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Campos de prisioneros en Escocia

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18/01/2022 | por Yvette Alt Miller

Durante la Segunda Guerra Mundial operó en Escocia una red poco conocida de campos de prisioneros.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo unidades del ejército polaco que se habían escapado de la Europa nazi y se instalaron en Escocia, protegiendo la costa del Mar del Norte de una posible invasión alemana. A ellos se unieron los soldados judíos del ejército de Anders, liberados después de la invasión alemana a Rusia, que llegaron a Gran Bretaña a través de Irán, Palestina y de viajar alrededor de África. En el ejército polaco en Escocia había alrededor de mil soldados judíos y sus bases se consideraban territorio soberano polaco. Esta es la historia de los soldados judíos, sus experiencias positivas y negativas en esa época oscura.

Soldados polacos en Escocia

En 1939, las fuerzas alemanas arrasaron Polonia y derrotaron a las fuerzas armadas polacas en tan sólo 35 días. El general Wladyslaw Sikorski, ex primer ministro de Polonia, viajó a Gran Bretaña y formó allí el gobierno de Polonia en el exilio. Esto fue un trabajo crucial y el general Sikorski forjó cálidas relaciones con los líderes de las naciones aliadas, así como con otros jefes de estado en el exilio, cuyas tierras también habían sido ocupadas por las tropas nazis y gobernadas por líderes manejados como marionetas por los alemanes.

En junio de 1940, cuando la Alemania nazi estaba en las últimas etapas de superar al ejército de Francia y ocupar la mayor parte de Europa occidental, Gran Bretaña completó la mayor evacuación de tropas en la historia humana: 340.000 tropas aliadas fueron transportadas desde el pueblo francés de Dunkirk hacia la seguridad del Reino Unido.

El General Sikorski y Kukiel formaron bases militares por toda Escocia, especialmente en las áreas frente al Mar del Norte. También establecieron algunas prisiones militares y centros de detención. El primer centro estuvo cerca de Rothesay en la Isla de Bute. Construyeron otro en el pueblo de Tighnabruich, en Escocia continental, y más tarde en los pueblos de Kingledoors y Auchterarder.

Eventualmente, el gobierno polaco en el exilio dirigía alrededor de la mitad de una docena de centros de detención por toda Escocia. Muchos de estos centros eran prisiones atemorizantes, rodeadas de torres de vigilancia y alambre de púas, patrulladas por soldados armados. Uno de estos centros, Inverkeithing, estaba a sólo 13 kilómetros de Edimburgo, la capital de Escocia. A los habitantes locales les dijeron que las prisiones albergaban a criminales y comunistas, para que no sintieran lástima por los prisioneros. De todos modos, en las comunidades escocesas cercanas a los campos comenzaron a filtrarse historias de las espantosas condiciones que había adentro.

Algunos de los políticos más importantes en el exilio estuvieron prisioneros en esos campos, incluyendo al general Ludomil Antoni Rayski, el ex comandante de la fuerza aérea polaca, y el ex primer ministro Marian Zyndram-Koscialkowski. Algunos ciudadanos polacos y homosexuales fueron prisioneros por emborracharse o por otras razones. Sin embargo, parte de los prisioneros eran judíos.

Los prisioneros judíos

Un judío famoso que se sabe que pasó un tiempo en los campos fue el famoso poeta y escritor marxista, Isaac Deutscher. Él viajó a Inglaterra desde Polonia en 1939 para trabajar en un periódico. Ese trabajo le salvó la vida. Deutscher permaneció en Gran Bretaña después de que Alemania invadiera Polonia. Cuando Gran Bretaña movilizó sus tropas para luchar contra Hitler, decidió viajar a Escocia y ofrecerse como voluntario para luchar con el ejercito polaco en el exilio, que estaba allí asentado. Deutscher logró enlistarse, pero muy pronto lo arrestaron y lo enviaron prisionero al campo de Rothesay. Lo liberaron en 1942 y trabajó para periódicos y revistas británicos.

