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Los patrones emocionales mantienen a las parejas atrapadas en la frustración. Aquí te explico cómo pasar de la reacción a la reconexión.
¿Alguna vez sentiste que estás atrapado en la misma discusión, sólo que con diferentes palabras?
Muchas parejas tienen varias versiones de la misma pelea, y se sienten atrapadas en un ciclo emocional que mantiene a ambos en una danza repetitiva.
La psicoterapeuta Terry Real le llama a esto “cuanto más, más”.
Y así sigue el ciclo.
Hasta que no nombres el ciclo, seguirán culpándose mutuamente en lugar de interrumpir el patrón.
Aunque sea un patrón, se siente personal.
Ella piensa: “Si él me amara, permanecería presente cuando estoy molesta”.
Él piensa: “Si ella me respetara, no me hablaría así”.
Pero ¿y si no es un defecto de carácter?
¿Qué pasa si su crítica no está destinada a lastimar, sino que surge porque se siente impotente?
¿Qué pasa si su retirada no es indiferencia, sino una señal de que se siente emocionalmente abrumado?
Cuando vemos como enemigo al ciclo, no a nuestra pareja, se abre la puerta a la compasión y al cambio.
Para cambiar un patrón, desacelera lo suficiente para verlo. Haz una pausa antes de reaccionar. Respira profundo. Retrocede. No reacciones; reflexiona.
Pregúntate:
¿Qué es lo que me ha provocado?
¿Qué sentí?
¿Cómo reaccioné?
¿Qué provocó mi reacción en mi pareja?
¿Cómo me impactó su reacción?
Luego intenta mapear tu ciclo.
Completa esta frase:
“Cuanto más ____, más él/ella ____”.
“Cuanto más él/ella ____, más yo ____.”
Aquí hay un ejemplo:
Cuanto más busco cercanía con él, más se cierra.
Cuanto más se cierra, más entro en pánico.
Cuanto más entro en pánico, más lo critico.
Cuanto más lo critico, más él se cierra de nuevo.
Ahora el ciclo está a la vista. Ese es el primer cambio.
El judaísmo enseña que el ietzer hará, nuestro impulso negativo, no aparece como evidentemente malvado. Parece justificado.
“Tengo que defenderme.”
“Necesita escuchar cómo está actuando.”
“Si no me defiendo, me pisotearán.”
Pero reaccionar desde el ego rara vez conduce a la sanación. Mantiene el ciclo girando.
Romper el ciclo no comienza con tener la razón. Comienza con ser sabio.
Así es como se ve cambiar tu parte de la danza:
En lugar de “Nunca me escuchas,” prueba: “Extraño sentirme cerca de ti”.
En lugar de permanecer en silencio, prueba: “Estoy abrumado. ¿Puedo tomarme 15 minutos y después volver a esto?”
En lugar de “Esto es tu culpa,” prueba: “Seguimos llegando a este punto. Vamos a resolverlo juntos”.
Cada vez que una persona elige la vulnerabilidad sobre la reactividad, el ciclo comienza a aflojarse.
En la Biblia, el hombre y la mujer se describen como “ezer kenegdó”—un ayudante que también es opuesto (Génesis 2:18).
Esa tensión es intencional. Está incorporada en el diseño.
No para que choquen, sino para que crezcan.
El Talmud enseña que lo que te molesta de los demás suele ser un espejo de algo no resuelto dentro de ti. Cuando dejas de resistirte al espejo y empiezas a usarlo, te transformas.
Tu pareja no es sólo un "detonante". Es también tu "maestro" o "espejo".
Como pareja, formúlense estas preguntas:
¿Cuál es un patrón en el que parece que caemos una y otra vez?
¿Qué siento en esos momentos, y cómo suelo reaccionar?
¿Qué podría estar pasando debajo de la reacción de mi pareja?
¿Cómo podríamos responder de manera diferente la próxima vez?
Intenten escribir sus respuestas por separado y luego discútanlas con curiosidad, no con culpa.
No estás loco. No estás roto. Probablemente sólo estás atrapado en un ciclo que ha estado dominando la relación por demasiado tiempo.
No necesitas arreglar a tu cónyuge para cambiar el patrón. Sólo necesitas tomar conciencia de tu parte y elegir de manera diferente.
Porque cada vez que respondes con intención en lugar de instinto, toda la danza comienza a cambiar.
La conciencia rompe el ciclo. Y el amor construye uno nuevo.
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