sueños proféticos de gobernar sobre su familia y luciendo un llamativo manto que proclama “el favorito de papá”. Su ensimismamiento, sus sueños de grandeza y su ostentación del favoritismo provocan la ira de sus hermanos. Ellos lo arrojan a un pozo y más tarde lo venden a mercaderes de especias que viajan rumbo a Egipto.(1)

En Egipto, los mercaderes venden a Iosef como esclavo a Potifar, uno de los nobles que sirven al Faraón. Pero después de ascender al poder en la casa de Potifar, Iosef vuelve a fallar la prueba. De acuerdo con Rashi: “Tan pronto vio que era gobernante (en la casa), comenzó a comer y beber y a rizarse el cabello”. ¿La respuesta de Dios? “¡Tu padre está de duelo y tú te rizas el cabello! Soltaré contra ti un oso”.

Ese “oso” llega en la forma de la esposa de Potifar, que fija su atención en el apuesto joven.(2) Tras fracasar en su último intento de seducción, ella hace que Iosef sea arrojado a la cárcel bajo una falsa acusación de intento de violación.

Cuando la caída se convierte en el avance

Después de 12 años pudriéndose en un calabozo egipcio, Iosef enfrenta otra prueba. Esta vez, su respuesta revela una transformación profunda, no mediante gestos grandiosos, sino por medio de un acto tan pequeño que podríamos considerarlo trivial.

En el pozo más profundo de la cultura más depravada de Egipto, Iosef, un joven traicionado por sus hermanos y encarcelado por cargos falsos, hace algo notable. Al notar a dos sirvientes del Faraón que estaban presos, realiza un simple acto de bondad: “Cuando Iosef vino a ellos por la mañana, vio que estaban abatidos. Les preguntó: ‘¿Por qué sus rostros están decaídos hoy?’” (Génesis 40:6–7). Rabenu Bejaia explica: “Iosef se preocupó por su bienestar aunque eran personas malvadas al servicio de un rey malvado”.

El momento de este gesto es asombroso. La vida de Iosef yace en ruinas. Ha estado preso sin esperanza de liberación durante 12 años. Cuando estamos en nuestro punto más bajo, preocuparse por otros resulta casi imposible. Nuestro propio dolor exige toda nuestra atención, arrastrándonos a una desesperación egocéntrica. Sin embargo, esos momentos de quebranto nos ofrecen algo precioso: la capacidad de conectar verdaderamente con el sufrimiento ajeno.

A través de su propio dolor, Iosef descubre el significado del liderazgo judío: la capacidad de salir de uno mismo y conectarse con las luchas de otra persona. Este es el legado de Moshé, a quien la Torá describe como la persona más humilde que jamás ha vivido (Números 12:3). Como suelen decir, la humildad no es pensar menos de uno mismo, sino pensar menos en uno mismo.

Los sueños de realeza en la niñez de Iosef no eran mera fantasía: eran profecías esperando cumplirse. Como una semilla que debe romperse en la tierra oscura antes de brotar, el ego de Iosef necesitaba ser aplastado para que surgiera el verdadero liderazgo. El pozo y la prisión sirvieron como el crisol de Dios, transformando su ensimismamiento en una preocupación desinteresada. El simple acto de interés genuino por dos prisioneros angustiados marca el momento en que emerge el verdadero liderazgo de Iosef.

Acercarse a la redención

Como es por dentro, así es por fuera. La transformación interior de Iosef se manifiesta rápidamente en el mundo exterior. Después de interpretar los sueños de los cortesanos, uno de ellos regresa a su cargo y menciona las habilidades de Iosef ante el Faraón, lo que desencadena su ascenso del calabozo al trono.

Nuestros sabios enseñan que las acciones de nuestros antepasados crean modelos espirituales para las generaciones futuras. Si la redención de Iosef comenzó cuando fue más allá de su propio sufrimiento para cuidar de otros, entonces la Torá nos está enseñando cómo lograr la redención desde los pozos de nuestras propias vidas. No debemos revolcarnos en nuestro propio dolor. Debemos darnos cuenta de que no somos los necesitados… somos los que hacen falta.

