Canalizar nuestros dones Divinos

08/03/2026

5 min de lectura

Vaiakel-Pekudei (Éxodo 35-40 )

En el 2015, mi amigo más cercano de la universidad (un brillante químico cuyo trabajo había sido publicado en revistas científicas) se volvió un judío observante casi de la noche a la mañana. Su mente científica siempre había estado acompañada de curiosidad espiritual, pero este cambio tan dramático en la dirección de su vida me tomó completamente por sorpresa. Aun así, valoraba nuestra amistad y continué visitándolo y conversando con él sobre su nuevo camino espiritual.

Durante nuestras conversaciones, compartió ideas judías que me intrigaban y me desafiaban. La historia de Abraham, mi tocayo hebreo, que se enfrentó al mundo entero luchando por la verdad, resonó profundamente conmigo, especialmente porque yo mismo había comenzado a desarrollar una relación con Dios.

Antes de irse a estudiar Torá en Israel, me invitó a experimentar un Shabat con él. Aunque su observancia religiosa me desconcertaba, acepté la invitación. Ese Shabat me abrió los ojos a algo nuevo: 25 horas sin tecnología, sin trabajo, sin distracciones.(1)

Seis meses después, en medio del doloroso final de una relación turbulenta, me encontré recordando esa experiencia de paz y desconexión. Decidí ir a la sinagoga para los servicios del viernes por la noche por primera vez desde mi Bar Mitzvá, 13 años antes.

El primer paso

El momento en que llegamos no pudo ser peor: mis padres y yo llegamos justo cuando estaban cerrando las puertas. Pero mientras regresábamos a casa esa noche, algo me impulsó a poner una grabación en inglés de la porción semanal de la Torá:

“Moshé reunió a todos los hijos de Israel y les dijo:
‘Tomen de ustedes ofrendas para Dios; todo aquel cuyo corazón se sienta inspirado traerá una ofrenda para Dios: oro, plata…’ Y todos aquellos cuyos corazones se sintieron inspirados llevaron ofrendas para la obra del Tabernáculo… Y los artesanos dijeron a Moshé: ‘¡La gente está trayendo más de lo necesario!’ Entonces Moshé proclamó: ‘¡Que ningún hombre ni mujer traiga más ofrendas para el Mishkán!’ Y el pueblo fue contenido de seguir trayendo”. (Fragmentos de parashat Vaiakel)

En medio de una porción de la Torá llena de detalles técnicos de construcción, encontré inspiración en estos pasajes: “¡Mira la pasión con la que el pueblo judío dio para construir una Casa para Dios!”, exclamé.
“¡Estaban tan abrumados por el deseo de conectarse con Él que su generosidad fue tanta que tuvieron que detenerlos para que no siguieran llevando donaciones!”

Esa noche di mi primer paso hacia la observancia judía: apagar mi teléfono durante el Shabat.

De la profanación al destino

Durante el año siguiente, mi vida cambió rápidamente. Solo semanas después de ese primer Shabat, viajé a Israel, donde comencé a ver el valor de mi religión por primera vez. Redirigí la energía que había invertido en meditación, yoga y otras prácticas de crecimiento espiritual hacia el judaísmo. Comencé a guardar Shabat, a ponerme tefilín todos los días y a comer kasher.

Un año después, mientras conducía de regreso de un proyecto de trabajo, puse una grabación de la porción semanal de la Torá para prepararme para Shabat. Escuché una historia familiar: Moshé invita al pueblo a traer donaciones para el Tabernáculo; sus corazones se llenan de inspiración y su generosidad se desborda. Me detuve a un lado del camino y lloré de alegría. ¡Era el aniversario de mi primer paso hacia la observancia judía! En solo un año, mi vida había cambiado completamente. Antes perseguía una vida vacía de verdadero significado. Ahora mi vida estaba llena de propósito eterno, conectada con la vasta y hermosa herencia del judaísmo. Me sentía más feliz, satisfecho e inspirado que nunca antes.

