Cantar la canción de nuestras vidas

28/09/2025

4 min de lectura

Haazinu (Deuteronomio 32 )

La parashá de esta semana se conoce como una canción. Sin embargo, al leerla, no parece una melodía que quisiéramos entonar. La sección comienza hablando de las bendiciones que serán otorgadas al pueblo judío por cumplir la Torá, pero la mayor parte trata de las consecuencias negativas y aparentemente severas que sobrevendrán al pueblo judío por olvidar a Dios y nuestra Torá. ¿Qué parte de esto se asemeja a una canción?

Lección:

La clave a esta pregunta se encuentra más adelante en la parashá. “¡La Roca! Perfecta es Su obra, porque todos Sus caminos son justicia; Dios de verdad, sin iniquidad, justo y recto es Él”. (32:4) Todo lo que Dios hace es perfecto dentro de la perfección. No hay un solo detalle fuera de lugar o que no sea como debe ser, incluso si no siempre percibimos esa perfección en este mundo. Si separáramos diferentes acordes y partes de una canción u orquesta, no sólo podría sonar desagradable al oído, sino que incluso sonarían completamente diferentes a cuando se tocan junto con todas las demás piezas. Por ejemplo, las canciones contienen una combinación de muchos acordes. Escuchar un solo acorde repetidamente no es más que un sonido. Sólo cuando se ejecuta junto con otros acordes (cada uno en la duración, combinación y tiempo precisos) adquiere una dimensión de profundidad y belleza, culminando en una canción.

La experiencia humana es tal que nuestras vivencias son binarias: se perciben como acontecimientos independientes y discordantes en nuestra vida y, con frecuencia, se interpretan como buenos o malos. Sin embargo, cada cosa que experimentamos (incluso detalles tan pequeños como ver volar un ave hermosa o escuchar a dos personas hablar amablemente entre sí durante un paseo) todo está orquestado por Dios con amor hacia nosotros y forma parte del esquema armonioso y complejo de la historia del universo. Nada es arbitrario; nada es casualidad. Cada detalle de nuestras vidas está orquestado por nuestro Padre en el Cielo, Quien nos ama más de lo que nuestro corazón puede amar. Por lo tanto, cada detalle de nuestra vida es una expresión del amor de Dios hacia nosotros, para colmarnos de compasión y ayudarnos, con suavidad y amor, a crecer y a cumplir con nuestro máximo y más sagrado potencial.

Así como una gran sinfonía está compuesta de capas sobre capas de diferentes sonidos, todos fusionados para crear una obra maestra, así también lo están los detalles de nuestras vidas. Esto incluye tanto los detalles que nos moldean como individuos para llegar a ser quienes Dios sabe que podemos ser, como la manera en que nuestras vidas se entrelazan con las de los demás y con la historia del universo. Nuestras vidas no ocurren en un vacío. Estamos moldeando nuestra realidad y futuro, así como el futuro del mundo. Vemos este principio ejemplificado en nuestros patriarcas y matriarcas, cuyas acciones sentaron las bases de toda la experiencia e historia judía.

Hay un ejemplo muy hermoso y conmovedor de cómo dos eventos aparentemente independientes en realidad están interconectados y muestran cómo Dios guía amorosamente cada detalle de nuestras vidas para crear una verdadera sinfonía de acontecimientos que preparan el escenario para nuestro futuro.

La parashá Vaieshev comienza describiendo la historia de Iosef. Su padre, Iaakov, le pide que vaya a ver a sus hermanos, quienes, al verlo desde lejos, traman matarlo, pero terminan vendiéndolo como esclavo a Egipto. La historia es interrumpida para relatarnos otro episodio aparentemente independiente y no relacionado: la historia de Iehudá y Tamar. Tamar es la nuera de Iehudá, pero tras la muerte de dos de sus esposos (ambos hijos de Iehudá), se le promete, pero no se le da, en matrimonio al tercer hijo. Entonces ella idea un plan para unirse con Iehudá (sin que él sepa que es ella), pues sabe proféticamente que su descendencia vendrá de él. Tamar queda embarazada y da a luz a gemelos.

Después del relato de Iehudá, la Torá retoma nuevamente la historia de Iosef. El hecho de que la narración de Iosef sea interrumpida por la de Iehudá nos indica que existe una conexión. Pero, al observar las historias por separado, no parecen relacionadas. Sin embargo, no sólo están conectadas, sino que están profundamente entrelazadas y juntas preparan el escenario de toda la experiencia e historia judía.

La venta de Iosef vendido como esclavo en Egipto marca el inicio del exilio judío. Antes de eso, todos los judíos estaban en la Tierra de Israel. Cuando Iosef desciende a Egipto establece el comienzo del exilio de nuestro pueblo. La historia de Iehudá y Tamar, en cambio, preparó el escenario de nuestra redención. La unión de Iehudá y Tamar resultó en un hijo del cual vendrá el Mashíaj, el Mesías, con la ayuda de Dios pronto.

Dios nos está mostrando Su amor y compasión: aunque seamos exiliados, no debemos temer, la semilla del Mashíaj ya fue plantada, la clave de nuestra redención, al mismo tiempo, a través de dos eventos aparentemente independientes. ¡Sin embargo, ningún par de acontecimientos está más conectado! En medio de Iosef preparando el escenario de un exilio, dificultades y sufrimiento, Dios estaba plantando la semilla de nuestra salvación y redención a través de Iehudá y Tamar.

¡Esta es la canción! El conocimiento y la comprensión de que Dios es justo y perfecto. Cuando podemos deleitarnos en esa experiencia y verdad, entonces podemos verdaderamente cantar y danzar la canción de nuestras vidas, con la ayuda de Dios hasta los 120 años.

Ejercicio:

Toma este momento y reconoce que Dios te lo otorgó con amor para que cumplas tu misión única en este mundo, y está entrelazado con cada instante de tu vida y con la creación del universo. Agradece a Dios por ello.

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