Bendeciré a los que te bendigan

09/07/2025

4 min de lectura

¿Acaso el auge y la caída de naciones e imperios depende de su trato hacia el pueblo judío? La historia ofrece una respuesta.

En el Libro del Génesis, Dios hace una promesa eterna a Abraham:

“Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).

Esta sola frase estableció una regla asombrosa que ha resonado a lo largo de la historia. A través de los milenios, ha surgido un patrón sorprendente: los imperios y naciones que honraron y protegieron al pueblo judío, prosperaron. Aquellos que los persiguieron o intentaron destruirlos, eventualmente cayeron.

Asiria:

El antiguo Imperio asirio fue uno de los primeros poderes mundiales en alzarse contra Israel. En el siglo VIII AEC., Asiria conquistó el Reino del Norte, exiliando a las Diez Tribus Perdidas en el año 722 AEC. Más tarde invadió Judá y sitió Jerusalem. El sitio de Jerusalem fracasó y, en el curso de un siglo, Asiria fue aniquilada por los babilonios y medos, y su capital Nínive quedó reducida a ruinas.

Babilonia y Persia:

Los babilonios continuaron el patrón, destruyendo el Primer Templo y exiliando a los judíos a Babilonia en el 586 AEC. Sin embargo, su supremacía fue breve. No mucho después, el Imperio persa bajo Ciro el Grande conquistó Babilonia. Ciro revirtió las políticas babilónicas y permitió a los judíos regresar a Jerusalem y reconstruir su Templo.

Pero lo que comenzó como una buena relación con los judíos no duró. El Libro de Ester narra el complot de Hamán para aniquilar al pueblo judío. Aunque el plan fue frustrado, marcó un punto de inflexión. Poco tiempo después, Alejandro Magno barrió Persia, derribando el imperio y llevándolo a la ruina.

Grecia y Janucá:

Inicialmente, los griegos (especialmente bajo Alejandro Magno) mostraron respeto hacia los judíos. Sin embargo, eso cambió bajo los griegos seléucidas. En el siglo II AEC, Antíoco IV Epífanes prohibió la práctica judía, profanó el Templo de Jerusalem y buscó borrar la identidad judía. Esta opresión condujo a la Revuelta de los Macabeos y a la reinauguración del Templo, conmemorada en la festividad de Janucá. El Imperio seléucida, antaño poderoso, pronto desapareció y fue absorbido por Roma. Una vez más, la persecución a los judíos precedió al declive imperial.

Roma:

Roma comenzó como un gobernante relativamente tolerante en Judea en el 63 AEC. Pero eso cambió drásticamente en el siglo I EC. La persecución romana provocó una gran revuelta en Judea en el año 66 EC, que culminó con la destrucción del Segundo Templo en el 70 EC. Esto fue seguido por la brutal represión de la Revuelta de Bar Kojba en el año 135 EC, que resultó en una devastación masiva y gran pérdida de vidas en Judea.

Pocos siglos después, el Imperio romano de Occidente se desmoronó. Su infraestructura decayó, sus ciudades fueron saqueadas y su influencia se extinguió. El imperio que había gobernado el Mediterráneo durante medio milenio y había exiliado a los judíos fue, a su vez, exiliado de la historia.

Europa medieval:

La Europa cristiana medieval siguió el mismo camino. Inglaterra expulsó a sus judíos en 1290, seguida de Francia y luego España en 1492. Aunque la era imperial de España pareció comenzar con la expulsión judía, rápidamente entró en un período de declive, plagado de persecuciones religiosas, estancamiento económico y excesos militares. La dinastía de los Habsburgo, que gobernaba España, falló en cumplir sus deudas en cuatro ocasiones solo en el siglo XVI.

En todos los casos, la expulsión de las comunidades judías (con frecuencia el segmento más educado y económicamente vital de la sociedad) fue seguida por el declive nacional.

Rusia:

Rusia se expandió hacia el oeste en el siglo XVIII, absorbiendo en el proceso a millones de judíos. Para finales del siglo XIX, se estimaba que el 40% de los judíos del mundo vivían dentro del Imperio ruso. Los zares impusieron una interminable lista de impuestos discriminatorios y restricciones a los judíos, haciendo la vida allí prácticamente imposible. Esto llevó a un éxodo masivo de unos dos millones y medio de judíos a principios del siglo XX, la mayoría hacia América. Para 1917, el Imperio Ruso había dejado de existir, derrocado por la Revolución Bolchevique.

La Alemania nazi y la Unión Soviética:

Ningún ejemplo moderno es más devastador que la Alemania nazi. El régimen de Hitler emprendió el exterminio del pueblo judío a nivel industrial. Seis millones de judíos fueron asesinados en el Holocausto. Sin embargo, la derrota de Alemania fue rápida y total. El Reich que estaba destinado a durar mil años colapsó en doce.

La Unión Soviética también se volvió cada vez más hostil hacia los judíos (especialmente bajo Stalin), suprimiendo la cultura, la religión y las actividades sionistas judías. Aunque nunca cometió un genocidio, el antisemitismo del régimen fue sistémico e implacable durante gran parte del siglo XX. Para 1991, la Unión Soviética se había desintegrado bajo el peso de su corrupción y estancamiento.

Estados Unidos y la bendición de los judíos:

En contraste, los Estados Unidos han acogido históricamente a los judíos y se han beneficiado enormemente de sus contribuciones. Desde la ciencia y la medicina hasta la cultura, el derecho y los negocios, los judíos han desempeñado un papel desproporcionado en el éxito, la prosperidad y el crecimiento de Norteamérica, mientras que los judíos han experimentado una libertad, oportunidades y éxito sin precedentes. La aceptación de millones de judíos por parte de los Estados Unidos y su alianza con Israel son una poderosa demostración de la promesa de Dios a Abraham en Génesis 12:3.

Israel: un milagro moderno

Después de dos mil años de exilio y persecución, el pueblo judío regresó a su tierra ancestral y estableció el Estado de Israel. A pesar de enfrentar amenazas existenciales desde su creación, Israel se ha convertido en una democracia próspera y un centro de innovación.

Las naciones que apoyan a Israel suelen experimentar alianzas fuertes y crecimiento mutuo. Aquellas que lo demonizan o atacan (como Irán o las organizaciones terroristas) permanecen atrapadas en ciclos de pobreza, violencia y aislamiento internacional.

La promesa bíblica a Abraham no fue una bendición pasajera. Parece funcionar como una ley moral y espiritual de la historia. Aunque muchos factores contribuyen al auge o la caída de las naciones, el trato hacia el pueblo judío emerge como un indicador constante y revelador, y la supervivencia del pueblo judío, contra toda lógica, no es menos que sobrenatural.

“La preservación de los judíos es realmente uno de los actos más destacados e ilustres de la Providencia Divina... ¿Y qué sino un poder sobrenatural podría haberlos preservado de una manera en la que ninguna otra nación sobre la tierra ha sido preservada? La providencia de Dios no es menos notable en la destrucción de sus enemigos que en su preservación... Vemos que los grandes imperios, que en su momento subyugaron y oprimieron al pueblo de Dios, todos han caído en la ruina... Y si tal ha sido el destino fatal de los enemigos y opresores de los judíos, que sirva de advertencia para todos aquellos que en cualquier momento o bajo cualquier circunstancia se inclinen a levantar un clamor o persecución contra ellos”.

—Thomas Newton, Obispo de Bristol, Inglaterra (1704–1782)

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ISAAC ruben teitelbaum
ISAAC ruben teitelbaum
7 meses hace

Aí israel Jai!!!!

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