3 desafíos urgentes que los judíos debemos enfrentar este año


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Las acusaciones de Candace Owens sobre el Talmud y el rol de los judíos en el comercio de esclavos son completamente falsas.
Candace Owens ha vuelto a reciclar antiguas acusaciones contra el judaísmo, presentándolas como “revelaciones históricas”. Entre otras cosas, ella afirma que el Talmud promueve el desprecio hacia los no judíos y que los judíos fueron responsables del comercio de esclavos. Estas acusaciones no son nuevas, pero sí peligrosas, porque se apoyan en distorsiones históricas y textos falsificados.
Analicemos qué dice realmente el Talmud y qué muestran los hechos históricos.
El Talmud no es un libro ideológico ni un manifiesto político. Es una recopilación de aproximadamente cinco siglos de debates rabínicos que buscan responder una pregunta central: cómo vivir la ley bíblica en todos los aspectos de la vida cotidiana. Incluye discusiones legales, éticas, filosóficas y espirituales, muchas veces con opiniones divergentes, que reflejan la complejidad del pensamiento judío.
Reducir el Talmud a una colección de frases aisladas, sacadas de contexto y filtradas por autores hostiles, no solo es intelectualmente deshonesto, sino históricamente irresponsable.
Gran parte de las citas que circulan hoy en las redes sociales no provienen del Talmud, sino de un libro antisemita del siglo XIX titulado El judío talmúdico, escrito por August Rohling en 1871.
Rav Joseph Bloch expuso públicamente las falsedades de Rohling y lo desafió a demostrar que podía leer el Talmud en su idioma original. Al ver que su reputación estaba en juego, Rohling demandó al rabino por difamación. El tribunal de Viena decidió nombrar revisores expertos y accedió al pedido del demandante de que rodos fueran cristianos de "sangre pura". Tras analizar sus afirmaciones durante dos años, quedó claro que su obra era indefendible. Antes de que se emitiera el fallo, Rohling retiró la demanda que él mismo había iniciado, debió pagar los costos y perdió su puesto académico. Pero aquí no terminó la historia. Sus ideas fueron resucitadas décadas después por Julius Streicher, el propagandista nazi y desde entonces han circulado ampliamente entre los neonazis. Estas supuestas “citas talmúdicas” están hoy por todas las redes sociales y son muy populares entre quienes odian a los judíos y a Israel.
Candace dijo: “Él no solo me odia a mí, también te odia a ti. A los hombres blancos. Odia a todos los negros”.
Pirkei Avot (Ética de los Padres) declara claramente:
“Amado es todo ser humano, porque fue creado a imagen de Dios” (Avot 3:14).
Y también enseña:
“Ama a todas las criaturas y acércalas a la Torá” (Avot 1:12).
No dice “solo a los judíos”. El judaísmo afirma que todo ser humano tiene dignidad infinita, y que tanto judíos como no judíos justos tienen un lugar en el mundo venidero. La diferencia entre judíos y no judíos no es de valor humano, sino de responsabilidades espirituales: los judíos están obligados a 613 mitzvot; los no judíos, a las siete leyes universales de Noaj.
Candace declaró: “Si sigue las reglas del Talmud… creen que somos animales, que tienen derecho a poseernos …. que tienen derecho a mentirnos, engañarnos, demandarnos y quitarnos todo lo que tenemos”.
Esta afirmación proviene de una mentira que Rohling tomó de una polémica antitalmúdica aún más antigua, escrita en 1700 por Johann Eisenmenger.
El Talmud discute, en un contexto legal muy específico, si el cadáver de un no judío transmite impureza ritual. Por un lado, podría pensarse que no, porque las leyes de impureza ritual no forman parte del sistema noájida. Por otro lado, el versículo en Números 19:14 habla de “Adam” que muere en una tienda, y “Adam” es una de las palabras usadas para la humanidad en general.
