Benjamín Franklin es la fuente secreta de un importante texto judío

28/09/2025

4 min de lectura

Descubrí que una obra judía clave sobre la superación personal estaba basada en la Autobiografía de Franklin.

Benjamín Franklin es un personaje más grande que la vida misma en la historia estadounidense, el legendario creador de todo, desde una imprenta hasta bibliotecas públicas, patas de rana para natación hasta una universidad.

Hace algunos años, estaba dando una conferencia sobre su Autobiografía en el colegio religioso donde enseño. Si George Washington fue el padre de la nación y Thomas Jefferson su arquitecto, le dije a la clase, Franklin (que firmó todos los documentos fundacionales de los Estados Unidos), podría considerarse su inventor.

Le conté a la clase que la Autobiografía también describe que Franklin “inventó” un método de crecimiento espiritual para alcanzar la “perfección moral”.

Fue entonces cuando mi clase tomó un giro inesperado.

Una estudiante levantó la mano. “Oiga, he oído hablar de este sistema. Justo ayer lo estudiamos en una clase de Musar (superación personal). ¡Es exactamente lo mismo!”

El movimiento Musar, un enfoque judío hacia la superación ética, comenzó en la Lituania del siglo XIX y aún hoy moldea el pensamiento judío.

Curiosa, investigué más a fondo y descubrí que un texto clave de Musar estaba, de hecho, basado en la Autobiografía de Franklin.

Rav Menajem Mendel Levin, un erudito de principios del siglo XIX, publicó en 1812 un libro influyente, Jeshbón Hanéfesh (Contabilidad espiritual), que todavía se imprime hoy. Él admite que el método que propone para la superación personal no es original suyo, aunque no menciona específicamente la obra de Franklin como su modelo. Pero los detalles de su método de crecimiento espiritual están claramente inspirados en el método de Franklin para alcanzar la “perfección moral”. De hecho, los dos sistemas parecen idénticos.

Bueno, casi idénticos. Una diferencia clave revela cómo un enfoque ético judío marcadamente religioso pudo surgir de las ideas de Franklin, un deísta que creía en Dios, pero rechazaba la religión organizada. Y también explica cómo, en última instancia, pueden ser muy distintos.

El método

Los métodos de Franklin y de Levin para alcanzar la perfección moral usan una cuadrícula de 91 casillas compuesta por 13 virtudes en las que se trabaja cada día de la semana para marcar el progreso. ¿Fallaste en una virtud, digamos templanza o silencio, un miércoles? Haz una marca negra en esa casilla. ¿Te mantuviste firme? La casilla queda limpia. Cada semana, una virtud recibe atención especial, aunque las otras 12 también se supervisan. Durante un año, 52 semanas, te enfocas intensamente en cada virtud cuatro veces (4 x 13 = 52, el número de semanas en un año; ¡haz la cuenta!). Mantén tu cuaderno impecable, ¡y habrás dominado la perfección moral!

Excepto que Ben Franklin nunca lo logró, y Rav Levin dice que tú tampoco lo harás... sin la ayuda de Dios.

Las 13 virtudes de Benjamin Franklin

Una diferencia clave

Ben Franklin originalmente enumeró sólo 12 virtudes, pero un “amigo” le dijo que la gente pensaba que era orgulloso, así que añadió la Humildad como una virtud a alcanzar, y algo que confiesa nunca logró. Lo mejor que pudo hacer, escribe, fue aparentar esa virtud. Franklin describe el orgullo como la pasión más difícil de dominar. Y termina desestimando la humildad como una virtud por la que valga la pena luchar con una broma casual: “Porque incluso si pudiera concebir que la había superado completamente [su orgullo], probablemente estaría orgulloso de mi humildad”.

Esto tiene sentido. Franklin escribió su Autobiografía describiendo muchos de sus logros, la original historia estadounidense de la pobreza a la riqueza. Como deísta, él reconoce a Dios como Creador, pero realmente no le interesa el papel de Dios en sus logros. Su historia es suya; lo que hizo, dónde fracasó, pero sobre todo dónde tuvo éxito. Cosas de las que estar orgulloso.

No así Rav Levin. Para él, la humildad es la virtud central de su sistema. La figura bíblica que más cita es Moshé, descrito en la Torá como el hombre más humilde de todos. La humildad no es cosa de risa: es una virtud necesaria para alcanzar el temor y la reverencia a Dios.

Irónicamente, por mucho que Jeshbón Hanéfesh enfatiza la necesidad de que un individuo sea humilde, también exalta su posición en el mundo: no como individuo, sino como ser humano.

En una introducción filosófica a su libro, Rav Levin describe a los ángeles como perfectos… pero dignos de lástima, ya que no se han ganado su lugar en el Cielo. Tan humildes como deben ser los seres humanos ante Dios, en realidad están por encima de los ángeles, ya que tienen la oportunidad de trabajar en su propia superación.

Franklin afirma que el sistema que creó no se aplica a ninguna religión específica y está abierto a cualquiera que se esfuerce por mejorar. Rav Levin vio el potencial del sistema, aunque él sitúa en el centro a Dios, y no al ser humano. Hay lugar para la humildad ante un Dios Todopoderoso, pero también hay espacio para un gran orgullo, pues con Su ayuda podemos lograr más que los ángeles.

Entre sus otros logros, Ben Franklin inventó los anteojos bifocales, excelentes para mejorar la visión física. El sistema de Rav Levin tiene una “visión dual” más profunda. Ve a los seres humanos como humildes ante un Dios que todo lo sabe, pero orgullosos de su potencial de superación.

Iom Kipur es un día de jeshbón hanéfesh, de contabilidad espiritual, en versión intensificada. Usemos o no el sistema de Rav Levin para alcanzar la perfección moral, su mensaje de humildad humana por un lado y potencial humano por el otro puede ser un punto de partida eficaz para nuestro camino hacia la superación personal.

Haz clic aquí para comentar sobre este artículo
guest
0 Comments
Más reciente
Más antiguo Más votado
EXPLORA
ESTUDIA
MÁS
Explora
Estudia
Más
Contacto
Lenguajes
Menu
Donar
Únete a nuestro newsletter
Redes sociales
.