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Cómo seguir conectado con un padre o una madre que falleció

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20/02/2022 | por Rav Nejemia Coopersmith

¿Cómo le puedo dar algo a mi padre que ya no vive?

Esta semana termina el período en el que debía decir Kadish por mi padre.

Fueron 11 meses en los que lideré prácticamente cada servicio diario de plegarias, mañana, tarde y noche; y dije Kadish aproximadamente un trillón de veces. Todo está a punto de llegar a su fin y me sorprende lo que siento.

Hace casi siete años, cuando terminó el año de duelo por mi madre, sentí un enorme alivio. Esa fue la primera vez que lideré las plegarias comunitarias en hebreo y eso me produjo mucha inquietud. Me alegro de haber enfrentado mis miedos y haber seguido adelante, pero cuando terminó obviamente me alegré.

No sentí que decía kadish para mi padre, sentí que estaba diciéndolo con mi padre.

Pero el año de duelo por mi padre fue muy diferente. Como ya estaba más acostumbrado a dirigir las plegarias, mi temor había desaparecido. Incluso hubo momentos en los que lo disfruté. Al finalizar el año en el que se dice Kadish ahora no siento alivio, sino tristeza. Porque no sentí que decía Kadish para mi padre, sino que sentí que estaba diciéndolo con mi padre. Cada día sentía su presencia a mi lado.

Levantarme temprano cada mañana para llegar a la sinagoga a tiempo para ese primer Kadish, despejar mi mente para enfocarme en recitar las plegarias debidamente, decir Kadish en diversas sinagogas con diferentes costumbres, en el avión, en la estación de autobuses… Nunca estuve solo. Mi padre estaba siempre a mi lado. Mi padre había hecho mucho por mí y esta era mi oportunidad de devolverle algo.

Con la conclusión del período de Kadish, pareciera que esa tenue conexión que existía entre nosotros llega a su fin. Siento como si tuviera que volver a despedirme de mi padre.

¿Qué es esa conexión que tenemos con un padre fallecido? ¿Y cómo es posible que pueda "darle" algo a mi padre cuando ya no está vivo?

El Talmud enseña que un hijo puede beneficiar a sus padres en el Mundo Venidero (Sanedrín 104a). ¿De qué manera?

Un hijo es considerado como las "piernas" de los padres. ¿Por qué las piernas y no los ojos o las manos?

Los ángeles que existen en el reino espiritual son llamados "omdim"- los que están de pie (Zejariá 3:7). Dado que ellos no tienen libre albedrío, no pueden cambiar ni crecer. Se mantienen estáticos, robots espirituales que pueden cumplir la voluntad de Dios sin desviarse nunca de su curso.

En hebreo, la persona es llamada un "holej", uno que camina. En este mundo nos encargaron la misión de desarrollar nuestro potencial y esforzarnos por seguir creciendo y elevándonos. Cada momento de vida nos brinda la oportunidad de elevarnos y crecer.

Una vez que un padre parte de este mundo, ya no puede seguir creciendo. Se acabó su oportunidad de mejorar y hacer lo correcto. El Mundo Venidero es estático. El trabajo ha terminado. Es hora de cosechar la recompensa. Pero queda una vía a través de la cual la persona que falleció puede seguir subiendo y elevando su alma: a través de sus hijos, quienes son sus "piernas" en este mundo.

Cuando los hijos utilizan la herencia espiritual y los valores que recibieron de sus padres para traer más luz al mundo, ellos brindan méritos a sus padres. Como extensiones de sus padres, los hijos pueden seguir proporcionando un punto de apoyo en este mundo para la persona que falleció. Somos sus piernas.

Por eso siento tristeza de que llegue a su fin esa oportunidad de brindar méritos a mi padre al decir el Kadish de duelo.  Pero mi conexión con él, y con mi madre, de bendita memoria, sigue existiendo. Yo sigo siendo sus "piernas" en este mundo, y con el Kadish ahora fuera de la imagen, me siento todavía más responsable de encontrar otras formas de brindarles méritos en el Mundo Venidero.

Aquí hay algunas maneras en que podemos lograrlo. Proactiva y conscientemente, puedo vivir de acuerdo con los valores judíos que ellos representaban. Puedo tenerlos en mente como modelos de conducta y compartir con mis hijos las lecciones de vida que ellos me enseñaron. Y al cumplir una mitzvá, especialmente una que captura su espíritu, debo tenerlos presentes. El mérito de esa mitzvá irá a ellos.

Ya no puedo seguir diciendo el Kadish de duelo, pero planeo seguir liderando los servicios de plegarias de vez en cuando, especialmente durante el mes previo al iortzait de mi padre.

Además de dar tzedaká en su mérito, y dedicar libros judíos y libros de rezos en sus nombres, puedo tenerlos en mente cuando estudio o enseño Torá a otros.

Y, finalmente, puedo seguir honrándolos al hablar con bondad de ellos y darles el beneficio de la duda.

Mis padres pueden haber partido, pero yo estaré eternamente agradecido de ser parte del próspero legado que dejaron atrás.




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