Esta semana, presta atención a las necesidades de quienes te rodean. Busca a alguien que parezca abatido. Esfuérzate por ir más allá de tus propias preocupaciones y ver su dolor. Ofrece una sonrisa, inicia una conversación. Al hacerlo, estarás sembrando las semillas de la redención: semillas del mundo perfecto y armonioso que todos anhelamos construir.


Inspirado por las clases de Rav Beryl Gershenfeld, mi rabino y director de la Ieshivá Majón Iaakov.

  1. Antes de entrar en el contenido de la parashá de esta semana, me gustaría brindar un contexto importante que aprendí al comienzo de mi camino de regreso al judaísmo. Cuando leemos el texto básico de la Torá, en particular en Bereshit y en las historias de Iosef y sus hermanos, si prestamos atención, debemos preguntarnos cómo es posible que las personas a las que consideramos nuestros antepasados casi perfectos pudieran actuar de manera tan burda. "¿Cómo podemos admirar a nuestros antepasados? ¡Tienen los mismos defectos que nosotros, y a veces incluso peores!" Hay dos partes en la respuesta a esta pregunta fundamental:
    • Nuestros sabios nos dicen que "el juicio de Dios es exacto con los justos hasta el grosor de un cabello", lo que significa que la Torá presenta errores minúsculos de manera altamente magnificada y directa. Veamos un ejemplo: cuando la Torá describe los celos asesinos de los hermanos de Iosef, los Sabios dicen que había una disputa profunda y fundamental en la que los hermanos concluyeron que Iosef estaba usurpando la realeza que, por derecho, estaba destinada a Iehudá, y que por lo tanto debía ser apartado del legado judío. Sin embargo, en algún lugar profundo de su psiquis, fueron afectados por un pequeño tinte de celos que inclinó su decisión para mal. Por eso la Torá los retrata como celosos y rencorosos de su hermano menor, buscando eliminarlo a sangre fría.
    • Entonces, ¿por qué eligió Dios retratar a personas tan justas bajo una luz tan degradante? Una respuesta es que Dios quiere que todos encontremos nuestro camino de regreso a Su senda. Una persona que se encuentra en un lugar muy oscuro, que ha cometido pecados reales que siente imperdonables, puede recibir una enorme inspiración de nuestros antepasados. A lo largo de la narración, vemos que cada uno de estos personajes, después de sus errores iniciales, se eleva por encima de sus defectos. La lección que debemos aprender es profunda: incluso las personas más justas luchan, caen y se levantan. Una famosa frase del Talmud nos enseña que "el justo cae siete veces, pero se levanta". Al ver que los hombres y mujeres más grandes de todos los tiempos también lucharon e incluso sucumbieron a sus tendencias negativas innatas, pero finalmente se elevaron hacia las alturas de la perfección humana, nos sentimos inspirados a alcanzar la grandeza sin importar lo bajo que hayamos caído. Nota: Esta pregunta me inquietó mucho este año y la respuesta que escribí aquí es lo que se me ocurrió. Otra respuesta, dada por Rav Itzjak Berkovits, mi actual Rosh Kolel, es que la Torá presenta una versión extrema de los pecados para mostrarnos hasta dónde podemos caer si tenemos siquiera una semilla de un mal rasgo de carácter. Estoy abierto a otras grandes respuestas y los invito a reflexionar y a compartirlas si las tienen.
  2. Rashi sobre Bereshit 39:6 — Y IOSEF ERA DE HERMOSA FIGURA — Tan pronto como vio que era el gobernante (en la casa), comenzó a comer, beber y a arreglarse el cabello. El Santo, bendito sea, le dijo: "¡Tu padre está de duelo y tú te arreglas el cabello! Liberaré un oso contra ti" (Midrash Tanjuma, Vaieshev 8). Inmediatamente, "LA ESPOSA DE SU AMO ALZÓ SUS OJOS".
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