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Ochenta judíos intentaron escapar, sólo 12 sobrevivieron.
En el año 2016, el profesor de Historia Judía de la Universidad de Hartford, Richard Freund, estaba excavando en un sitio arqueológico en Lituania. El profesor, experto en el Holocausto, y su equipo descubrieron algo impactante: un túnel subterráneo de 30 metros que 80 judíos cavaron a mano para intentar escapar del sitio de la masacre en Ponary, donde se estima que fueron asesinadas unas 70.000 personas.
Después de las matanzas, los nazis quisieron ocultar sus crímenes, por lo que esclavizaron a un grupo de judíos para exhumar los cuerpos e incinerarlos. Las SS vigilaban a los judíos día y noche durante esta pesadilla que duró meses.
Al mismo tiempo, 80 judíos planeaban una fuga. Durante 76 noches, estos judíos heroicos cavaron el túnel con sus propias manos, con rudimentarios utensilios caseros y cucharas. Sólo 12 de ellos sobrevivieron a esta pesadilla.
Fosa usada para quemar los cadáveres exhumados con el fin de destruir la evidencia de los asesinatos en masa.
(Fotografía de Gregor Jamroski, Wikipedia)
Aunque los medios cubrieron ampliamente la historia cuando salió a la luz, el alcance completo de lo sucedido no se conoció hasta que el periodista Chris Heath escribió su libro “No Road Leading Back” (“Sin camino de regreso”), basado en relatos de primera mano sobre la lucha por escapar y la valentía de quienes sobrevivieron, y perecieron, en el intento.
Heath, quien no es judío pero tiene familiares judíos, es un periodista prolífico que ha escrito para GQ, The Atlantic, Esquire y Vanity Fair. En el verano del 2016, al leer sobre los judíos que intentaron escapar, pensó en escribir un libro que combinara el relato de esa fuga con el trabajo arqueológico y geofísico que llevó al descubrimiento. “Pero al tratar de escribir ese libro me atrajo una historia más amplia, mucho más extensa. Lo que ocurrió en Ponary, sí, pero también lo que les pasó a estos hombres después, y sobre las formas en que la historia de Ponary ha sido contada, mal contada o ignorada en los años siguientes, y lo que eso nos dice no sólo sobre lo que ocurrió, sino sobre cómo se trata esa historia”.
Las historias típicas del Holocausto muestran a los judíos como víctimas: obligados a trabajar en campos de concentración, incapaces de escapar, sometidos a experimentos y asesinados a sangre fría. Pero “No Road Leading Back” es diferente. Muestra la resistencia y el coraje de los judíos.
En el libro, Motke Zeidel, el más joven de los que escaparon de Ponary, llega a Israel a finales de los años 40 y se reúne con tres historiadores en la Universidad de Tel Aviv para contar su experiencia.
“Posteriormente él contó que casi la primera pregunta que le hicieron fue: ‘¿Por qué fueron como ovejas al matadero?’” dijo Heath. “Ante ese insulto, golpeó la mesa con el puño, gritó ‘¡Qué vergüenza!’ y se marchó. Pasarían décadas antes de que aceptara contar su historia. Afortunadamente, ese error de percepción (confundir las circunstancias imposibles del Holocausto con una supuesta pasividad generalizada) ha sido rigurosamente desacreditado muchas veces desde entonces. Nadie que lea este libro puede seguir creyendo tal cosa”.
De la colección de documentos del Gueto de Vilna, Biblioteca Nacional de Israel/No Road Leading Back
Aunque la historia de los que escaparon de Ponary resulta inspiradora en retrospectiva, en el momento de enfrentar una muerte segura, no está claro cuál es el camino a seguir.
"No estoy seguro de que cuando el mundo real se pone patas arriba, las opciones disponibles sean siempre tan claramente evidentes", dijo Heath. "Existe otro tipo de inspiración que surge de la clase de valentía e ingenio necesarios en situaciones mucho más complejas y, a menudo, aparentemente irresolubles".
El libro de Heath cuenta las historias de los sobrevivientes, incluyendo lo que ocurrió antes, durante y después de su valiente fuga. Ninguno de ellos seguía vivo cuando Heath comenzó a escribir, por lo que realizó una investigación exhaustiva para saber de ellos.
Por ejemplo, Zeidel tenía 13 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial y estudiaba en Švenčionys, un pueblo con algo más de 5.000 habitantes a 80 km al noreste de Vilna. Cuando los nazis comenzaron a capturar judíos, se llevaron a su hermano mayor y a dos tíos. Zeidel acabó en un campo y perdió a todos sus familiares.
