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¿Cómo es posible que el judaísmo nos ordene saber que Dios existe?

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23/01/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

O que uno cree en Dios o que no cree. Si crees, el mandamiento es redundante. Si no crees, es irrelevante.

El primero de los Diez Mandamientos es saber que Dios existe. Pero, ¿qué sentido tiene este mandamiento? O que uno cree en Dios o que no cree. Si crees, ¿qué sentido tiene recibir el mandamiento? Ya crees en Dios. (Los judíos que estuvieron al pie del Monte Sinaí y recibieron este mandamiento directamente de Dios, sin duda supieron que Dios existía… ¡estaban hablando con Él!).

Y para aquellos que no creen en Dios, el mandamiento es irrelevante. No puede haber un mandamiento sin el reconocimiento previo de Quien lo ordena. Es tan sólo una frase escrita en un libro antiguo que no tiene ninguna consecuencia sobre mi vida.

Entonces, ¿para quién es este mandamiento? O que es redundante o que es irrelevante.

Para responder a esta pregunta, primero necesitamos definir dos términos importantes: creer (en hebreo emuná) y saber (en hebreo daat).

Interesantemente, Derej Hashem (El camino de Dios), la obra clásica de filosofía judía de Rav Moshé Jaim Luzzatto, comienza diciendo: "Cada judío debe creer y saber que existe un Ser primigenio, infinito y eterno…". Él utiliza ambos verbos, creer y saber, indicando que son dos entidades diferentes. ¿Cómo definimos estos términos y por qué la creencia está antes del conocimiento?

Aquí hay dos enfoques posibles.

Primero creer, luego saber

Cuando llegué a Aish Hatorá en Jerusalem por primera vez hace muchísimo tiempo, no era un judío observante. Estaba aprendiendo sobre el judaísmo y explorando diversos argumentos respecto a la existencia de Dios y a la declaración de que Dios entregó la Torá al pueblo judío en el Monte Sinaí. Yo no deseaba hacer ningún cambio en mi estilo de vida debido a la presión social ni por la recompensa emocional de la experiencia. Intentaba ser objetivo y tomar decisiones racionales.

¿En qué momento no podría seguir ignorando los mandamientos de la Torá simplemente porque no tenía ganas de observarlos?

Después de estudiar en Aish durante algunos meses, Shabat comenzó a presentarme un desafío. Necesitaba decidir cuándo iba a comenzar realmente a observar el Shabat. ¿En qué momento no podría seguir ignorando los mandamientos de la Torá simplemente porque no tenía ganas de observarlos? ¿Cuánta evidencia necesitaba tener respecto a que todo ese asunto judío de hecho podía ser verdadero?

Al tomar decisiones estrictamente racionales (lo cual entiendo no ocurre demasiado a menudo), cuando la balanza se inclina en una dirección al sopesar la evidencia, lo más sensible es ir hacia donde se encuentra la evidencia, incluso si la balanza se inclina sólo en un 51%. En ese momento, yo apenas tenía suficiente evidencia para creer que esto era verdad. ¿Lo sabía? Obviamente que no. Estaba inseguro y tenía muchísimas preguntas y dudas. Pero en cierto punto se volvió irracional ignorar la evidencia. Estaba atrapado. Entré al reino inicial de creer basado en una preponderancia de evidencia.

Una vez que creí en Dios, entró en juego el mandamiento de saber que Dios existe. Reconocía que había buenas probabilidades de que Él existiera y nos hubiera entregado la Torá. La Torá me decía: no te detengas allí. Tienes muchas preguntas y dudas. Esfuérzate para llegar al reino del conocimiento enfrentando tus preguntas fundamentales, y recoge suficiente evidencia para empujarte más arriba en la escalera de la certeza, para pasar del reino de la creencia al del conocimiento.

El primer mandamiento es la exigencia de obtener claridad y descubrir la verdad. Pasar de la creencia al conocimiento.

De acuerdo con esta explicación, el mandamiento de saber que Dios existe se dirige a quien tiene una tenue creencia en Dios basada en cierta cantidad de evidencia. El mandamiento lo dirige a crear una base fuerte y racional para sus convicciones. No debe eludir sus preguntas ni simplemente asumir que Dios existe. El primer mandamiento, la piedra angular de la Torá, es la exigencia de obtener claridad y descubrir la verdad. Pasar de la creencia al conocimiento.

El conocimiento bíblico

La segunda explicación se basa en una definición diferente de creer y saber. En la Torá, el término para conocer, daat, se usa para connotar la intimidad sexual. "Ahora el hombre conoció a su esposa, Javá, y ella concibió y dio a luz a Caín" (Génesis 4:1). Esto es "conocer" en el sentido bíblico, un saber carnal.

La forma más profunda de conocimiento no reside sólo en la cabeza; necesita penetrar al corazón.

¿Por qué la palabra "daat" (conocer o saber), significa también intimidad? La conexión eleva lo que significa saber algo realmente. La forma más profunda de conocimiento no reside sólo en la cabeza; necesita penetrar al corazón. El conocimiento completo es la sabiduría integrada; es una conexión íntima con aquello que sabes o conoces.

Para ilustrar esto, imagina a un fumador que visita el departamento de oncología. Él ya sabe intelectualmente que fumar es peligroso y produce cáncer. Es difícil ignorar esas grandes palabras en blanco y negro grabadas en la etiqueta: FUMAR MATA. Sin embargo, algo cambió, por lo menos durante unos instantes, al salir de esa sala donde vio la cruda y espantosa realidad de morir de cáncer de pulmón. Pasarán por lo menos cinco minutos antes de que encienda su próximo cigarrillo.

Intelectualmente nada cambió. El fumador ya sabía los hechos respecto a los peligros de fumar. Pero ver frente a sus ojos la realidad permite que su entendimiento intelectual penetre a su corazón. Lo vuelve real. Ahora realmente sabe que fumar mata.

El mandamiento de saber que Dios existe es la directiva de integrar tu creencia, tu entendimiento intelectual, y volverlo parte de cada fibra de tu ser. Asimilarlo, vivir con él. Es muy fácil ignorar a Dios si sólo tenemos una creencia intelectual de que Él existe. Lo hacemos cada día. El primer mandamiento nos presenta el enorme desafío de vivir con lo que sabemos que es verdad, sentir que Dios es una parte activa y dinámica de nuestra vida, que está a nuestro lado. Sin el componente emocional, Dios es sólo un concepto abstracto y estéril que no puede tener ningún impacto en nuestra vida.

La distancia entre la mente y el corazón es mayor que la distancia que hay entre la tierra y la luna.

Rav Eliahu Dessler, un gran filósofo judío del siglo XX, dijo que la distancia entre la mente y el corazón es mayor que la distancia que hay entre la tierra y la luna. Llegar a la conclusión de que Dios existe es la parte sencilla. El mayor desafío es integrar ese conocimiento.

De acuerdo con esta explicación, creer es el reino intelectual. La mente está primero; es lo que nos dice qué es verdadero. Luego viene el conocimiento, daat, cerrando la brecha entre la mente y el corazón. Vivir con la realidad de la existencia de Dios y construir una relación apasionada con Él es un desafío constante para toda persona que cree en Dios.

Por lo tanto, el primer mandamiento se aplica a todo judío a lo largo de las generaciones.

Crédito de la foto: Randy Jacobs, Unsplash.com




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