Entonces llegó una idea aún más profunda. La semana anterior, en la parashá Ki Tisá, el pueblo judío también había llevado donaciones… pero de una naturaleza mucho más oscura. Allí usaron su oro para construir el Becerro de Oro. La misma pasión, el mismo entusiasmo, los mismos recursos… pero con un resultado completamente diferente.

Los donativos de la porción de la Torá de esta semana no solo representaban la efusión de generosidad de la nación judía. Representaban un cambio completo de prioridades y valores. En lugar de usar su riqueza para la idolatría, la estaban utilizando para cumplir la voluntad de Dios y construir Su sagrado Santuario.

Mi propio camino reflejó una transformación similar. Antes había usado mi pasión y mi impulso de autorrealización en la búsqueda de placeres sin sentido y de esfuerzos que no terminaban de llenarme. Ahora estaba dirigiendo esa energía para convertirme en el hombre que Dios me creó para ser.

Redirigir nuestros recursos

Más tarde descubrí que el poder de transformar nuestras tendencias naturales es un principio fundamental del pensamiento judío. El Talmud(2) afirma: “Quien nace bajo la influencia de Marte será alguien que derrama sangre. Rav Ashi dijo: Será un sangrador (médico que practica sangrías), o un ladrón, o un matarife ritual kosher de animales, o circuncidará niños”. Este pasaje nos muestra que el mismo rasgo (derramar sangre) puede conducir tanto al servicio sagrado como a la destrucción. La materia prima permanece constante; la diferencia está en cómo la canalizamos.

Esta sabiduría va mucho más allá de su contexto antiguo. A todos se nos ha dado una combinación única de recursos espirituales, emocionales y físicos. El impulso incansable del emprendedor puede construir o destruir. La sensibilidad del artista puede crear belleza o hundirse en la desesperación. El carisma del líder puede elevar a otros o manipularlos.(3) Tenemos el libre albedrío para usar estos dones como queramos: para construir un Tabernáculo que albergue lo Divino, o para construir un becerro de oro que solo nos sirva a nosotros mismos. En palabras de Rav Lawrence Kelemen: “Todo puede usarse para su propósito o para lo contrario”.

Este Shabat, tómate un momento para examinar tu propio “oro”; aquellas cualidades y recursos que posees en abundancia. Pregúntate: ¿los estoy usando para construir algo significativo? ¿Qué pequeño cambio en mi intención podría redirigir su poder hacia un propósito más grande?(4)

¡Que todos tengamos éxito en desarrollar nuestro máximo potencial y en usar todo lo que se nos ha dado para servir al propósito supremo!


  1. Lo que más me impactó fue la calidez de completos desconocidos que me recibieron en sus casas, me sirvieron comidas deliciosas y me permitieron participar en conversaciones significativas.
  2. (Shabat 156a)
  3. Irónicamente, el mayor recurso que se nos ha dado es uno que muchas veces ni siquiera reconocemos como recurso. El recurso más esencial de todos es el tiempo. La manera en que distribuimos ese recurso es una manifestación del “Dios” que adoramos. Piénsalo por un momento: ¿dónde inviertes tu tiempo? ¿Adoras el éxito financiero? ¿La aprobación social? ¿Una liga de deportes de fantasía? ¿La gratificación egoísta? ¿O estás sirviendo a algo más elevado? Nadie es perfecto, pero todos podemos hacer pequeños cambios para mejorar nuestras vidas y hacer que nuestro tiempo sea sagrado. Para mí, el primer paso para santificar mi tiempo fue apagar mi teléfono durante Shabat. Ese pequeño acto llevó a muchos otros, y con cada acción mi vida se fue llenando más de significado y santidad. Hoy vivo una vida de la que estoy sinceramente orgulloso. No siempre, pero en su mayor parte.
  4. En Hábitos atómicos, el influyente libro sobre cómo crear hábitos exitosos y eliminar malos hábitos, James Clear sugiere construir hábitos de 2 minutos para minimizar la resistencia interna y maximizar la constancia. ¿Qué dos minutos podrías cambiar para construir una vida más alineada con tus valores? ¿Qué hábito de dos minutos podrías empezar para lograr ese objetivo?
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