Cómo regresar a tu verdadero yo

02/09/2026

4 min de lectura

Nitzavim (Deuteronomio 29:9-30:20 )

"Y volverás a Hashem, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma".
(Deuteronomio 30:10)

El teléfono suena a las 3 de la madrugada. Tu hijo (ya adulto, viviendo a cientos de kilómetros de distancia) susurra entre lágrimas: "¿Puedo volver a casa?"

"Por supuesto", respondes sin dudar. "Dejaré la luz encendida".

Veinticuatro horas después, cuando finalmente cruza la puerta de tu casa (agotado, destrozado, pero a salvo) no le preguntas qué ocurrió. Simplemente lo abrazas y susurras: "Bienvenido a casa".

Esta escena captura una profunda verdad que el judaísmo ha comprendido durante milenios: la sanación más profunda no surge del castigo ni de la vergüenza, sino de recordar que siempre tienes un lugar al que perteneces.

La escalera en espiral de la espiritualidad

El judaísmo contempla el año como una escalera en espiral: ascendemos a un nivel más elevado en cada ciclo, pero siempre volvemos a encontrar las mismas oportunidades esenciales de crecimiento. Cada mes posee su propio tema espiritual, una puerta que se abre nuevamente año tras año, invitándonos a entrar más profundamente que antes.

Tomemos tres ejemplos: Nisán, el mes de Pésaj, contiene el potencial de la liberación: la libertad de aquello que nos limita. Adar, el mes de Purim, ofrece alegría: encontrar significado dentro del caos de la vida. Pero Elul, el mes en el que leemos la porción de la Torá de esta semana, presenta quizá la oportunidad más valiosa: la posibilidad de la teshuvá, el retorno.

Durante siglos hemos traducido esta palabra como "arrepentimiento",(1) evocando imágenes de penitencia, culpa religiosa y cuarenta días dedicados a enumerar nuestros errores.(2) Pero el hebreo cuenta una historia completamente diferente.

La etimología del retorno

Teshuvá (תשובה) proviene de la raíz "Shav" (שב), que significa volver o regresar. La misma raíz aparece en Shabat (שבת), nuestro regreso semanal del caos hacia la paz; y en ieshivá (ישיבה), el lugar donde regresamos de las distracciones de la vida para descubrir y cumplir nuestro propósito. Cuando hacemos teshuvá, no nos humillamos ante una divinidad enojada. Regresamos a tres realidades extraordinarias que siempre estuvieron esperándonos:

  1. Dios, nuestro Padre amoroso en el cielo. 
  2. Nuestro verdadero yo, debajo de todas las máscaras y concesiones. 
  3. Nuestra misión divina, el propósito único que solo nosotros podemos cumplir. 

Los Sabios del Talmud incorporaron esta verdad en las letras de Elul (אלול), que forman el acrónimo: (אֱ) Ani (ל) LeDodi (וּ) VeDodi (ל) Li —"Yo soy de mi Amado y mi Amado es mío". En el momento en que nos volvemos hacia nuestra Fuente, Él corre a nuestro encuentro.

Rabí Schneur Zalman de Liadi(3) describe esto de una manera hermosa: durante el resto del año, Dios habita como un rey en su palacio: formal, distante, y requiere protocolos especiales para acercarse a Él. Pero durante Elul, Dios sale al campo, dispuesto a abrazar a cualquier persona que se acerque hacia Él.

La herejía del pecado original

Aquí encontramos el error fundamental del cristianismo y la perspectiva revolucionaria del judaísmo: nosotros no creemos en el pecado original. Creemos en la perfección original.

La idea misma de "regresar" supone que ya hemos estado allí antes. No puedes regresar a un lugar donde nunca estuviste. La grandeza que buscas (la conexión con Dios, la autenticidad, el propósito) no son territorios desconocidos que debes conquistar. Son tu verdadero hogar. Y en lo profundo de tu alma, nunca olvidaste el camino.

Moshé lo expresa claramente en la parashá de esta semana:

"Ciertamente, esta enseñanza que hoy te ordeno no es demasiado difícil para ti ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo... Tampoco está más allá del mar... No, la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para cumplirla". (Deuteronomio 30:11-14)

El Rambán revela que esta "enseñanza" se refiere al versículo anterior: "Volverás (tashuv) a Hashem, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma".

La teshuvá no es una práctica espiritual avanzada reservada para unos pocos iluminados. Es tan natural como respirar, tan cercana como el próximo latido de tu corazón. Solo necesitas dejar de huir de ti mismo el tiempo suficiente para recordar quién siempre has sido.

Esta comprensión transforma la manera en que vemos nuestros errores y fracasos. El pecado no debe verse como una mancha moral permanente, sino como una especie de amnesia espiritual: olvidar nuestra verdadera identidad y perseguir ilusiones que prometen mucho pero nunca cumplen.

La palabra hebrea para pecado, "jet" (חטא), significa literalmente "fallar el objetivo", como un arquero cuya flecha se desvía de su trayectoria. No hay nada malo con el arquero. Simplemente necesita corregir su dirección. Volver al objetivo significa recordar quién eres realmente y alinear tu vida con esa verdad.

Trazar el camino de regreso a casa

Durante el mes de Elul, practica el regreso. Una vez por semana, busca un momento de soledad y hazte las preguntas sustanciales:

  • ¿Qué es realmente importante para mí? 
  • ¿Qué cosas siempre he sabido que son verdaderas, incluso cuando intenté ignorarlas? 

Para pasar de la reflexión personal a la alineación divina, pregunta:

  • ¿Qué es importante para Dios? ¿Qué quiere Dios de mí? 

Escribe tus descubrimientos. Luego, con compasión y no con juicio, observa la distancia entre tus ideales y tu realidad: ¿Qué acciones o hábitos específicos te han alejado de esas verdades? Una vez identificados los comportamientos que necesitan cambiar, el Rambam ofrece un proceso de tres pasos:

  1. Sentir un arrepentimiento genuino: no odio hacia uno mismo, sino tristeza por el tiempo perdido lejos de nuestro verdadero camino. 
  2. Confesar ante Dios: reconocer lo ocurrido sin excusas ni justificaciones. 
  3. Resolver no repetir el comportamiento: no únicamente mediante fuerza de voluntad, sino recordando quién eres realmente. 

El objetivo no es la perfección, sino la transformación: llegar a estar tan alineado con tu verdadero yo que tus errores pasados parezcan la historia de otra persona.

Este Elul, no te arrepientas. Regresa. La puerta hacia tu verdadero yo nunca estuvo cerrada.

¡Shaná Tová!


  1. La palabra "arrepentimiento" transmite la idea de sentir pesar por algo que hicimos mal. Si entendemos la teshuvá únicamente como arrepentirse, parecería que se trata de volver una y otra vez al sentimiento de culpa por nuestros errores. 
  2. Los 30 días del mes de Elul, más los "Diez Días de Teshuvá", desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur. 
  3. El fundador de Jabad y autor del Tania, conocido también como el Baal HaTania. 
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