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Cuando se vive sumergido en el pasado, es difícil soltar el dolor y perder la posibilidad para ser feliz.
Un recuerdo desagradable que no se puede soltar, se convierte en una carga amarga y molesta que llena el corazón con reproches y sentimientos negativos, contaminado el pensamiento y evitando que nuevas experiencias traigan luz y alegría a la vida.
Una y otra vez la persona resentida que vive aferrada a su pasado y hace de su angustia una forma de vivir, revive su malestar, la tristeza y el dolor que en algún momento sintió y recuerda vivamente lo que sintió, pero cada vez que lo vuelve a recordar le pone un tono más dramático y su rencor le imposibilita cicatrizar su herida, y desafortunadamente tampoco puede vivir en paz.
No hay resentimientos pequeños, ya que para el corazón que sufre, el dolor que siente es único y no se puede compartir o explicar. Por lo mismo, los sentimientos que se quedan estancados pudren el alma y llenan de amargura y dolor.
Muchos resentimientos se transforman con el tiempo en culpa, vergüenza, enojo, frustración o en cualquier otro sentimiento con matices negativos y muy limitantes. Estos sofocan a la persona y sin querer le roban su alegría de vivir.
En ocasiones los resentimientos tienen forma de recuerdos inofensivos e inocentes, por lo que pocas personas los toman en serio. Así, quedan almacenados dentro del alma, y sin saber por qué, de repente en el momento menos indicado, uno se encuentra molesto, fastidiado y harto de su propia vida. Todo lo que sucede es motivo para pelear o simplemente surge esta sensación de vacío y apatía el cual hace que se pierda el interés por todo.
Lo triste es que el incidente que parecía insignificante creció y poco a poco amargó al corazón, dejándolo herido y sin ganas de vivir o sonreír. Sin entender cómo, la persona se llena de sentimientos de desolación y tristeza sin poder vivir un momento de goce auténtico.
Los resentimientos no sirven para nada, sólo envenenan el alma y matan la iniciativa para poder retomar una relación que en algún momento fue buena e importante. Vivir con resentimiento le quita el buen sabor a la vida y hace que la persona no pueda sanar o ver las cosas buenas que pierde por vivir y revivir su rencor.
Así, familias se desintegran, hermanos se dejan de hablar, amigos se desconocen y hasta comunidades enteras se fracturan creando brechas irreparables y luchas agotadoras que terminan con todo lo bueno que hubiese podido crecer.
Al final del día, la persona que pierde más es aquella que ha permitido que el rencor le llene el alma y le robe el amor por sí mismo y por los demás.
El rencor hace que las personas sufran en silencio porque sólo ellas saben cómo su resentimiento les está carcomiendo su bienestar y no les permite ver cuánto mejor se podrían sentir si liberaran sus penas y las pudieran sanar.
Afirmación positiva para dejar ir los resentimientos:
Elijo vivir en paz, con tranquilidad y ser feliz. Reconozco que no todo lo que me sucede es como a mí me hubiese gustado. Puedo soltar aquello que me lastima y me hace daño. Aprendo a tomar lo bueno en cualquier situación. Mi vida es valiosa, no la desperdicio reviviendo momentos que no me ayudan. Acepto lo que sucedió sin tener que aprobar o perpetuar. No me paralizo en el rencor, fluyo y dejo fluir para poder vivir en plenitud.
Cómo liberarse de los resentimientos:
“El resentimiento es querer tomar veneno y esperar que la persona que nos lastimó se envenene, sin pensar que es uno mismo el único que se intoxica”.
Extraído de recetasparalavida.com
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