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Cómo construir un segundo matrimonio feliz

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24/12/2017 | por AishLatino.com

Lo que necesita saber una pareja que se vuelve a casar para tener éxito al unir a sus familias.

Silvia, madre de dos hijos, llevaba seis años divorciada cuando conoció a David, quien acababa de terminar un largo y amargo matrimonio. Muy pronto, ambos descubrieron que tenían muchas cosas en común y decidieron casarse… uniendo a los dos hijos de Silvia con los tres de David y convirtiéndose de inmediato en una familia de siete.

“Menos mal que no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo”, dice Silvia con tristeza un año después. “Recorrimos un largo camino, pero ese primer año fue realmente difícil”.

Si bien los estudios muestran que la tasa de divorcio en el mundo occidental está disminuyendo, las segundas nupcias llegaron para quedarse… junto con los desafíos de curar un pasado doloroso, atender las necesidades de todos los niños involucrados y crear una base sólida para el nuevo matrimonio. Pero mientras uno esté dispuesto a invertir esfuerzo para continuar comprometido y seguir luchando, hay aquí un enorme potencial para crear una familia grande y llena de amor.

He aquí algunas sugerencias que ayudarán a una pareja que se vuelve a casar a comenzar con el pie derecho:

Conócete a ti mismo, y lo que necesitas de una pareja. Si estás solo/a y tienes hijos a cargo, ya sea porque enviudaste o te divorciaste, asegúrate de estar de acuerdo con tu pareja potencial en lo que respecta a los niños. ¿Él está dispuesto a ser un padre sustituto? ¿Ella está interesada en convertirse en la madre de muchos niños? Sean abiertos el uno con el otro respecto a lo que están dispuestos a aceptar y lo que no.

No traigas una mochila cargada. Haz lo necesario para sanar de tu primera ruptura antes de comenzar a salir de nuevo. La comunicación, el respeto y la honestidad son tan importantes la segunda vez como la primera, pero conocerse a uno mismo también lo es. Entiende por qué no funcionó tu primer matrimonio y lo que podrías tener que hacer para que esta vez sea diferente, ya sea buscando otro tipo de personalidad o siendo más consciente de tus propias responsabilidades.

Discute objetivos familiares a corto y largo plazo. ¿Cómo te gustaría que sea tu familia en cinco, diez o quince años? ¿Y la semana o el mes que viene? Habla sobre tus objetivos a menudo, tanto antes del gran día como después de él, para no perderlos de vista con nimiedades como: “¿A quién le toca lavar los platos?” o “¿No puedes hacer que tus hijos dejen de pelear?”

No asumas nada. Ambos llegan con muchas más responsabilidades que las que tendrían si fueran una pareja de jóvenes solteros. Los recursos, tanto emocionales como físicos, pueden ser escasos, con hijos que cuidar, una casa que atender y, quizás, obligaciones financieras hacia parejas previas. Habla sobre la división de tareas en el nuevo hogar, sobre las finanzas y sobre quién será la persona a la que recurrirán cuando las cosas se compliquen, porque inevitablemente eso ocurrirá.

Dale tiempo. Después de dar el salto, reconoce que ajustarse a una nueva realidad lleva tiempo, para todos. Los cónyuges necesitan familiarizarse con los hijos del otro, los niños necesitan acostumbrarse a un nuevo padre en el hogar. No esperes una fusión mágica de la noche a la mañana.

Haz que tu matrimonio sea una prioridad. Incluso si estás distraído con una miríada de cosas, no olvides enfocarte en tu matrimonio. Todo nuevo matrimonio necesita atención, incluso si los cónyuges tienen otras responsabilidades individuales. Si no construyes los cimientos desde el comienzo, todos sufrirán.

Encuentra tiempo para la pareja. Con niños viviendo en el hogar, las noches pueden ser ocupadas por las tareas escolares, los baños y la hora de ir a la cama, dejando poco espacio para la relación de los adultos. Aprovecha al máximo la calma cuando los niños están con su otro padre, o contraten una niñera una vez por semana para salir y reconectarse.

Distingue a tu pareja de sus niños. El amor hacia los hijos de otra persona nunca se genera naturalmente, como ocurre con los propios. Puede que te estén volviendo loco, pero no culpes a tu pareja. Nadie quiere ser culpado por el mal comportamiento de sus hijos.

No seas un mártir. Si tienes un problema con uno de sus hijos o con alguna de las responsabilidades domésticas que asumiste, háblalo. Puede que tengas que dar un paso atrás o delegarle tareas a otra persona, ya sea tu pareja, otro pariente o alguien contratado. De ser necesario, discute el tema con una tercera persona, como un terapeuta, para encontrar una solución que satisfaga a ambos.

Cuando aparezcan conflictos, mira hacia otro lado. Puede que a tu pareja le resulte difícil llevarse bien con tus hijos… ¿Pero a veces no te ocurre a ti lo mismo con sus hijos? Permítanse no ser perfectos. La lealtad a tus hijos no tiene que crear conflictos en tu matrimonio.

Cuídate de los celos. ¿Tienes celos del tiempo que pasa tu pareja con sus hijos? Puede que a tu pareja le pase lo mismo. Al estar recién casados quieren tener la atención exclusiva del otro, pero cuando hay niños en el medio no siempre funciona así. Reconoce que te casaste con él porque era un padre, y permítele tener ese tiempo especial con sus hijos, así como tú necesitas tu tiempo con los tuyos.

Construir un matrimonio requiere esfuerzo. Un segundo matrimonio requiere todavía más. Las estadísticas dicen que una familia necesita entre dos y siete años para llegar a estar realmente unida. Pero se lo puede lograr y las parejas felizmente vueltas a casar pueden atestiguar que no hay nada mejor que observar a la familia que crearon a partir de dos mitades rotas, y ver lo maravillosa que es.



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