La hipocresía de Lamine Yamal ondeando una bandera palestina


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Ignoremos el odio y elevemos la luz.
La semana pasada, Piers Morgan, cuyo programa tiene más de 4 millones de suscriptores en YouTube, recibió como invitada a la virulenta y desvergonzada antisemita Candace Owens. Llena de odio hacia el estado judío y el pueblo judío, Candace comenzó calificando a Israel como un estado terrorista y acusando falsamente a Israel de perpetrar un genocidio y un holocausto al asesinar indiscriminada e intencionadamente a niños inocentes en Gaza. Describió a AIPAC como el dueño de la política estadounidense y afirmó que soldados americanos han muerto y seguirán muriendo por Israel.
“Yo diría, como estadounidense, que si vamos a apoyar un cambio de régimen, debería ser primero en Israel… Creo que [esa sería] la postura de mucha gente que está despertando al hecho de que el sionismo sólo nos ha traído dolor en Norteamérica. ¿Puedes nombrar una sola cosa positiva que los sionistas hayan contribuido a los Estados Unidos?”.
Al concluir la entrevista, Piers cerró diciendo: “Candace, siempre es bueno tener tus opiniones en Uncensored. Sabes que te agradezco que hayas venido. Gracias”.
¿“Bueno tener tus opiniones”? ¿Sería bueno escuchar las opiniones de un supremacista blanco, de un miembro de ISIS, de un racista descarado o de cualquier otra persona llena de odio hacia un pueblo en particular y mentiras sobre toda una nación?
Alguien me compartió este clip y sólo vi unos pocos momentos, pero fue suficiente para hacerme querer atravesar la pantalla, corregir las mentiras y aclarar los hechos, tanto a la invitada antisemita como al anfitrión que ha vendido su alma por obtener vistas al dar plataforma a individuos tan viles. Escucharlos, aunque fuera por tan breve período de tiempo, y luego escuchar esa conclusión de que era “bueno tener sus opiniones”, hizo que mi presión arterial subiera, mi pulso se acelerara y mi estómago se revolviera.
¿Por qué permitir que tales distorsiones, mentiras, odio y noticias falsas ocupen espacio en tu mente?
Cuando me calmé, me pregunté: ¿por qué vi eso? ¿Por qué les permití ocupar espacio en mi cabeza y mi corazón? No afectaron mis creencias ni mis opiniones en lo más mínimo, y obviamente yo no los influencié a ellos. Todo lo que logré fue darles otra “vista” en línea y sentirme terriblemente molesto. En retrospectiva, no podría haber sido un peor uso de mi tiempo.
Escuchar las distorsiones, mentiras, odio y noticias falsas sobre Israel en podcasts, clips virales, redes sociales e incluso en algunos programas de noticias convencionales es indignante, enloquecedor y, en última instancia, improductivo. Si realmente nos importa nuestro amado pueblo y la tierra de nuestro pueblo, hay maneras mucho mejores de usar nuestro tiempo.
En su libro La teoría Let Them. La clave está en soltar, Mel Robbins describe un fenómeno casi universal: querer controlar a todos y todo lo que nos rodea. Queremos dictar lo que la gente dice, cree y hace, y cuando no podemos, eso nos frustra enormemente y a menudo nos hace sentir estancados.
La teoría Let Them enseña cómo dejar de malgastar energía en lo que no puedes controlar y empezar a enfocarte en lo que sí puedes: TÚ.
La teoría se compone de dos partes: "Déjalos a ellos" y "Déjame a mí". Cuando encuentres a alguien hablando, comportándose o creyendo cosas que te molestan, te frustran o te decepcionan, dite a ti mismo: Déjalos. Déjalos pensar eso, déjalos decir eso, déjalos hacer eso. Déjalos.
Cuando dices "Déjalos", tomas una decisión consciente de no permitir que el comportamiento de otras personas te afecte. Cuando dices "Déjame", asumes la responsabilidad de lo que TÚ harás a continuación.
Pero la teoría sólo funciona si va seguida de "Déjame". Déjame enfocarme en mí mismo, en mi vida, en mi felicidad, en lo que puedo controlar, en lo que debo hacer, en quién debo ser.
