Jóvenes artistas mantienen vivas las historias del Holocausto


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Durante miles de años, a través del exilio y la destrucción, los pogromos, las cámaras de gas y la guerra, una verdad ha permanecido inquebrantable: el pueblo judío sobrevive gracias a la mujer judía.
Si quieres entender por qué el pueblo judío sigue aquí, tienes que entenderla a ella.
Ella es la primera en cargar, la primera en luchar, la primera en sufrir y la primera en levantarse.
Ella es la madre que susurra el Shemá al oído de su hijo dormido.
Ella es la abuela que enciende las velas de Shabat desafiando la historia.
Ella es la hija que carga el peso de generaciones y se niega a dejar que la quiebren.
Ella es la que dice la verdad y no permite que la historia sea reescrita, la que se niega a dejar que el mundo olvide.
Ella es la niña en el ático, la mujer en el desierto, la guerrera de pie ante reyes y la madre aferrándose a sus bebés mientras se los arrancan de los brazos.
Ella es la razón por la que aún estamos aquí.
Durante miles de años, a través del exilio y la destrucción, de los pogromos y las cámaras de gas, de la guerra y el terror, una verdad ha permanecido inquebrantable.
Cada vez que el pueblo judío sobrevive, es gracias a la mujer judía.
El 7 de octubre fue el día en que el mundo dejó de escuchar.
Vimos la historia judía repetirse en tiempo real.
Transmitida en cámaras GoPro para que el mundo la viera, aun así, la negaron.
Vimos madres protegiendo a sus hijos, abuelas tomadas como rehenes e hijas arrastradas hacia Gaza.
Escuchamos gritos, llantos y luego el silencio del mundo.
Raquel Goldberg-Polin
Vimos cómo la gente debatía nuestro dolor, cómo las multitudes marchaban, no por las mujeres que fueron robadas, sino por quienes las tomaron.
Vimos a nuestras hermanas, nuestras madres, nuestras hijas retenidas bajo tierra.
Cuando suplicamos al mundo que mirara, nos dijeron que calláramos.
Las mujeres judías nunca han guardado silencio.
Nunca hemos sido las que se sientan a esperar a ser rescatadas.
Nosotras cargamos a nuestro pueblo.
Luchamos, incluso cuando no deberíamos tener que hacerlo.
Sufrimos primero, pero también somos las primeras en levantarnos.
Esto no es poesía. Esto es historia.
Desde el principio, siempre ha sido así.
Durante miles de años, las mujeres judías han llevado a nuestro pueblo adelante.
Han luchado por nuestra supervivencia.
No con armas, sino con sus cuerpos, sus voces y su fe inquebrantable.
Han dado vida cuando el mundo intentó arrebatársela.
Han preservado la historia cuando otros intentaron borrarla.
Han permanecido de pie ante la destrucción y se negaron a inclinarse.
Ella es Sara, Rebeca, Raquel y Lea, las mujeres que construyeron un pueblo.
Hadas Kalderon
Ella es Miriam, de pie al borde del agua, asegurándose de que Moisés viviría para liderar.
Ella es Ester, de pie ante un rey, desafiando a un imperio.
Ella es Golda, guiando a una nación en guerra, de pie en una sala llena de hombres que dudaban de ella, negándose a ser ignorada.
Ella es Ana, escribiendo su historia para que el mundo nunca pudiera decir que no lo supo.
Ella es Hadas Kalderon, una hija en duelo que luchó incansablemente para traer a sus hijos y luego a su padre a casa.
Ella es Noa Argamani, rescatada en un milagro, sólo para volver con una madre a la que ya no podía salvar.
Noa Argamani
Ella es Raquel Goldberg-Polin, quien se negó a dejar de pronunciar el nombre de su hijo hasta que no tuvieron más opción que escucharla.
Ella es Shiri Bibas, sosteniendo a sus bebés, sin soltarlos nunca.
Ella es cada madre judía, cada hija judía, cada mujer judía que ha llevado a este pueblo adelante, que ha permanecido de pie ante la destrucción y ha dicho:
"No esta vez. No en mi turno."
