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Cómo descubrí lo que le pasó a mi bisabuelo en el Holocausto

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28/04/2022 | por Yvette Alt Miller

Un nuevo monumento me permitió saber sobre su deportación al gueto de Lodz hace 80 años.

Después de preguntármelo durante toda una vida, finalmente descubrí cómo murió mi bisabuelo, Arthur Alt.

Tengo en mi biblioteca una foto de mi bisabuelo Arthur. La única foto que quedó de él. Está vestido con un traje, sentado en la cabecera de una mesa en una cafetería. La única historia que sabía de él es que una vez frustró un violento robo al banco donde trabajaba y le dispararon en el brazo. Durante el resto de su carrera, el banco mandaba un auto a buscarlo y lo llevaban de regreso a su casa.

En la foto está rodeado de parientes: su hijo e hija y dos primos. Una sexta persona sacó la fotografía.

La foto fue tomada a finales de los años 30. La guerra acechaba en el horizonte, quizás incluso ya había sido declarada. Los sentimientos antijudíos eran marcados. Mi abuela me dijo que en la década del 30 en Viena había tanto odio contra los judíos, que incluso los judíos habían interiorizado esos sentimientos negativos.

El gobierno de la ciudad de Viena inauguró en noviembre del 2021 un nuevo monumento, “El muro de los nombres de la Shoá”, en el parque Ostarrichi, en medio de la capital de Austria. Es la creación de Kurt Yakov Tutter, un sobreviviente del Holocausto de 90 años de Viena. Los padres de Kurt lograron esconder a Kurt y a su hermana durante el Holocausto. Sus padres fueron deportados a campos de exterminio nazis y asesinados. Posteriormente Kurt se fue a vivir a Canadá y pasó veinte años presionando para que aprobaran el monumento, lo que logró finalmente en el 2018.

Inspirado por el Salón de los Nombres en Yad Vashem, en Jerusalem, el monumento de Viena incluye los nombres de más de 64.000 judíos de Austria que fueron asesinados por los nazis. El sitio de internet del monumento cuenta con una función de búsqueda en donde se pueden buscar a familiares perdidos.

Después de una vida de no saber qué pasó, sólo necesité unos cuantos segundos en el sitio web para obtener la información que mi familia tanto había ansiado.

Arthur Alt nació en 1885 en la ciudad de Peterswald, la cual hoy en día forma parte de la Republica Checa. Arthur vivía en Viena, en la calle Sensengasse 7, en el mismo distrito en el cual se encuentra el monumento. Busqué la dirección en Google Maps y vi un gran e imponente edificio de departamentos. El 26 de octubre de 1941, de acuerdo con el sitio web del monumento, mi bisabuelo Arthur fue enviado primero a Praga y luego al notorio gueto de Lodz en Polonia. Allí falleció el 9 de Julio de 1944.

El encarcelamiento de mi bisabuelo en Polonia fue parte de una estrategia planeada para eliminar a la próspera comunidad judía de Viena y un experimento que ayudaría a dar forma a los planes de los nazis de deportar a los judíos de toda Europa.

El 2 de octubre de 1940, el malvado nazi Baldur von Schirach que gobernaba Viena, se reunió con Adolf Hitler. Schirach se quejó de que había “escasez de viviendas” en Viena y pidió permiso para sacar a los judíos de la ciudad. En unos pocos meses Hitler dio su consentimiento.

Dos escuelas vienesas locales (una escuela judía y una escuela pública que tenía muchos estudiantes judíos) se establecieron como puntos de deportación judía. En 1938 Adolf Eichmann había establecido una “oficina central para la educación judía”. Esta oficina era responsable de identificar a los judíos para deportarlos. Cada judío tenía permitido llevar 50 kilos de equipaje, y eso incluía la ropa de cama.

Hace ochenta años, en febrero de 1941, los primeros judíos de Viena fueron deportados a una muerte casi segura en Polonia. Al principio, los judíos de Viena fueron enviados a pequeños pueblos polacos. Los judíos desterrados muy pronto se quedaron sin dinero y tuvieron que depender de las organizaciones judías de caridad de los diminutos pueblos polacos a los cuales habían sido exiliados. Uno de los deportados fue Jakob Engel, quien fue obligado a partir en el primer transporte que salió de Viena, describió su viaje de tres días al pueblo de Opole en Polonia. “Yo ni siquiera sabía que existían esos pueblos… no puedes llegar a imaginar la miseria… la población era tan pobre que ni siquiera lo puedes imaginar…” Él describió cómo él y sus compañeros judíos deportados de Viena enfrentaron la muerte por inanición.

En julio de 1941 mi bisabuelo Arthur fue deportado al gueto de Lodz. Él fue uno de los 40.000 judíos enviados al gueto entre 1941 y 1942. Ellos se sumaron a los 160.000 judíos de Lodz (más de un tercio de la población de la ciudad), acorralados por cercas de alambre de púas y patrullas de guardias nazis. También fueron enviados a Lodz más de 5.000 gitanos. Mi bisabuelo dejó de ser un distinguido empleado de banco y se convirtió en un esclavo en el gueto.

El gueto de Lodz medía apenas 4 kilómetros cuadrados. Los edificios eran viejos y la mayoría carecían de instalaciones sanitarias. Entre ocho y diez personas compartían cada habitación. Los judíos no tenían suficiente comida, agua ni combustible. No había dónde deshacerse de los desechos humanos.

“Las condiciones de vida del gueto eran espantosas”, explica el Museo del Holocausto de los Estados Unidos. “La mayor parte del barrio no tenía agua corriente ni un sistema de alcantarillado. El trabajo duro, el hacinamiento y el hambre eran las características predominantes de la vida. La gran mayoría de los residentes del gueto trabajaban en fábricas alemanas, recibiendo tan sólo escasas raciones de comida de sus empleadores. Más del 20 por ciento de la población del gueto falleció como resultado directo de las severas condiciones de vida”.

