Cómo la preparación de la lápida de mi esposo me ayudó en el proceso de duelo

22/02/2026

6 min de lectura

Mi esposo recibió un diagnóstico catastrófico: cáncer terminal en el cerebro. Su muerte prematura a los 68 años no fue una sorpresa, pero eso no disminuyó la magnitud del dolor.

Hace veintidós meses, me encontraba bajo el abrasador sol de Colorado mientras mi mente trataba de asimilar la realidad del entierro de Ira. Tres años antes, mi esposo había sido diagnosticado con glioblastoma, un cáncer terminal en el cerebro. Trabajamos en equipo para postergar lo inevitable. Su muerte prematura a los 68 años no fue una sorpresa. El duelo anticipado se transformó en duelo real cuando el ataúd de pino de mi esposo fue descendido a la tierra, mientras mariposas y libélulas revoloteaban sobre la tumba abierta.

Enfrentar las “primeras veces”

La montaña rusa de la viudez fue suavizada por los rituales del ciclo de vida: la shivá, seguido por los sheloshim, una breve ceremonia en línea para marcar los 30 días, el encendido de velas de Izkor y iortzait, la celebración de las festividades judías, cumpleaños de nietos, una ceremonia de iortzait en el aniversario hebreo de la muerte de Ira, una boda familiar, la llegada de una nieta al mundo y visitas periódicas al cementerio.

Kauai, Hawaii, 20 de junio 2021, nuestro aniversario de boda

Cada “primera vez” provocaba una mezcla de emociones. Algunos eventos fueron más fáciles que otros. Anhelaba la presencia de Ira. Aunque me sentía sola, pasaba largos ratos en soledad. Evitaba los lugares concurridos. La traumática lesión cerebral de Ira en 2010, seguida por el diagnóstico terminal en 2020, habían limitado mi contacto con otras personas. Era esencial reconectarme con la gente y con la comunidad judía. Con el tiempo, logré reintroducir retazos de alegría en mi vida. El esquí alpino, el senderismo y los viajes me conectaron con otras personas y con la belleza del mundo más allá de mi hogar.

 

Sandy Kugler e Ira Bornstein poco después de su compromiso, en diciembre de 1974

Alrededor de su cumpleaños, las Altas Fiestas, nuestro aniversario y su iortzait, visité el cementerio. Como en otros “primeros”, fue difícil. Mis pasos eran lentos y metódicos al salir del auto. Recuerdos alegres de nuestra juventud universitaria invadían mis pensamientos. Hasta la ceremonia de descubrimiento de la lápida, su tumba estaba marcada por una pequeña placa rectangular con una estrella de David, su nombre, fecha de nacimiento y de fallecimiento. Debido a varios factores fuera de mi control, pasaron 16 meses desde el funeral hasta que se pudo colocar una lápida adecuada (en lugar de los tradicionales 11 meses). En el cementerio, su vibrante vida se reducía a fechas de nacimiento y muerte.

Elegir un cementerio

Cuando quedó claro que a Ira le quedaban pocos meses de vida, su médico de cabecera me llamó. Me recomendó enfáticamente que adquiriéramos de inmediato parcelas en un cementerio. Décadas antes, los padres de Ira nos ofrecieron comprar parcelas en el cementerio Westlawn de Chicago. Rechazamos la oferta. Como muchos de nuestros contemporáneos, no veíamos eso como una prioridad. Ahora, con la vida de Ira llegando a su fin, no teníamos opción. Las visitas a cementerios en Boulder y Denver fueron inquietantes. Estos espacios sagrados eran muy distintos de los cementerios judíos de Chicago.

Cuando nos mudamos a Colorado en el año 2000, ninguno de los dos pensó que el pequeño cementerio judío de Boulder sería una opción futura. Pero después de evaluar otras alternativas, lo elegimos por su impresionante entorno y su significado. Me enamoré de Ira cuando era una estudiante de primer año en la Universidad de Colorado. Tres de nuestros cuatro hijos asistieron a esa misma universidad. Mientras Ira agonizaba, publiqué una guía de viajes galardonada sobre esta extraordinaria ciudad universitaria.

Elegir una lápida

Ira sabía que debíamos tomar decisiones, pero compartió pocas opiniones antes de entrar en coma. Sabía que se inclinaba a adquirir una lápida compartida para los dos. Incluso si en el futuro tengo la fortuna de encontrar otra pareja compatible, puedo afirmar con certeza que quiero ser enterrada al lado de mi bashert, el padre de nuestros cuatro hijos.

