¿Encontraron realmente el Arca de Noé?


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Formas sencillas de sentirte más cerca de tu cónyuge, de ti mismo y de Dios durante este Elul, sin necesidad de grandes gestos.
¿Alguna vez has estado en una habitación llena de gente y, aun así, te has sentido solo/a? ¿O te has sentado junto a tu cónyuge y has sentido que estaban a kilómetros de distancia? ¿O has estado de pie en la sinagoga, pronunciando las mismas palabras que has dicho año tras año, preguntándote: ¿Acaso Dios me escucha?
La soledad no es la ausencia de personas, sino la ausencia de conexión emocional. Es algo que suele experimentarse en el matrimonio, con uno mismo y en la relación con Dios.
¿Cómo construimos una conexión emocional en nuestro matrimonio?
Dedicamos energía a nuestro trabajo, a nuestros hijos, a nuestras comunidades e incluso a nuestros teléfonos. Después, a las 10:30 p. m., nos dirigimos a nuestro cónyuge y le preguntamos: «Bueno, ¿qué necesitas?». Debemos dedicarle a nuestro cónyuge nuestro mejor momento, no la energía que nos sobra.
Es más fácil decirlo que hacerlo. Aquí tienes tres consejos:
Reserva energía para tu cónyuge diciendo que no a otras personas durante el día, delegando tareas o reduciendo las expectativas que tienes de ti mismo. (Es decir, la cena puede consistir en arroz blanco y pollo sencillo, sin nada sofisticado).
Después, cuando realmente estés frente a tu cónyuge, toma la decisión consciente de dejar el teléfono y dedicarle unos minutos de atención exclusiva. No te limites a preguntarle cómo estuvo su día; profundiza un poco más. Pregúntale cuál fue la parte más difícil de su día, cuál fue la mejor o qué le ha estado preocupando últimamente. Cuando responda, no te apresures a solucionar el problema; simplemente escucha, valida sus sentimientos u ofrécele un abrazo.
Tu cónyuge quiere tu presencia física y también necesita tu energía emocional.
Puedes convertirte en un extraño para ti mismo. Sabes que necesitas dormir, pero sigues adelante. Necesitas la amistad, pero estás demasiado ocupado para llamar. Necesitas silencio, pero inmediatamente tomas el teléfono.
Te distraes, comes en exceso o navegas sin parar por las redes sociales; haces cualquier cosa para evitar sentarte en silencio el tiempo suficiente como para escuchar lo que sucede en tu interior.
Así que pregúntate:
¿Cómo estoy realmente? ¿Qué estoy fingiendo que no me molesta? ¿Qué parte de mí he silenciado porque tengo miedo de decepcionar a alguien?
Desconectarte emocionalmente de ti mismo incluye negarte las cosas que te hacen sentir vivo. Asegúrate de escuchar tu voz interior y recargar tus energías.
Estas son algunas pequeñas formas de comenzar:
Regálate cinco minutos de verdadero silencio cada día: sin teléfono, sin música, solo tú. Observa qué surge cuando dejas de llenar el silencio.
Envíale hoy un mensaje a un amigo, simplemente para saludarlo y hazlo con sinceridad.
Haz algo porque te hace sentir vivo, no porque sea productivo o porque los demás lo esperen de ti. Sal a caminar, practica algún pasatiempo o lee algunas páginas de un libro.
¿Crees en Dios, pero no te sientes tan cerca de Él?
Ha habido ocasiones en las que he recitado las plegarias con tanta prisa que literalmente me he tragado las palabras. Después termino y pienso: ¿Qué acaba de pasar?
Recé, pero ¿dónde estuvo la conexión? El mes hebreo de Elul es un momento propicio para incorporar a Dios en tu vida cotidiana.
Haz que la plegaria sea personal. Utiliza tu propio idioma y tus propias palabras para contarle a Dios qué te preocupa, qué agradeces, con qué estás luchando y qué esperas, como si estuvieras hablando con alguien que realmente te conoce.
Busca los pequeños momentos de providencia divina. Reconoce que las coincidencias afortunadas son la mano de Dios que guía tu vida. Reconoce los pequeños momentos de bondad, belleza y bendición. Cuanto más los percibas, más conectado te sentirás.
Un minuto de gratitud, escribir en un diario de gratitud o decirle a Dios un sincero «gracias» por Su ayuda puede transformar un momento ordinario en una relación. Incluso un pequeño paso en la dirección correcta puede generar cambios y conexión.
El mes de Elul te brinda una hermosa oportunidad para reconstruir la conexión con tu cónyuge, contigo mismo y con Dios.
Quizás por eso el judaísmo nos brinda tres prácticas fundamentales para esta época del año: teshuvá (arrepentimiento), tefilá (plegaria) y tzedaká (caridad).
La teshuvá te reconecta contigo mismo. Nos pide que nos detengamos, miremos hacia nuestro interior y consideremos honestamente en quién nos hemos convertido y quién queremos ser. Es una recalibración que permite volver a centrarnos en nuestra alma, en nuestro verdadero ser interior.
La plegaria te reconecta con Dios. Te recuerda que nunca estás realmente solo y que puedes acudir a Él con tus preocupaciones, tu gratitud, tus esperanzas y tus preguntas en cualquier momento, de día o de noche.
La tzedaká te reconecta con los demás. Te lleva más allá de ti mismo al recordarte que formas parte de algo más grande que tu propia vida.
Este Elul, da un pequeño paso para fortalecer tus relaciones más importantes: con tu cónyuge, contigo mismo y con Dios.
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