El 10 de junio de 1945, The New York Times anunció que el Dr. Jan Jagodzinski, el editor judío de Polpress, la agencia de noticias del gobierno polaco en el exilio en Londres, había sido "arrestado" por "oficiales" vestidos de civil en Londres. Estos eran oficiales del gobierno polaco en el exilio, y ellos arrestaron al Dr. Jagodzinski y lo llevaron a Escocia, donde lo pusieron prisionero en el campo que tenían en el pequeño pueblo de Inverkeithing. A esta altura, el gobierno polaco en el exilio tenía conciencia de que Stalin probablemente establecería un régimen comunista marioneta en el país y eso los alentó a arrestar y detener a los comunistas conocidos, como Jagodzinski. Un funcionario del ministerio de relaciones exteriores británico describió el arresto como "simplemente un procedimiento policial accidental" y aseguró que el ataque al Dr. Jagodzinski fue "muy desafortunado".

Por lo menos hubo otros dos judíos que también fueron alejados de Londres por las fuerzas polacas: Benjamín y Jack Ajzenberg eran hermanos y fueron arrestados en Londres por oficiales polacos, con la ayuda de la policía británica, y encarcelados, sin juicio, durante dos meses en Escocia hasta que los liberaron. Lo que les ocurrió a ellos sólo se hizo público en febrero de 1941, cuando un miembro judío del parlamento, Samuel Silverman, preguntó sobre ellos durante un debate en la Cámara de los Comunes. Todos los casos de presunto antisemitismo fueron investigados por Ignacy Shvartzbart, un representante judío del Consejo Polaco en Londres y se siguieron las referencias a las autoridades polacas.

Un trato brutal

Aunque no se sabe exactamente cuántos judíos y cuántas personas estuvieron prisioneras y sufrieron un trato brutal en estos campos, sí hubo algunos registros. El 29 de octubre de 1940, en el campo en la zona rural escocesa de Kingledoors, un guardia mató de un disparo a un prisionero judío, Edward Jakubowsky, y justificó sus actos diciendo que el señor Jakubowsky había sido "insolente". Como el campo era considerado territorio polaco, en el momento no se le informó a la policía de Escocia.

En el 2016 Simón Webb publicó "British Concentration Camps: A Brief History from 1900-1975", describiendo de forma controvertida los centros de detención como campos de concentración. Él escribió que en el campo en Inverkeithing, finalmente los periodistas pudieron hablar con los prisioneros en 1945. Un judío de 23 años llamado Iosef Dobosiewicz les dijo a los periodistas que previamente él había luchado con el ejército canadiense. Hacía más de dos meses que estaba detenido en Inverkeithing y había visto a prisioneros encadenados en sus celdas. Otro prisionero les dijo a los periodistas que él había estado previamente en un campo de prisioneros de guerra alemán, y las condiciones allí eran mucho mejores que en el campo polaco que funcionaba en Escocia. Los periodistas también descubrieron que sólo dos semanas antes le habían disparado a un prisionero cuando trataba de escapar y este murió a causa de las heridas.

La mayoría de las denuncias fueron sólo rumores y los casos confirmados se relacionaban primordialmente con el abuso verbal antisemita. El periódico "Scotsman" publicó un artículo de Webb sobre su libro en el que reconoció que las alegaciones de la existencia de campos de concentración polacos, tal como se entiende hoy el término, no habían sido probadas.

Los miembros del parlamento británico despiertan preguntas

Además del señor Silverman, unos pocos miembros del parlamento británico presentaron sus preocupaciones respecto a las tácticas brutales de las fuerzas polacas en Escocia. En 1942 el parlamentario Adam McKinley formuló formalmente una pregunta respecto a lo que estaba ocurriendo detrás de las murallas de la prisión en la Isla de Bute. Con la esperanza de evitar cualquier tensión con su aliado de guerra, los británicos no brindaron ninguna información. El Acta de las Fuerzas Aliadas aseguraba que el gobierno británico no tenía derecho de supervisar lo que ocurría en las prisiones dirigidas por los polacos ni en sus bases, ni siquiera los pocos casos de quejas sobre graves abusos. De todos modos, los polacos tenían conciencia de que los británicos no aprobaban el comportamiento antisemita y, aunque no siempre de forma efectiva, trataron de negociar con aquellos que causaban fricciones.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo primer ministro británico, Clement Attlee, presionó a las autoridades polacas para que cerraran los campos de prisioneros. A finales de 1946 ya no operaban. Los registros de la época de la guerra de Gran Bretaña y de Polonia merecen ser recordados. Aunque una cuarta parte de los soldados judíos del ejército polaco desertaron al ejército británico alegando antisemitismo, la mayoría permaneció leal al ejercito polaco y sirvió valientemente en el ataque final contra los nazis y la liberación de Europa.




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