El resto de los judíos fueron deportados a campos de exterminio. “En un primer momento, los alemanes le pedían al Consejo Judío que preparara las listas de deportados. Pero como este método falló y no lograban llenar las cuotas requeridas, los alemanes recurrieron a redadas policiales. Durante las operaciones de deportación, los alemanes dispararon y asesinaron a cientos de judíos, incluyendo niños, ancianos y enfermos”.

El gueto de Lodz fue considerado un gueto “modelo”, donde los judíos podían probar su valor trabajando. El gueto estaba lleno de cientos de fábricas que producían zapatos, textiles, uniformes militares alemanes, colchones y otras cosas.

Una vez que descubrí que mi bisabuelo Arthur vivió en el gueto de Lodz por más de dos años, logré encontrar en Internet más información sobre él. En los registros del gueto de Lodz, aparece registrado como “Weber”, tejedor. Me lo imagino trabajando largas horas en una fábrica sin ventilación, recibiendo como pago diminutas raciones de comida.

Algunos de los pocos registros de la vida dentro del gueto los debemos a un prisionero llamado Henryk Ross, quien estaba encargado de sacar las fotos de identificación de los trabajadores del gueto, y que secretamente fotografió escenas comunes del gueto. En el sitio web de Yad Vashem se describen las escenas que él capturó: “Él fotografió en el gueto a trabajadores que tenían que andar descalzos mientras empujaban carretas que llevaban excremento afuera del gueto, un trabajo peligroso que a menudo llevaba a morir a causa del tifus. Fotografió escenas de miseria cerca de la prisión del gueto y ahorcamientos públicos. También capturó en video las deportaciones de los judíos de Lodz a sus muertes en (el vecino campo de exterminio) Chelmno. Él fotografió personas escribiendo sus últimas notas a sus familias e hijos, esperando detrás de cercas encadenadas para ser llevados a un destino desconocido durante la “Sperre”, las horrorosas deportaciones de septiembre de 1942 en donde se llevaron prácticamente a todos los niños menores de diez años del gueto y los asesinaron en Chelmno”.

Otro registro del gueto de Lodz es el infame discurso de Jaim Rumkowski, designado por los nazis como director del Consejo Judío de Ancianos, encargados de mantener el orden dentro del gueto. A Rumkowski le dijeron una y otra vez que si los judíos del gueto cumplían con las demandas de los nazis, algunos de ellos podrían llegar a salvarse. Eso era una mentira. Jaim Rumkowski fue enviado a Auschwitz en el último tren que salió del gueto de Lodz cuando los nazis “liquidaron” el gueto en 1944.

El 2 de septiembre de 1942, los nazis le ordenaron al Consejo Judío redactar una lista de 2.000 judíos para deportar. Esta debía incluir a los enfermos, los ancianos y los niños pequeños. Los nazis prometieron que si entregaban a estos 2.000 judíos, el resto de los judíos del gueto serían perdonados. Si no había una lista disponible, morirían muchos más judíos morirían.

Dos días después, Rumkowski dirigió un discurso espantoso a los judíos. “El gueto ha sufrido un grave golpe. Nos piden que renunciemos a lo mejor que tenemos: los niños y los ancianos. Nunca imaginé que me obligarían a entregar este sacrificio al altar con mis propias manos. En mi edad anciana, debo extender mis manos y rogarles: Hermanos y hermanas: ¡Dénmelos a mí! Padres y madres: ¡Denme sus hijos!”. Probablemente allí estaba mi bisabuelo Arthur, escuchando esas horrorosas palabras y los llantos a su alrededor.

La hija de mi bisabuelo estuvo con él en el gueto por un tiempo, antes de ser deportada a un campo de exterminio nazi. (Ella sobrevivió milagrosamente). No puedo imaginarme su dolor. ¿Acaso mi bisabuelo le agradeció a Dios que su esposa no estuviera viva para ver tal miseria? ¿Se atrevió a imaginar que su hija lograría de alguna manera sobrevivir tal infierno?

El hijo de Arthur Alt, mi abuelo Henry, en Chicago. Detrás se ve jugar a sus hijos.

Me pregunto cómo habrán sido sus meses y días finales. Él tenía 56 años cuando fue deportado a Lodz y 59 cuando falleció, posiblemente de enfermedad, inanición o excesivo trabajo. Por primera vez, siento que está tan cerca que casi puedo hablarle. Me gustaría poder decirle que, en contra de todas las posibilidades, sus dos hijos sobrevivieron. Que de alguna manera reconstruyeron la familia que los nazis se esforzaron tanto por borrar, que tiene varios tataranietos alrededor del mundo (incluyendo uno más en camino). Que no hemos olvidado su nombre.

¿Hubo alguien al lado de mi bisabuelo cuando murió? ¿Alguien dijo con él el Shemá o le tomó la mano? Nunca lo sabré. Lo más que puedo hacer para honrar su memoria es recordarlo y enseñarles a mis hijos sobre su tatarabuelo, sobre su muerte y sobre su vida.

La noche después de descubrir esta historia, me senté con mi hijo que lleva su nombre, Arthur (Aharon en hebreo), y le conté todo lo que había descubierto sobre su antepasado. Quiero que sepa todo lo posible sobre el hombre en honor de quien le dieron su nombre. Le dije que algún día visitaremos el Muro de los Nombres de la Shoá en Viena. Buscaremos el nombre Arthur Alt, finalmente recordado en la ciudad que lo traicionó. Mientras tanto, damos tzedaká, recitamos plegarias y estudiamos textos judíos en su memoria.




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