Hoy, ella somos cada una de nosotras.
Durante 504 días, esperamos un milagro.
Durante 503 días, también Ariel y Kfir esperaron uno.
Durante 504 días, nos aferramos a la esperanza de que Shiri aún sostenía a sus hijos.
Durante 503 días, nos dijimos a nosotros mismos que Ariel y Kfir aún estaban en los brazos de su madre, aún vivos, aún esperando volver a casa.
Durante 504 días, el mundo guardó silencio.
No hubo milagro.
No hubo regreso a casa.
Solo quedó la verdad insoportable.
Shiri Bibas, su hijo Ariel y su bebé Kfir fueron asesinados.
Su padre, Yarden Bibas, quiere que el mundo sepa cómo murieron.
Que sus bebés no fueron baleados, ni bombardeados, ni atrapados en un fuego cruzado.
Fueron asesinados con las manos desnudas.
Sin guerra. Sin política. Sin excusas.
Sólo un odio tan profundo que pudo arrebatarle el aliento a un bebé.
El mundo quizá ya haya seguido adelante, pero nosotros no.
Cada madre judía es Shiri Bibas.
Cada madre judía que arropa a su hijo por la noche lo sostiene tan fuerte como ella lo hizo.
Cada madre judía que ve a sus hijos salir por la puerta siente el terror que ella debió haber sentido.
Cada madre judía que enciende las velas de Shabat sabe que el mundo siempre ha intentado apagarnos.
Cada madre judía sigue esperando que los rehenes regresen a casa, sabiendo que demasiados nunca lo harán.
Cada madre judía no permitirá que el mundo olvide.
Nunca nadie ha podido callar a una mujer judía.
El mundo nunca ha comprendido realmente a la mujer judía.
Han visto destellos.
Sara en el desierto.
Ester ante el rey.
Ana en el ático.
Golda al mando de una nación.
Raquel llorando por Hersh.
Shiri protegiendo a sus bebés.
Pero no nos conocen.
Porque si lo hicieran, no nos pedirían que siguiéramos adelante.
Si lo hicieran, no esperarían que inclináramos la cabeza en duelo y guardáramos silencio.
Si lo hicieran, entenderían que nunca nos hemos quebrado antes, y no lo haremos ahora.
Nos levantamos de las cenizas de los pogromos, de las ruinas de los guetos, de las voces de aquellos que no pudieron levantarse por sí mismos.
Nos levantamos del Holocausto, del exilio, del 7 de octubre, de cada intento por borrarnos.
Nos levantamos del duelo, del miedo, de la propia historia.
Nos levantamos porque no tenemos otra opción.
Porque si no nos levantamos, ¿quién lo hará?
Cada viernes por la noche, las familias judías se levantan y cantan a la mujer judía.
La llaman Eshet Jail, una mujer de valor, pero ¿realmente entienden quién es ella?
No es sólo quien nutre, es quien lucha.
No es sólo quien consuela, es quien construye.
No es sólo quien recuerda, es quien asegura que el mundo no olvide.
Ella eres tú, y nunca se detendrá.
No hoy.
No mañana.
Nunca.
La mujer judía siempre ha sido quien nos salva.
Y lo hará de nuevo.
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.
La mujer judia por su instinto de Madre ante todo es protectora, guerrera apasionada por el bien de sus hijos: sus Alimentos su techo, su abrigo, su seguridad, se priva de mucho comfort para proveerselo a sus hijos. Es la educadora, la enfermera, la Abuela, la tia, la Hermana, la Hija la Que no se descuida, la que no duerme buscabdo constantemente como sacarlos adelante. Bueno, Es poca cosa lo que he podido decir. Ella es mucho MAs. Es la que enciende las Velas de Shabat y con Ella enciende el fervor de la familia para que todos se deleiten en El Dia de Reposo.
Excelente!!
Muy cierto y explícito!
La mujer Judía es nuestro pasado, presnte y futuro! Que nunca se nos olvide