La base de todas las relaciones es respeto, no amor
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La porción de la Torá de esta semana comienza con la siguiente afirmación: “Nóaj era un ISH (hombre) TZADIK (persona recta) TAMIM (completamente recta)” (Génesis 6:9). La palabra ISH es un cumplido por sí misma, y las descripciones adicionales añaden honor tras honor a Nóaj ¡Ninguna otra personalidad es descrita con tantos elogios consecutivos en un solo versículo!
El primer versículo del Libro de Salmos enseña: “Bienaventurado el hombre (ISH) que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los burladores”. El Midrash Sojer Tov, en nombre de Rabí Iehudá, comenta que la frase “Bienaventurado el hombre (ISH)” se refiere a Nóaj, ya que Nóaj es llamado ISH, como en nuestra parashá.
¿Por qué se describe a Nóaj como “bienaventurado”? Según el Midrash, Nóaj fue afortunado porque no siguió los caminos de las tres categorías de personas (impíos, pecadores, burladores) mencionadas en los Salmos. Estas tres categorías negativas corresponden a las tres generaciones que surgieron en el mundo durante la vida de Nóaj: la generación de Enosh (nieto de Adam, que inició la práctica de la idolatría); la generación del Diluvio (sumida en comportamiento inmoral); y la generación de la dispersión (que construyó la Torre de Babel para luchar contra Dios). Fue buena fortuna de Nóaj no transitar por los caminos de ninguna de estas tres generaciones.
El Midrash enseña que Nóaj pasó toda su vida rodeado de maldad y perversión, y aun así logró convertirse en una de las personas más rectas que jamás existieron. Esto es una hazaña notable. ¿Cómo es posible que una persona mantenga un nivel tan alto de espiritualidad mientras está rodeada de un ambiente de depravación y corrupción?
Un pasaje del Talmud nos ayuda a resolver esta pregunta. Ben Zoma dice: “¿Quién es un sabio? Aquel que aprende de todos” (Avot 4:1). Esta es una afirmación curiosa. Parece razonable querer aprender de personas rectas, pero ¿qué hay de sabio en aprender de los impíos?
El Rebe de Berditchov señala que las personas rectas son capaces de percibir cualidades positivas incluso en las situaciones más negativas. De todo lo que encuentran, aprenden a servir mejor a Dios.
Por ejemplo, si una persona recta presenciara a alguien entregado con pasión a un pecado, reconocería y valoraría el tremendo poder motivador de esa pasión. Sin embargo, en lugar de tomar ese poder y usarlo para fines negativos, la persona recta lo redirigiría hacia un propósito significativo. El hecho de canalizar correctamente la pasión tiene el potencial de transformar el cumplimiento mecánico y estéril de las mitzvot de Dios en una observancia impulsada por entusiasmo y fervor. (Kedushat Levi, final de Parashat Bereshit)
Nóaj personificó esta habilidad de canalizar fuerzas negativas hacia un propósito superior. Una alusión de esta idea se encuentra en su nombre. La Torá nos dice (Génesis 6:8) que Nóaj encontró jen (favor) ante los ojos de Dios. El nombre NÓAJ (nun-jet), al invertirse, forma la palabra JEN (jet-nun). ¡Nóaj encontró favor ante los ojos de Dios al dominar el arte de la inversión! Él tenía la capacidad de redirigir toda energía de un objetivo negativo a uno positivo.
Por eso un sabio aprende de todos. En lugar de corromperse por su generación malvada, Nóaj la utilizó como una oportunidad para crecer espiritualmente. ¡Tenía disponibles a los “mejores” maestros! Todo lo que Nóaj tenía que hacer era aprender a tomar su ingenio, arrogancia, pasión, envidia y celo, y utilizarlos de manera productiva y constructiva para acercarse a Dios.
Que todos aprendamos a transformar la energía y la motivación de cada fuerza en acción positiva para convertirnos en la mejor versión posible de nosotros mismos.
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