Una "luz para las naciones", la misión del pueblo judío


3 min de lectura
Etiqueta adecuada y consejos prácticos para realizar una visita de shivá.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar”.
La sabiduría de esta canción no es de la banda The Byrds, sino del más sabio de los hombres, el Rey Shlomó. Si bien hoy en día muchas casas de shivá están llenas de gente, comida y conversación, el Midrash interpreta “el tiempo de callar” como una indicación sobre cómo comportarse al consolar a los deudos. Cuando Iov (Job), el símbolo mismo del sufrimiento humano, sufrió una pérdida devastadora, tres amigos llegaron a consolarlo: “Se sentaron con él en el suelo durante siete días y siete noches. Nadie le dijo una palabra, porque vieron que su dolor era muy grande” (Iov 2:13).
El consuelo puede expresarse con palabras, pero se transmite de forma aún más poderosa mediante la compañía silenciosa, sin importar lo incómodo o extraño que le resulte al visitante. Reconocer el dolor y estar dispuesto a compartirlo simplemente estando presente es la esencia de una visita de shivá, nijum aveilím. De hecho, el Talmud afirma en nombre de Rav Pappa: “La recompensa que se recibe por visitar la casa de un doliente se debe al silencio que uno guarda allí” (Berajot 6b).
El consuelo se transmite poderosamente a través de la compañía silenciosa, por incómoda que sea para el visitante.
En un artículo de la revista Jewish Action (otoño del 2000), el Rabino Edward Davis relata una historia sobre la vez que fue a cortarse el cabello en Londres. Al sentarse en la silla, el peluquero le preguntó: “¿Hablamos o no hablamos?”. El peluquero fue sensible a las preferencias y comodidad del rabino Davis y no impuso una conversación a quien prefería el silencio contemplativo.
El Código de la Ley Judía (Shulján Aruj, Ioré Deá 376:1) establece que los visitantes no pueden hablar hasta que el deudo lo haga primero. Básicamente, la etiqueta apropiada en una casa de shivá consiste en sentarse junto al doliente y, con nuestro silencio paciente, ofrecerle —¿hablamos o no hablamos?
Es natural luchar contra el silencio. Sentarse en silencio puede ser intimidante, incómodo y extraño. Por eso, personas bien intencionadas a veces llenan el silencio con comentarios que pueden ser insensibles, imprudentes o incluso hirientes. Cuando las personas dicen a los miembros de la familia cosas como sugerir tratamientos o médicos que podrían haber sanado al ser querido, o dicen a quien perdió un hijo que “al menos tiene otros hijos sanos”, lo hacen con buena intención, pero sus palabras no son amables. Una mujer que perdió a su padre contó que una visitante le preguntó por qué su madre no se veía tan animada como de costumbre. Un hombre mayor que perdió a su esposa compartió que alguien le dijo: “Hablamos después de la shivá, tengo un gran shiduj para ti”.
Como rabino comunitario, he pasado mucho tiempo en casas de shivá y muchos dolientes me han compartido sus observaciones tras la semana de duelo. A continuación, ofrezco algunos consejos basados en sus comentarios:
Una casa de shivá no es una reunión social. El propósito de la visita es exclusivamente interactuar con el doliente y brindarle consuelo. No te reúnas en otras áreas de la casa ni entres en conversaciones sociales con otras personas.
Aunque no está prohibido comer en una casa de shivá, ese no debe ser el objetivo de la visita ni algo que uno espere.
Evita visitar en horarios inconvenientes para los deudos, aunque te resulten cómodos, como durante las comidas, temprano en la mañana o tarde por la noche.
Mantén la conversación centrada en el ser querido fallecido. Si lo conociste, comparte historias, anécdotas, recuerdos o la impresión que te dejó. Si no lo conociste, haz preguntas como: ¿Dónde nació tu madre o padre? ¿Cuántos hermanos tenía? ¿Qué tipo de educación recibió? ¿A qué se dedicaba? ¿Cuál es tu recuerdo favorito de él/ella? ¿Cómo le gustaría ser recordado?
No preguntes sobre los detalles de la enfermedad. No digas frases como: “Al menos vivió muchos años” o “Al menos ya no sufre”. Estas son expresiones que pueden venir del doliente si lo desea, pero no son apropiadas viniendo del visitante.
No hables de tus propias pérdidas, enfermedades o dificultades, a menos que eso tenga un vínculo directo con brindar consuelo al doliente.
No saques el celular mientras haces una visita de shivá. Responder llamadas o incluso mirar mensajes es una falta de respeto y una distracción.
No prolongues innecesariamente tu visita. No se debe convertir en una carga para el deudo, quien podría sentirse obligado a actuar como anfitrión.
Antes de irte, ponte de pie, acércate al doliente y recita:
"HaMakom ienajem etjem betoj shaar aveilei Tzion veIerushalaim" — Que Hashem los consuele junto con todos los que están de duelo por Tzión y Ierushalaim. Puedes leer esta frase de una hoja de papel si es necesario.
Que Dios consuele a quienes están de duelo entre los que lloran por Tzión y Ierushalaim, y que pronto veamos el día en que “la muerte ya no sea parte de nuestra experiencia” (Ieshaiahu 25:8).
Nuestro newsletter está repleto de ideas interesantes y relevantes sobre historia judía, recetas judías, filosofía, actualidad, festividades y más.