El Talmud responde señalando algo específico del lenguaje bíblico. En Ezequiel 34:31, Dios dice a Israel: “Ustedes son Mi rebaño… ustedes son Adam”. Es decir, a veces “Adam” se usa en un sentido de identidad de pacto, refiriéndose a Israel. El Talmud concluye que, en ese contexto, la impureza ritual no se aplica a cadáveres no judíos, no porque no sean humanos, sino por el uso específico del término.
Rohling añadió fraudulentamente la frase “porque los no judíos son animales”, algo que no aparece en el texto. La Biblia tiene cuatro términos para “ser humano”: ish, enosh, guever y adam. Los tres primeros se aplican siempre a judíos y no judíos, lo que demuestra que la visión bíblica y talmúdica considera plenamente humanos a todos.
En ningún momento dice que los no judíos no sean humanos. De hecho, el propio Talmud enseña que todos los seres humanos, judíos y no judíos, compartimos aspectos biológicos similares a los animales y, al mismo tiempo, cualidades espirituales —como la inteligencia y el habla— que nos asemejan a los ángeles (Jaguigá 16a).
Además, el Talmud en Jaguigá 16a enseña que todos los seres humanos —judíos y no judíos— tenemos aspectos en los que somos como animales (funciones biológicas) y aspectos en los que somos como ángeles (inteligencia, habla y capacidad espiritual).
August Rohling, incapaz de leer o entender el Talmud, copió esta distorsión de Eisenmenger, y así el error fue repetido palabra por palabra por Candace Owens.
Candace también dijo que los judíos pueden mentir, engañar o robar a no judíos. Sin embargo, Bava Kama establece explícitamente que está prohibido robar a cualquier persona, judía o no judía, incluso a un idólatra que rechaza todas las leyes. El Talmud prueba esto a partir de Levítico 25:48, donde se enseña que un judío vendido como siervo a un idólatra debe ser redimido pagando el precio completo, sin engaño. La honestidad no depende de la identidad del otro, sino del propio compromiso moral.
Pasemos ahora a su acusación sobre el comercio de esclavos:
“Les suplico a las personas en sus casas que despierten ante estas personas que se creen señores contractuales. Desafío a los afroamericanos a despertar a su verdadera historia, porque su lucha no es con los hombres blancos… Los judíos fueron quienes comerciaron con nosotros. Los judíos estaban en control del comercio de esclavos”.
Esto es una gran novedad. Los blancos nunca persiguieron a los negros. Solo los judíos lo han hecho.
Históricamente, esta acusación es falsa. El comercio de esclavos involucró a múltiples pueblos, imperios y grupos. Entre millones de personas involucradas durante siglos, también hubo algunos judíos. Pero los estudios académicos de historiadores de renombre mundial coinciden en que la participación judía fue mínima y marginal.
Por ejemplo, el historiador David Brion Davis, profesor de Yale y uno de los mayores expertos en el tema, escribió que el sistema esclavista involucró a árabes, bereberes, múltiples grupos africanos, italianos, portugueses, españoles, holandeses, judíos, alemanes, suecos, franceses, ingleses, daneses, norteamericanos blancos, nativos americanos e incluso negros liberados que luego se convirtieron en propietarios de esclavos.
Candace ignora deliberadamente todos estos grupos y señala solo a los judíos. Pero Davis remarca que, por ejemplo, en el año 1830 había 120 judíos en el sur de Estados Unidos que poseían más de 20 esclavos, frente a 45.000 no judíos que tenían la misma cantidad de esclavos. Con más de 50 esclavos, había 20 judíos y 12.000 no judíos.
Presentar a los judíos como los responsables principales no es historia: es un viejo tropo antisemita que busca un chivo expiatorio.
Para concluir, el Talmud enseña que quien es insultado y no insulta, quien escucha su vergüenza y no responde con odio, se asemeja al sol que brilla con toda su fuerza (Shabat 88b, Jueces 5:31). No se trata de pasividad, sino de responder a la mentira con verdad y a la oscuridad con luz.
Porque el judaísmo no se defiende con gritos, sino con verdad.
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