Robbins escribe: "Cuando dices 'Déjalos', tomas una decisión consciente de no permitir que el comportamiento de otras personas te afecte. Cuando dices 'Déjame', asumes la responsabilidad de lo que TÚ harás a continuación."
Déjalos: tener sus opiniones, juzgar tus decisiones, pensar lo que quieran, hablar a tus espaldas.
Déjame: vivir auténticamente, enfocarme en el crecimiento, encontrar la felicidad.
La genialidad de la teoría está en su simplicidad, respaldada con evidencia científica de por qué funciona.
Reflexionando sobre el reciente triunfo de Israel sobre Irán y su éxito luchando en siete frentes durante casi dos años, uno se maravilla de la capacidad de Israel para practicar el Déjalos y Déjame. Cerrando todo el ruido del mundo, Israel se ha centrado en lo que necesita hacer y los resultados son asombrosos.
Al decir “Déjalos”, dejar que los que odian hagan ruido, y “Déjanos”, eliminar a nuestros enemigos, neutralizar amenazas existenciales y asumir un papel de liderazgo en brindar seguridad a Oriente Medio y al mundo, Israel ha logrado ganarse tanto el temor como el respeto de fuentes poco probables. Esperamos y rezamos para que esto se materialice, pero incluso la perspectiva y el rumor de que varios países que antes eran anfitriones de enemigos de Israel ahora estén abiertos a unirse a los Acuerdos de Abraham es una excelente noticia.
Rav Soloveitchik comentó que la esclavitud y la subyugación vienen en dos formas distintas: tanto en el componente físico como en la mentalidad. La esclavitud física significa que una persona está literalmente bajo el control de alguien más que decide qué puede y qué no puede hacer. El pueblo judío, que estaba bajo el dominio y control de los egipcios, fue liberado de esta forma de esclavitud en el momento del éxodo de Egipto.
Pero aún no habían sido liberados de su mentalidad de esclavos. Todavía se sentían inferiores, subordinados a la opinión y perspectiva de los demás. No sólo asumieron que otros los veían como “saltamontes”, como pequeños e inferiores, sino que permitieron que esa proyección los abrumara de miedo, los retuviera y, finalmente, los mantuviera alejados de la Tierra Prometida.
Durante 2.000 años hemos luchado por sobrevivir, subyugados por los países anfitriones que organizaron pogromos, intentaron exterminarnos o nos expulsaron. Hoy, con infinita gratitud a Dios, aunque seguimos en un estado de exilio, somos física y religiosamente libres. Sin embargo, la mentalidad de exilio, arraigada por tanto tiempo, genera un sentimiento de inferioridad, una preocupación por lo que otros piensan de nosotros. Buscamos validación por algo tan simple como nuestro derecho a existir. La verdad es que la opinión que más debería obsesionarnos es la de Dios y la pregunta de si estamos cumpliendo Su visión y misión para nosotros.
En la bendición con la que concluimos la sección de maguid en el Séder de Pésaj, expresamos nuestra esperanza de experimentar nuestra redención final, cuando alabaremos a Dios por dos cosas:
“al gueulatenu veal pedut nafshenu” – por nuestra redención y por la redención de nuestras almas.
Rav Soloveitchik explicó que anticipamos el momento en que experimentaremos no sólo la redención física, la libertad de aquellos que nos oprimen y controlan, sino también “pedut nafshenu” – la libertad mental, la liberación de nuestras inseguridades y nuestro sentimiento de inferioridad, para tener la confianza de actuar como debemos actuar sin preocuparnos de cómo seremos percibidos y qué pensarán y dirán los demás.
Es cierto que dependemos de la ayuda y el apoyo de otros, y por lo tanto es fundamental participar en labores de cabildeo y defensa ante aquellos en cargos públicos. Si tenemos la posibilidad de hacer oír nuestras voces, debemos usarlas tanto como podamos y con la mayor fuerza posible. Pero cuando se trata de ver, escuchar y leer noticias, debemos ser juiciosos y conscientes de distinguir entre mantenernos informados y conscientes de la actualidad, y enredarnos y enfurecernos por las mentiras.
¡Déjalos! Déjalos hacer ruido y escupir odio.
¡Y déjanos a nosotros! Déjanos subir cada vez más alto en nuestra unidad, nuestro amor, nuestra fe, luchando por nuestro pueblo y difundiendo la luz de Dios.
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