Pocas semanas después de la muerte de Ira, me informaron que había demoras inusuales para las lápidas judías en Denver. Visité el negocio de monumentos antes de lo previsto porque quería que la inauguración tuviera lugar antes de finales del 2024. Aún sufría una fuerte niebla mental cuando revisé las opciones disponibles. Al hacer el pedido, tuve que pagar una suma considerable por el material, la inscripción, la entrega y la instalación. Cuando comprendí que esa era mi primera gran compra sin mi esposo, no pude contener las lágrimas. Al regresar a casa, sentí gratitud por haber logrado completar esta tarea en una etapa temprana del duelo.

Sandy e Ira en Machu Pichu, diciembre del 2018

Más adelante, pasé horas tratando de redactar un texto conciso para la lápida. Mis cuatro hijos sugirieron algunos pequeños cambios. Finalmente, envié nuestras propuestas. Respiré aliviada al saber que las palabras cabían en el espacio asignado. Me sentí mal por no poder incluir más detalles. Antes de aprobar la versión final, pedí a un Rabino de Nueva York y a un Jazán de Chicago que revisaran el texto.

El significado de una lápida

¿Cómo puede una losa de piedra con unas pocas palabras describir la esencia de una persona? Los elogios en el funeral de Ira ocuparon varias páginas y apenas captaron una parte de su vida. En la ceremonia de descubrimiento de la lápida, la piedra, con apenas unas palabras, se convirtió en testimonio permanente de su existencia. Si conociste a Ira, esas palabras podrían avivar recuerdos. Los desconocidos, en cambio, sólo podrán imaginar quién fue.

Las personas que pasen por su tumba nunca sabrán que fue un ferviente sionista que visitó Israel cuatro veces, un apasionado fanático de los CU Buffs que soportaba las inclemencias del tiempo en los partidos de fútbol americano universitario, un jardinero de fin de semana que adoraba su patio, un litigante elocuente que argumentó exitosamente ante la Corte Suprema de los Estados Unidos, un esquiador excepcional, un atleta completo que jugó al fútbol en la escuela secundaria Mather de Chicago y un hombre que creció en un hogar bullicioso con cuatro hermanos. Innumerables otras habilidades y cualidades desaparecieron con su fallecimiento y quedaron sin registrar. Pocos pueden recordar su valiente lucha contra los efectos de su lesión cerebral y el glioblastoma.

Cuando recibí las imágenes digitales de la lápida grabada antes de la ceremonia, no podía dejar de mirar ese objeto a medio terminar. La inscripción de Ira está en la mitad izquierda. Como yo aún estoy trabajando en este mundo, mi lado está en blanco. Aunque atesoro los recuerdos felices, debo resistir la tentación de quedarme anclada en el pasado. La inscripción representa de manera concisa a Ira, y la base del monumento simboliza nuestra vida en común. La ceremonia de descubrimiento del monumento representa simultáneamente la necesidad de avanzar como persona individual. El resto de mi vida aún está por escribirse. Mi foco debe estar tanto en el presente como en el futuro.

La ceremonia

El día de la ceremonia, un pequeño grupo de judíos y no judíos se reunió para recordar a Ira. Ofició la ceremonia un Rabino ortodoxo que visitó a Ira con frecuencia en sus últimos meses. Aunque yo soy judía conservadora y nunca pertenecí a su congregación, me pareció importante que alguien que estuvo presente para Ira dirigiera este ritual. La ceremonia del Rabino incluyó numerosas referencias a sus conversaciones con Ira.

La lápida Bornstein

Con sólo mis cuatro hijos y un reducido grupo de conocidos judíos, fue difícil reunir a diez hombres judíos para un minián. Tuve que recurrir a amigos vinculados a la comunidad judía de Boulder para encontrar personas bondadosas dispuestas a participar en esta mitzvá. Habiendo vivido la misma dificultad durante la shivá, reconozco lo que perdí al mudarme de North Shore, en Chicago, con una comunidad judía activa, a barrios no judíos entre Boulder y Denver. Uno de mis objetivos para el segundo año de viudez es mudarme a una comunidad con más presencia judía y participar en actividades significativas.

De pie en ese espacio abierto y vulnerable, esta losa de granito grabada resistirá tormentas de nieve, granizo y fuertes vientos. Las futuras generaciones vendrán a este lugar para conectarse con su herencia judía y con sus antepasados que tuvieron la fortuna de encontrar a su bashert a los 18 y 20 años.


Imagen del título por Beth Wedlake

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Arelis
Arelis
4 meses hace

Hola me encanto este relato .

Mi hermana paso hace dos meses exatamente por lo mismo su esposo un hombre como pocos fallecio de padecer por un cancer 4 anos y murio a la edad de 68 anos.
la historia palabra por palabra pude vivir la misma realidad que esta pasando mi hermana con apenas ayer cumplio mi cunado dos meses que ya no esta.

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