El bosque de Ponary, foto de Chris Heath
Tras reunirse con otros prisioneros en Ponary y cavar el túnel, Zeidel escapó al bosque, se unió a la resistencia clandestina y, tras la guerra, trabajó para la policía soviética del NKVD. Luego emigró a Israel, donde luchó en la Guerra de Independencia, y en el 2005 encendió una de las seis antorchas en la ceremonia oficial del Día del Recuerdo del Holocausto en Yad Vashem.
Itzjak Dogin, otro de los que escapó, nació en Vilna. Sus padres tenían un bar exitoso. Él era miembro del movimiento juvenil sionista secular Hashomer Hatzair y se convirtió en impresor. Tenía 25 años cuando los alemanes llegaron a Vilna. Él y su familia se escondieron en un ático para que no los enviaran al gueto. Eventualmente lo encontraron y los nazis discutieron frente a él si debían fusilarlo. De algún modo sobrevivió y fue obligado a trabajar en Ponary, exhumando cuerpos de judíos asesinados. Descubrió que varios miembros de su familia habían sido asesinados, incluyendo su madre, su esposa, sus dos hijas y su hermana. Tras escapar y sobrevivir a la guerra, se unió a los partisanos rusos y contó su increíble historia al Museo Conmemorativo del Holocausto en los Estados Unidos.
Motke Zeidel e Itzjak Sogin
Durante su tiempo en Ponary, tanto Zeidel como Dogin (junto con otros prisioneros) tuvieron que contar los cadáveres en las fosas. Una sola fosa contenía 24.000 personas. El trabajo era devastador e incomprensible, por lo que Dogin y otros propusieron el plan de cavar un túnel bajo un búnker y huir al bosque. Era la única vía posible, ya que los nazis vigilaban todas las demás salidas.
Los hombres entraban al túnel de a cuatro a la vez para cavar. Empezaron con las manos, pero tuvieron que parar por las heridas. Recuperaron cucharas de los cuerpos y usaron esos utensilios y otros objetos rudimentarios. Sólo podían cavar una hora por turno, ya que era difícil respirar, así que se relevaban.
Tras varias semanas cavando, Dogin fue el primero en salir, la primera noche de Pésaj. Se escapó al bosque de Ponary junto a los otros que sobrevivieron. Los perros nazis olfatearon a Dogin, pero como olía a muerto, quizás pensaron que él también estaba muerto y no alertaron a los guardias. En algún momento sonó una alarma y los alemanes comenzaron a disparar. Los prisioneros se dispersaron: unos 15 lograron salir, pero sólo 12 sobrevivieron para contar lo que ocurrió en Ponary.
“No Road Leading Back” ya era una historia poderosa cuando se publicó, pero adquirió otro significado en el mundo posterior al 7 de octubre. En ese día trágico, también hubo historias de heroísmo y resistencia. Los judíos en Israel lucharon valientemente, protegieron a otros de Hamás, e hicieron lo posible por sobrevivir. Aun así, sus esfuerzos han sido distorsionados, al igual que ha sido malinterpretado el Holocausto.
Heath afirma que al contar esta historia, quiere asegurar que las personas tengan una visión correcta de la historia y comprendan lo que ocurrió antes del presente. Como periodista, su deber es decir la verdad.

“Es un imperativo humano comprender lo que ocurrió antes. Es importante contar estas historias con precisión, y buscar siempre lo que no se ha visto o lo que ha sido mal interpretado u olvidado: asegurarse de decir siempre la verdad, no repetir mitos,” dijo. “Recordar la historia y aprender de ella siempre es importante, pero lo que me preocupa es que muchos que hoy claman que debemos aprender del pasado, en realidad hacen algo muy distinto: seleccionan de la historia lo que más apoya las ideas que ya tenían. Incluso cuando estoy de acuerdo con esas ideas, me inquieta el uso de la historia de esa forma”.
Con “No Road Leading Back”, Heath espera que otros vean el valor de descubrir lo que realmente ocurrió y contar una historia profundamente conmovedora con muchas lecciones valiosas.
“Espero que, como ejemplo, el libro muestre el valor de examinar una historia difícil con la mayor profundidad posible, sin evitar sus confusiones o complicaciones, y lo poderosa que puede ser esa búsqueda de la verdad.”
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